07/05/2026
No fue un descuido.
Fue abandono.
Y seguir diciendo “pobrecita” es volver a abandonar a ese niño.
Porque mientras hay adultos buscando cómo suavizar lo que pasó, hay una realidad que nadie quiere mirar de frente:
un niño de 3 años murió solo.
SOLO!
Encerrado.
Sin poder salir, Sin poder pedir ayuda, Sin entender por qué su mamá no regresaba…Un niño que seguramente lloró, Que seguramente gritó, Que seguramente esperó.
Esperó a la única persona que tenía en el mundo…
Y esa persona no volvió.
No en minutos…No en un “me distraje”.
Pasaron horas, horas en las que ella se metió a su casa, Se bañó, Siguió tomando, Siguió con su vida.
Mientras su hijo estaba muriendo afuera.
¿Y aún así hay gente que quiere llamarlo descuido?
No.
El silencio de una casa sin niños no se ignora.
La ausencia de un hijo no se borra de la mente.
El cuerpo no “se olvida” de que eres mamá.
Ser mamá no es un título bonito ante la sociedad o redes sociales.
Ser mamá es una responsabilidad brutal.
Es saber que literalmente tienes la vida de alguien en tus manos.
Alguien que depende de ti para TODO.
Para comer, para estar seguro, para vivir.
Y sí, la maternidad cansa…Abruma, Desespera, Te rompe, Te cambia.
Pero hay una línea que no se cruza. La de dejar de proteger…
Porque en el momento en que dejas de cuidar,
en el momento en que te desconectas así,
en el momento en que tus decisiones ponen en riesgo la vida de tu hijo…
ya no estamos hablando de cansancio.
Estamos hablando de peligro.
Y aunque les cueste admitirlo Sí hay malas mamás!!
Sí hay mamás que gritan hasta destruir.
Que golpean hasta marcar.
Que dicen cosas que se quedan para toda la vida.
Que descargan su frustración en seres que no pueden defenderse.
Y sí, hay mamás que no estaban listas para serlo.
Pero eso NO es excusa.
Porque si tú, como adulto, te das cuenta de que algo no está bien en ti, si sientes enojo, rechazo, hartazgo, desesperación, si pierdes el control, si dices cosas que sabes que están mal…
tu responsabilidad es detenerte!!
Pedir ayuda, Ir a terapia, Hablar, Reconocerlo.
Decir: “no estoy bien y necesito ayuda antes de hacer daño”.
Lo que no puedes hacer es ignorarlo.
Lo que no puedes hacer es seguir viviendo como si nada.
Lo que no puedes hacer es esperar a que pase algo irreversible.
Porque los niños no son terapia.
No son desahogo.
No son el lugar donde depositamos nuestras heridas.
Son seres humanos completamente indefensos.
Y dependen de nosotros para seguir vivos.
Así de simple.
Así de fuerte.
Esto no se trata de odio, Ni de “juzgar por juzgar”.
Se trata de no normalizar lo que mata.
Se trata de dejar de justificar lo injustificable.
Se trata de entender que hay decisiones que tienen consecuencias irreversibles.
Y la más dura de todas es esta:
un niño que sí esperaba a su mamá…
y una “mamá” que nunca volvio a verlo con vida.
~Rubí Gpe Torres
(Mamá autónoma de un niño de 9 y una niña de 3 años)