01/09/2026
Corría el año 2007 cuando comenzaba a tomar forma, durante el gobierno de Felipe Calderón, una vieja aspiración portuaria para la Laguna de Cuyutlán. Documentos federales de ese año ya hablaban sobre ampliar el Canal de Tepalcates como parte de un proyecto denominado “Nuevo Puerto Manzanillo II”.
Para 2009, aquella idea comenzaba a transformar físicamente -y no sé si con permisos- el paisaje. Frente a Playa El Edén se iniciaron importantes obras de dragado y la ampliación del canal de Tepalcates, vinculadas también con la construcción de la Terminal de Gas Natural Licuado (KMS). La antigua y estrecha comunicación entre la laguna y el Pacífico comenzó a quedar enmarcada por las enormes escolleras que definirían las dimensiones del canal que conocemos actualmente.
Una fotografía aérea de aquel año conserva un momento excepcional: el antiguo canal de Tepalcates -con la vía del tren y la carretera- todavía puede observarse entre las nuevas escolleras, como si dos épocas (que muchos recordamos bien) de la laguna coexistieran en una misma imagen.
La transformación (y no la 4ta) continuó. En 2011, el Gobierno Federal habilitó formalmente a la Laguna de Cuyutlán como puerto de navegación de altura y cabotaje y, para 2012, con la inauguración del Proyecto Integral Manzanillo, parecía consolidarse la intención de desarrollar en sus vasos un nuevo complejo portuario.
Sin embargo, durante los años siguientes aquella gran expansión no llegó a materializarse en la escala proyectada. El canal, las escolleras y la infraestructura energética permanecieron como testimonio de una primera transformación de Cuyutlán, mientras la idea de construir allí un nuevo gran puerto esperaba nuevamente su momento.
Tuvieron que pasar más de doce años para que aquella vieja idea volviera a ocupar el centro de la discusión pública. En noviembre de 2024, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo anunció nuevamente el desarrollo del Puerto Nuevo Manzanillo-Cuyutlán.
El proyecto que presenta la nueva administración es de una escala (terriblemente) extraordinaria: contempla alrededor de 1,800 hectáreas, varias veces la superficie del recinto portuario actual, y una inversión pública y privada de decenas de miles de millones de pesos.
Para 2025, los detalles comenzaron a conocerse con mayor claridad. La Secretaría de Marina (SEMAR), a través de ASIPONA Manzanillo, proyecta un nuevo complejo portuario con cinco terminales especializadas de contenedores, grandes plataformas y muelles de aproximadamente kilómetro y medio de longitud. La apuesta del Gobierno Federal es ambiciosa con tal de ampliar considerablemente la capacidad logística de Manzanillo y posicionarlo entre los puertos de contenedores más importantes de América Latina. - ¿Para qué? ¡Quién sabe! -
Pero esta vez, el proyecto encuentra una Laguna de Cuyutlán distinta.
Y -sobre todo- encuentra también a una SOCIEDAD DISTINTA.
Pescadores, salineros, investigadores, ambientalistas y habitantes de Manzanillo comienzan a preguntarse no solamente cuánto puede crecer el puerto, sino qué tendría que desaparecer, desplazarse o transformarse para hacerlo posible.
Durante 2025, las observaciones se concentran en los posibles efectos sobre manglares, pesquerías, hidrodinámica lagunar, biodiversidad, patrimonio arqueológico y producción salinera. El proyecto entra así en una discusión que ya no es únicamente portuaria: se convierte también en una discusión ambiental, económica y social sobre el futuro de NUESTRA LAGUNA de Cuyutlán.
Es entonces cuando ocurre algo poco habitual para una obra de esta magnitud.
En enero de 2026, la SEMARNAT da por terminado el procedimiento de evaluación de la PRIMERA Manifestación de Impacto Ambiental (MIA). Las modificaciones presentadas durante su evaluación son de tal importancia que, la autoridad ambiental SEMARNAT determina que el proyecto debe someterse nuevamente al procedimiento ambiental.
Tuvieron que comenzar otra vez.
Y así ha ocurrido...
En mayo de 2026, la Administración del Sistema Portuario Nacional (ASIPONA) presenta una nueva Manifestación de Impacto Ambiental Regional:
“Puerto Laguna de Cuyutlán (Puerto Nuevo Manzanillo)”, expediente 06CL2026H0009.
El 5 de junio de 2026, la SEMARNAT abre nuevamente la consulta pública y posteriormente convoca a una Reunión Pública de Información en Manzanillo. Ya frente a frente, aparecen entonces dos preocupaciones muy viables: por un lado, la necesidad de incrementar la capacidad de uno de los puertos comerciales más importantes del país; por el otro, la permanencia de un ecosistema del que dependen actividades históricas como la pesca y la producción de sal, además de toda la biodiversidad que alberga.
Hoy, en 2026, esa discusión continúa. Y es precisamente ahora cuando aquellas fotografías de 2009 adquieren un significado diferente. Ya no muestran solamente una obra en construcción, sino que ahora muestran el momento en que comienza una transformación que, diecisiete años después, todavía sigue escribiendo la historia de la Laguna de Cuyutlán.
En aquella vieja fotografía todavía reconocemos el antiguo canal de Tepalcates: angosto, modesto, buscando su salida hacia el Pacífico. Pero a sus costados aparecen ya las grandes escolleras que anuncian otra escala, otro propósito y otro Manzanillo.
Hoy las observamos desde el satélite y siguen allí.
El canal es ancho y profundo. Los grandes buques lo atraviesan. La infraestructura industrial forma ya parte del paisaje.
Pero detrás de Tepalcates permanece también el enorme espejo de agua de la Laguna de Cuyutlán.
Y quizá por eso esta crónica todavía no puede tener un final.
Desde hace casi dos décadas, distintos gobiernos imaginan en estas aguas un gran desarrollo portuario. Mientras tanto, generaciones de pescadores, salineros y habitantes de Manzanillo conocen el mismo lugar de otra manera: como laguna, como fuente de trabajo, como paisaje y como parte de su memoria.
Hoy ambas visiones vuelven a encontrarse.
Ya sabemos que es técnicamente posible (-¿viable? ¡obvio no!-) transformar una parte de la Laguna de Cuyutlán para recibir grandes embarcaciones. El vaso II en Tepalcates es la prueba.
La pregunta que permanece abierta ahora es:
¿hasta dónde estamos dispuestos a transformar la Laguna de Cuyutlán para que un puerto pueda seguir creciendo y enriqueciendo más a los grandes empresarios?
La fotografía de 2009 ya pertenece a nuestra historia.
Lo que aparecerá en la fotografía de un futuro no muy lejano, todavía lo estamos decidiendo.
- SR