28/03/2026
EMPRESARIOS Y COMERCIANTES EXIGEN FRENAR EXCESOS DEL GRAFITERO "SUSTO"
En Cancún se está cruzando una línea peligrosa… y lo más grave no es el grafiti, es el silencio.
En las últimas semanas, empresarios, comerciantes y ciudadanos han comenzado a levantar la voz. No es un tema menor ni estético. Es un tema de orden, de legalidad y de respeto a la propiedad.
El nombre que se repite en conversaciones, mensajes y denuncias informales es uno: “Susto”. Un grafitero que ha convertido la ciudad en su lienzo personal… sin permiso, sin límites y, aparentemente, sin consecuencias.
Pero aquí no estamos discutiendo arte.
Estamos hablando de daño directo a comercios, oficinas, infraestructura pública, mobiliario urbano y privada, incluso —según reportes— a obras nuevas que aún no han sido inauguradas.
Ahora resulta que el tal Sustos, quien ha marcado y manchado la imagen de la ciudad y causado daño económico a muchos comercios y negocios, exige derechos.
De origen humilde, pandillero y drogadicto, Sustos busca ahora poder y reconocimiento, ataca al PDU municipal, pero no respeta la imagen urbana, ni la propiedad ajena.
Quien vivió sus días más negros en la colonia Donceles donde inicio su larga carrera de pintas de casas y bardas, avanzo hacia comercios, monumentos y edificios públicos, ahora dice defender a su colonia y ejerce presión sobre autoridades contra el PDU de esta colonia.
Pero en la misma colonia, vecinos lo han sacado de reuniones, por buscar intereses personales e incluso extorsionar a las autoridades.
¿En qué momento normalizamos eso?
EL VACÍO LEGAL QUE NADIE QUIERE TOCAR
Cancún vive una contradicción incómoda.
Por un lado, existe un grupo que intenta suavizar el problema: que si es arte urbano, que si es expresión social, que si es activismo.
Pero por otro lado, la realidad es contundente:
• Nadie pidió autorización
• Nadie firmó permisos
• Nadie responde por los daños
Y lo más preocupante:
Nadie sanciona.
Aquí entra el verdadero fondo del asunto: un vacío legal y operativo que está siendo explotado con total impunidad.
Porque si pintar:
• Hoteles
• Puentes
• Negocios
• Espacios públicos
…no tiene consecuencias, entonces el mensaje es claro:
En Cancún, el espacio público y privado no tiene dueño.
DE GRAFITERISMO AL ACTIVISMO: LA NUEVA NARRATIVA.
Hoy no basta con firmar paredes. Ahora hay una estrategia más sofisticada: redefinir al grafitero como “artista” o “activista”.
Y cuidado… porque ahí está el punto de quiebre.
Cuando el discurso cambia, cambia la percepción.
Y cuando cambia la percepción, se diluye la responsabilidad.
Pero hay una verdad que no se puede maquillar:
El arte no se impone. El arte se propone.
Y lo que se impone sin permiso… tiene otro nombre.
Porque esto ya no es un acto aislado. Es una conducta sistemática, visible, repetida y tolerada.
Y cuando algo ilegal se vuelve cotidiano… deja de ser un problema menor y se convierte en un síntoma de algo más profundo: la pérdida de control del espacio público.
Cancún aspira a ser destino de clase mundial, vende imagen, habla de inversión, de desarrollo, de nueva era…Pero mientras tanto, en sus calles ocurre algo mucho más simple y más grave:
Cualquiera puede marcar la ciudad con total impunidad.