21/09/2026
La Historia de Vero, de La Huerta, Jalisco
Me llamo Vero y soy de La Huerta, Jalisco.
Crecí en un hogar humilde. Mi padre era alcohólico, pero nunca fue violento con nosotros. Mi madre, ella sí. Ella se había casado a los 14 años, siendo una niña todavía. Nos educó como a ella la educaron, creyendo que así era lo correcto. Si hacíamos algo mal, nos pegaba con el chicote del caballo. Por eso, desde muy chica, yo soñaba con irme, con tener mi propia casa donde hubiera paz.
Y a los 17 años creí que lo había encontrado.
Me enamoré. Me enamoré de verdad, con ese amor de niña que cree que va a envejecer al lado del mismo hombre para siempre. Me casé enamorada, pensando que por fin iba a tener esa familia bonita que tanto anhelaba.
De ese matrimonio me quedaron los dos regalos más grandes de mi vida: mis dos hijas.
Cuando mi hija pequeña tenía apenas tres meses, su papá se fue al otro lado, al norte, según él buscando un futuro mejor para nosotros. Pero éramos muy jóvenes, muy inexpertos los dos, y no hicimos ahorros, no hicimos nada.
Con los años, aquel hombre que al principio me consentía y me ayudaba en todo en la casa, empezó a cambiar. Se volvió alcohólico y empezó a usar dr**as. Y con eso vino la violencia, no siempre a golpes, pero sí esa violencia que duele igual: la psicológica. Nos gritaba, nos humillaba, nos hacía sentir que no valíamos.
Corría a mis hijas de la casa diciendo que ya estaban grandes. En ese tiempo tenían 17 y 19 años. Mi hija mayor salió embarazada estando en casa y se casó. Así que nos quedamos solo mi hija pequeña y yo, aguantando cada día más discusiones, más gritos, más miedo.
Hasta que un día, mi hija me miró a los ojos y me dijo algo que me despertó:
"Mamá, yo me voy a ir con mi abuela. ¿Te vas o te quedas?"
En ese momento sentí que si me quedaba, nos iba a seguir dañando para siempre. Sentí que Dios me estaba dando una salida a través de mi hija.
Y me salí. Me salí de esa casa y de esa relación que nos había hecho tanto daño por tantos años.
Mi hija empezó a trabajar. Al poco tiempo conoció a un muchacho y se juntó con él. Yo me quedé en casa de mis padres.
Al tiempo, mi padre falleció. Nos quedamos solo mi mamá y yo.
Hoy que soy adulta, entiendo muchas cosas. Entiendo que todos fuimos dañados. Que mi mamá nos educó como a ella la educaron, sin pensar que estaba mal. Que repetimos lo que nos enseñan hasta que un día alguien se atreve a romper la cadena. Y esa fui yo.
Hoy mis hijas son adultas. La mayor ya tiene dos niños hermosos a los cuales amo con todo mi corazón. La pequeña aún no tiene bebés, pero sigue con su pareja.
Y ahora, Vero, por fin tiene lo que tanto soñó de niña.
Ahora vienen a pasar el día conmigo. Vienen a almorzar. Nos sentamos a la mesa, nos reímos, platicamos. Hay paz. Hay armonía. Hay una casa libre de maltratos, llena de amor, del amor bonito y tranquilo que tanto anhelé desde que era aquella niña de La Huerta que le tenía miedo al chicote.
Porque al final, Vero no se quedó sola. Vero se rescató a sí misma.
*Fin.*