02/09/2026
Durante casi diez años, Kenya Cuevas cargó con una ausencia que pudo haberla destruido, pero decidió convertirla en lucha.
Paola Buenrostro no fue solamente su amiga. Su as*****to marcó un antes y un después en la vida de Kenya. Desde aquel día, comenzó una batalla contra el olvido, contra la indiferencia y contra una impunidad que durante años parecía decirle que la vida de Paola no importaba.
Pero Kenya insistió.
Insistió cuando nadie quería escuchar. Cuando las puertas se cerraban. Cuando recordar significaba volver a tocar una herida que nunca terminó de sanar.
Hoy, saber que el hombre señalado por el transfeminicidio de Paola fue detenido no borra todo lo vivido. No devuelve a Paola. No recupera los años que Kenya dedicó a exigir aquello que debió ocurrir desde el principio: justicia.
Pero este momento sí significa algo enorme.
Significa que Kenya cumplió una promesa: no dejar que Paola fuera olvidada.
Su dolor se convirtió en lucha. Su lucha, en memoria. Y esa memoria terminó transformando instituciones, abriendo camino para otras mujeres trans y haciendo que el nombre de Paola trascendiera su propia historia.
Hoy Kenya puede mirar atrás y saber que todos esos años de insistir tuvieron sentido.
Paola no volvió.
Pero tampoco pudieron borrarla.
Y mientras exista alguien dispuesto a pronunciar su nombre, exigir justicia y luchar por quienes ya no pueden hacerlo, la ausencia nunca tendrá la última palabra.