18/09/2026
En 1964, un joven de 22 años entra a trabajar a Coca-Cola de México. Su puesto: supervisor de ruta. Su trabajo: subirse a un camión de reparto y recorrer los rincones más remotos del país, entregando cajas de refresco pueblo por pueblo.
Ese joven se llamaba Vicente Fox.
Nadie en esos caminos polvorientos hubiera imaginado que ese repartidor terminaría gobernando el país entero. Pero Fox no se conformó con manejar un camión. Ascendió puesto tras puesto, año tras año, hasta convertirse en el ejecutivo más joven en la historia de Coca-Cola en llegar a la presidencia de la empresa para México y toda América Latina.
Bajo su liderazgo, Coca-Cola superó a Pepsi como el refresco más vendido del país. El repartidor se había convertido en el hombre que decidía cómo se vendía una de las marcas más poderosas del mundo en todo un continente.
Pero el poder corporativo no le bastó. En los años ochenta, Fox entra a la política, se une al Partido Acción Nacional y en 1988 gana una diputación federal. En 1995 se convierte en gobernador de Guanajuato.
Y entonces llega el golpe que nadie vio venir: en el año 2000, Vicente Fox es electo Presidente de México, poniendo fin a 71 años ininterrumpidos de gobierno del PRI. El repartidor de refrescos se había convertido en el primer presidente de oposición en siete décadas.
De un camión de reparto a la silla presidencial. De vender Coca-Cola en los pueblos más olvidados a tomar decisiones que definirían el rumbo de todo un país.
La historia de Vicente Fox demuestra algo que pocos quieren aceptar: en México, el verdadero poder no siempre nace en los pasillos de la política. A veces empieza detrás del volante de un camión de reparto.