13/09/2026
ANTES DE LA FRONTERA: LA HERENCIA DE DOS IMPERIOS QUE EXPLICA LA RELACIÓN ENTRE MÉXICO Y ESTADOS UNIDOS
Mucho antes de que existiera la frontera entre México y Estados Unidos, el territorio norteamericano ya era escenario de una competencia entre imperios, pueblos indígenas, colonos, comerciantes y potencias europeas. Una investigación de la UNAM reconstruye cómo esa historia colonial ayudó a formar dos sociedades profundamente diferentes y dejó conflictos territoriales que sobrevivieron a las independencias.
Por Redacción Con Ciencia
La frontera entre México y Estados Unidos parece, a primera vista, una línea política relativamente reciente. Sin embargo, su origen se encuentra mucho más atrás: en las disputas territoriales de los imperios europeos que durante siglos se enfrentaron por el control de América del Norte.
Esa es una de las ideas centrales de Las relaciones México-Estados Unidos, 1756-2010, investigación de los historiadores Marcela Terrazas y Basante y Gerardo Gurza Lavalle, publicada por el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Dos colonizaciones, dos sociedades
Para entender por qué México y Estados Unidos desarrollaron posteriormente relaciones tan complejas, los autores proponen mirar primero hacia sus respectivas experiencias coloniales.
A comienzos del siglo XIX, los territorios que posteriormente formarían ambas naciones todavía conservaban profundas huellas de los imperios europeos que los habían dominado.
Nueva España pertenecía al mundo imperial español, mientras que buena parte de la futura Estados Unidos había sido colonizada por Inglaterra.
Pero las diferencias no fueron únicamente culturales o religiosas.
La geografía, la disponibilidad de recursos naturales, la cantidad y organización de las poblaciones indígenas y las formas en que los europeos pudieron ocupar y explotar el territorio también desempeñaron un papel determinante.
En otras palabras, la futura frontera no separaría simplemente dos países: terminaría dividiendo sociedades que habían evolucionado durante siglos bajo experiencias coloniales diferentes.
Nueva España: conquistar sobre estructuras indígenas
Uno de los elementos que distinguió a Nueva España fue la existencia de grandes poblaciones indígenas con estructuras políticas y sociales complejas.
La conquista española no significó simplemente sustituir una sociedad por otra.
Los españoles aprovecharon estructuras políticas que ya existían.
En el centro de México, numerosos señoríos indígenas mantenían distintos grados de autonomía frente al poder mexica. Los conquistadores españoles aprovecharon las rivalidades existentes y establecieron alianzas con pueblos que eran enemigos de Tenochtitlan.
Así, la conquista pudo apoyarse parcialmente en estructuras políticas preexistentes.
Con el tiempo, la Corona española incrementó su control administrativo y político.
Pero en el norte de Nueva España la situación fue diferente.
La plata empujó la frontera hacia el norte
Uno de los grandes motores de la expansión española fue la minería.
El descubrimiento de importantes yacimientos de plata en Zacatecas, durante el siglo XVI, modificó profundamente la dinámica territorial.
Las minas atrajeron población, crearon rutas comerciales y obligaron a construir infraestructura para proteger los caminos y los asentamientos.
Surgieron presidios, misiones, ranchos y nuevas poblaciones.
La economía minera también impulsó regiones agrícolas y ganaderas destinadas a abastecer a los centros mineros. El Bajío, por ejemplo, terminó convirtiéndose en una de las regiones económicas más importantes de Nueva España.
Pero había un límite.
Más allá de las zonas mineras y de los territorios que podían abastecerlas, el incentivo para avanzar hacia regiones remotas era mucho menor.
Por eso, territorios como Texas y las Californias tuvieron durante buena parte del periodo colonial una presencia española mucho más limitada.
La frontera norte era, en consecuencia, una zona de contacto, conflicto y expansión mucho más que una línea perfectamente definida.
Una sociedad construida sobre el trabajo indígena
Otro elemento fundamental fue la organización del trabajo.
La economía de Nueva España dependió ampliamente de la población indígena.
Primero mediante instituciones como la encomienda y posteriormente a través de sistemas como el repartimiento y otras formas de trabajo remunerado y coercitivo.
La población indígena aportó buena parte de la fuerza laboral necesaria para la minería, la agricultura y otras actividades económicas.
Las epidemias también modificaron radicalmente esta estructura.
La población indígena sufrió una fuerte disminución demográfica como consecuencia de sucesivas epidemias, lo que provocó profundas transformaciones económicas y laborales.
Y aquí aparece una diferencia importante con las colonias angloamericanas: los autores señalan que la estructura económica novohispana dependió de manera particularmente importante de la población indígena.
La transición hacia el trabajo remunerado fue desigual.
En algunas regiones ocurrió con mayor rapidez, mientras que en otras, como Yucatán, persistieron durante mucho tiempo sistemas laborales coercitivos. (Instituto de Investigaciones Históricas)
La presencia africana también forma parte de esta historia
La historia colonial de México tampoco puede explicarse únicamente a partir de españoles e indígenas.
El estudio señala que entre 1519 y 1650 fueron introducidos aproximadamente 120 mil esclavos africanos en Nueva España.
Su trabajo fue utilizado en actividades como la minería, los obrajes textiles y las haciendas azucareras, además del servicio doméstico.
