05/01/2026
🏠 La casa de Ramiro tenía "varillas de esperanza" en el techo… que terminaron siendo varillas de óxido y olvido.
Hace 12 años, Ramiro echó la losa del primer piso. Dejó los castillos y las varillas salidas hacia arriba, apuntando al cielo. —“Es para el segundo piso”, le decía a su esposa con ilusión. —“Ahí van a ser los cuartos de los niños, para que cada quien tenga su espacio”.
Ramiro ganaba bien. No era millonario, pero el dinero entraba. El plan era comprar cemento y ladrillo cada mes. Pero la vida (y las malas prioridades) se metieron en medio.
El primer año, no compró material porque fue la Quinceañera de la sobrina y él fue padrino de música. ($8,000 pesos). El segundo año, salió el nuevo celular y, bueno, el viejo ya estaba lento. ($12,000 pesos a crédito). El tercer año, se endeudaron con una pantalla de 60 pulgadas para ver el mundial "como se debe". El cuarto año, cambiaron de carro porque "el otro ya daba lata" (aunque solo necesitaba un servicio).
Y así pasaron los años. Abajo, la familia vivía apretada. Los niños dormían en la sala. La humedad se comía las paredes. Arriba, en el techo, las varillas seguían ahí. Pero ya no brillaban. Estaban rojas, carcomidas por la lluvia y el sol. Dobladas por el viento.
Ayer, el hijo mayor de Ramiro se fue de la casa. Se fue enojado, gritando que estaba harto de no tener privacidad. Ramiro subió al techo a fumar, buscando calma. Se recargó en una de esas varillas viejas… y la varilla se rompió. Estaba podrida por dentro.
En ese instante, Ramiro entendió la brutal aritmética de su vida: El dinero para el segundo piso sí pasó por sus manos. Pero se convirtió en fiesta, en tecnología vieja, en alcohol y en apariencias.
🏗️ Construyó una imagen pública de "alguien que tiene dinero", mientras su casa real se caía a pedazos.
LA CRUDA LECCIÓN: No es que "no alcance" para construir tu patrimonio. Es que estás usando los ladrillos de tu futuro para construir "eventos" de fin de semana. Una casa a medias no es señal de falta de dinero… a menudo es señal de falta de enfoque.
Las varillas oxidadas no mienten: son el monumento a todo lo que pudiste ser y preferiste gastar.
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