08/05/2026
En medio de la tragedia, hay una ciudad que se une y se levanta
Por: Jesús Alberto Castro
Los Mochis vivió este 7 de mayo una de las jornadas más dolorosas y tristes de su historia reciente. Lo que comenzó como un incendio al interior de la tienda Ley Las Palmas terminó convirtiéndose en una tragedia que consumió parte de la emblemática Plaza Fiesta Las Palmas.
Desde las dos de la tarde y hasta entrada la noche, el humo cubrió el cielo de la ciudad mientras cientos de familias observaban con impotencia cómo uno de los lugares más representativos y queridos de Los Mochis era devorado por las llamas. Plaza Fiesta Las Palmas no era solamente un centro comercial; para muchas generaciones fue punto de encuentro, recuerdos de infancia, primeras compras, tardes familiares y parte de la identidad de la ciudad.
La emergencia movilizó a cuerpos de rescate de distintos municipios. Bomberos de Ahome, Guasave, Juan José Ríos y otras corporaciones aledañas trabajaron durante horas enfrentando temperaturas extremas, humo intenso y el riesgo constante de colapso. A su lado estuvieron paramédicos, elementos de Protección Civil y voluntarios que, sin importar el cansancio, continuaron luchando por controlar el siniestro y salvar vidas.
Pero en medio del dolor también apareció el verdadero rostro de Los Mochis.
Mientras los rescatistas seguían combatiendo el fuego, ciudadanos comenzaron a llegar con agua, comida, sueros y palabras de aliento para quienes llevaban más de ocho horas sin descanso. Jóvenes, adultos, comerciantes y familias completas se organizaron espontáneamente para apoyar a quienes estaban dejando todo en esa batalla contra las llamas.
A las 10:30 de la noche, cuando la jornada aún no terminaba, arribaron la gobernadora del estado, Yeraldine Bonilla Valverde y autoridades municipales para supervisar las labores de rescate. Hasta ese momento, el saldo preliminar reportaba cinco personas fallecidas, además de múltiples afectados en los hospitales por crisis nerviosa y quemaduras.
Hoy Los Mochis llora. Llora por las vidas perdidas, por el miedo vivido por decenas de familias y por ver arder un sitio que durante años formó parte de la historia de la ciudad. Pero también hoy Los Mochis demuestra que, incluso en la tragedia, sigue siendo una ciudad unida.
Porque mientras el fuego consumía concreto y estructuras, la solidaridad de la gente volvió más fuerte el corazón de la ciudad.
Y quizás eso sea lo único que las llamas jamás podrán destruir.