24/08/2026
Mi historia como emprendedor
Yo no nací con las cosas fáciles.
Aprendí desde muy joven lo que significa tener hambre, trabajar y salir adelante con lo que uno tiene. Vengo del barrio y sé perfectamente lo que cuesta ganarse un peso. Por eso, cuando veo un negocio pequeño, a una familia trabajando junta o a alguien intentando cumplir un sueño, lo entiendo. Porque yo también empecé así.
Mi historia en el mundo de los restaurantes no comenzó con grandes inversiones ni con todo resuelto. Comenzó con trabajo, con cansancio, con errores, con días buenos y días muy difíciles. Durante más de 20 años aprendí este oficio desde abajo: atendiendo gente, conociendo clientes, resolviendo problemas y entendiendo que un negocio no solamente vende comida; un negocio también crea empleos, une familias y puede cambiar la vida de muchas personas.
Una de las personas que más representa mis raíces es mi abuela Pascuala, “La Santa”. Ella también conoció el trabajo y la necesidad. Trabajaba haciendo de comer a los padres y los seminaristas,con lo que tenía, salió adelante. Su historia se quedó conmigo y, de alguna manera, también forma parte de todo lo que he construido.
Yo he tenido tropiezos. He tomado decisiones buenas y malas. He ganado y también he perdido. Pero nunca he dejado de buscar la manera de levantarme.
Para mí emprender no significa presumir lo que tienes.
Significa levantarte cuando nadie te está viendo.
Significa pagar una nómina aunque el día haya estado difícil.
Significa darle trabajo a alguien que lo necesita.
Significa ver a una familia entrar a tu negocio, disfrutar y saber que detrás de ese momento hubo muchas horas de esfuerzo.
Y también significa entender que uno nunca deja de aprender.
Hoy sigo creyendo en Mazatlán, en su gente y en los negocios locales. Me gusta conocer personas que tienen un sueño, que están trabajando por su familia y que están intentando hacer algo diferente.
Por eso también quiero contar historias, apoyar negocios y reconocer a quienes todos los días se levantan a trabajar.
Porque yo sé lo que cuesta.
Sé lo que cuesta empezar.
Sé lo que cuesta equivocarse.
Sé lo que cuesta volver a empezar.
Y sé que detrás de cada negocio hay una historia que merece ser contada.
Esta es la mía.
No soy un hombre que nació teniendo todo.
Soy un hombre que aprendió a trabajar por lo que quería.
Y todavía no termino.
Todavía tengo sueños.
Todavía tengo proyectos.
Y mientras Dios me dé vida, voy a seguir trabajando, aprendiendo y buscando la manera de salir adelante.
Porque así me enseñó la vida.
Con trabajo, con familia, con humildad y sin olvidar nunca de dónde vengo.