La población africana y afrodescendiente formó parte, por tanto, de la construcción económica y social de la Nueva España. (Instituto de Investigaciones Históricas)
Este dato permite observar que la sociedad novohispana fue mucho más diversa de lo que puede sugerir una visión simplificada de la historia colonial.
El enorme poder de la Iglesia
La colonización española también tuvo una dimensión religiosa.
La evangelización de los pueblos indígenas fue una pieza fundamental del proyecto colonial.
Franciscanos, dominicos y agustinos participaron activamente en la conversión religiosa, pero al mismo tiempo las instituciones eclesiásticas adquirieron una enorme influencia económica, política y social.
La Iglesia no fue únicamente una institución religiosa.
Durante el periodo colonial también funcionó como un poderoso instrumento de organización social y de gobierno. (Instituto de Investigaciones Históricas)
Esta combinación entre poder político, económico y religioso sería otra de las características que diferenciarían a la sociedad novohispana de las colonias inglesas de Norteamérica.
Al otro lado: las trece colonias
Mientras Nueva España se desarrollaba bajo el sistema imperial español, las colonias inglesas de Norteamérica seguían caminos muy diferentes.
Y tampoco formaban una sociedad homogénea.
Massachusetts, Virginia, Pensilvania y Nueva York, por ejemplo, tenían motivaciones, estructuras económicas y composiciones sociales distintas.
Massachusetts fue marcada por la migración de grupos puritanos que buscaban establecer una sociedad organizada alrededor de sus principios religiosos.
Virginia, en cambio, tuvo desde sus primeros años una fuerte orientación hacia la obtención de riquezas y el desarrollo de plantaciones.
En las colonias intermedias, como Pensilvania y Nueva York, el comercio, la diversidad religiosa y la inmigración adquirieron una importancia creciente. (Instituto de Investigaciones Históricas)
Tabaco, tierras y esclavitud
Virginia ofrece uno de los ejemplos más importantes.
Después de los difíciles primeros años de Jamestown, el cultivo del tabaco comenzó a generar importantes beneficios económicos.
El crecimiento de las plantaciones incrementó la demanda de mano de obra.
La población esclavizada aumentó notablemente y contribuyó al surgimiento de una poderosa élite de propietarios de tierras y esclavos.
Esto significa que la futura sociedad estadounidense tampoco nació como una comunidad homogénea basada únicamente en pequeños agricultores libres.
Desde sus primeros siglos existieron profundas desigualdades económicas, conflictos sociales, diversidad religiosa y una economía que en algunas regiones dependía directamente de la esclavitud.
El territorio como protagonista
Quizá uno de los elementos más importantes de la investigación es que la historia de las relaciones entre México y Estados Unidos no puede entenderse únicamente desde los gobiernos.
Antes de existir México y Estados Unidos como Estados nacionales, ya existía una disputa por el espacio norteamericano.
España, Inglaterra y posteriormente Francia participaron en diferentes momentos en esa competencia imperial.
A esto se sumaron los pueblos indígenas, cuyas sociedades no desaparecieron simplemente con la llegada europea.
El territorio fue, por tanto, el gran escenario donde se cruzaron intereses económicos, militares, religiosos y políticos.
Una frontera que todavía no existía
Cuando México alcanzó su independencia, heredó fronteras que habían sido establecidas mediante acuerdos entre España y Estados Unidos.
También heredó problemas diplomáticos que se habían originado décadas antes.
Por eso, explican los autores, la relación México-Estados Unidos no comenzó realmente desde cero en 1822.
Cuando ambos países establecieron relaciones oficiales, ya existía una larga historia de disputas imperiales detrás.
La frontera que conocemos actualmente fue, en realidad, el resultado final de procesos mucho más largos.
Primero fueron fronteras imperiales.
Después, zonas de expansión.
Más tarde, espacios de conflicto entre nuevas repúblicas.
Y finalmente, una frontera internacional.
Una historia que ayuda a entender el presente
La investigación de la UNAM permite observar algo fundamental: las relaciones entre México y Estados Unidos tienen raíces mucho más profundas que los acontecimientos diplomáticos de los siglos XIX y XX.
Las diferencias en la colonización produjeron estructuras sociales, económicas y políticas distintas.
En Nueva España tuvo enorme importancia la población indígena, la minería, la Iglesia y un sistema colonial centralizado.
En las colonias británicas se desarrollaron modelos diversos de agricultura, comercio, migración y propiedad, acompañados también por la expansión de la esclavitud.
Ambas experiencias terminaron produciendo sociedades diferentes.
Y cuando esas sociedades se transformaron en Estados independientes, heredaron territorios, intereses económicos y problemas diplomáticos que ya tenían varios siglos de historia.
La frontera México-Estados Unidos, vista desde esta perspectiva, no nació con una línea sobre un mapa. Nació de la historia de dos mundos coloniales que durante siglos compitieron, se expandieron y transformaron el territorio de América del Norte.
Fuente
Terrazas y Basante, Marcela y Gerardo Gurza Lavalle. Las relaciones México-Estados Unidos, 1756-2010. Volumen I. Imperios, repúblicas y pueblos en pugna por el territorio, 1756-1867. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 2012. La primera parte, “La herencia de dos imperios”, comprende el análisis de los dos mundos coloniales y sus diferencias antes del establecimiento de las relaciones oficiales entre México y Estados Unidos. (Instituto de Investigaciones Históricas)