31/05/2025
Sin soberanía no hay democracia.
El miedo a la elección.
El liberalismo conservador siempre ha sido un animal raro: te habla de libertad, pero solo si es financiera; te promete igualdad, pero solo en los formularios de una aseguradora; te jura defender la democracia, pero apenas ve que el pueblo vota distinto, corre a buscar al árbitro. Lo que no te dicen, lo que no soportan decirse ni a sí mismos, es que detrás de todos sus manifiestos hay una fobia: la soberanía popular.
No la soberanía de desfiles y banderas, sino la verdadera: la que decide leyes, cambia jueces, moldea tribunales y redacta su futuro sin pedir permiso al embajador más cercano.
Y es que sin soberanía, no hay democracia. Punto.