30/05/2026
Piensa cosas chingonas.
Es sábado por la mañana. Te despierta el cacareo de los pollos, el humo del fogón ya anda perfumando el patio, las tortillas de mano están cociéndose y entre el ruido de la cocina escuchas el mejor llamado del mundo.
“¡Vente, ya está el desayuno, te hice unas picadas y frijoles frescos!”
Y ahí entiendes que la riqueza no siempre estuvo en el dinero a veces estaba en esas mañanas sencillas, en la casa llena, en el desayuno caliente, en la voz de mamá, de la abuela, o de quien hacía del hogar un lugar bonito.
Nostalgia pura de esas cosas simples que alimentaban más el alma que el estómago.