12/08/2025
"Hotel Mirador del Alba – Registro final"
El Hotel Mirador del Alba se levantaba en medio de la nada, con su fachada descascarada y un letrero de neón rojo que chisporroteaba como una herida abierta. Los que vivían cerca nunca se acercaban, pero tampoco se atrevían a demolerlo. Decían que el lugar no quería morir.
Esa noche, Marcos y Laura, una pareja que viajaba desde la ciudad, decidió hospedarse ahí. El recepcionista —un hombre de piel ceniza y manos temblorosas— les ofreció la habitación 6, asegurando que era “la más cómoda”. No sabían que, en el registro del hotel, esa misma habitación tenía más de 80 nombres tachados, sin fecha de salida.
Apenas cruzaron el pasillo, sintieron algo extraño: las sombras en las paredes se movían, estirándose como si trataran de tocarlos. Marcos creyó ver una mano negra que salía del marco de un cuadro y se retraía al ser vista.
En la habitación, el aire era espeso, con un olor dulzón y metálico. Mientras Laura abría la ventana, oyó golpes secos dentro de la pared, seguidos de un susurro ronco:
—Aquí… sigue sangrando…
El piso crujía bajo sus pies, pero el sonido no era de madera… sino como el de carne hundiéndose bajo presión. Cuando Laura miró hacia abajo, juraría que por las rendijas del suelo se escurría un hilo rojo.
A medianoche, los objetos comenzaron a moverse solos: la lámpara se arrastró por el buró y se estrelló contra el piso, el ropero se abrió revelando ropa ensangrentada que no les pertenecía, y el espejo frente a la cama mostró algo imposible: Marcos y Laura estaban dentro del espejo… pero con la piel arrancada, colgando de ganchos oxidados.
Trataron de huir, pero la puerta se cerró con un golpe tan fuerte que las paredes temblaron. Y entonces empezaron los gritos. Venían de todas partes: del piso, de las paredes, del techo. Algunos eran alaridos desgarradores, otros risas infantiles cargadas de odio. Entre los ruidos, escucharon algo más… pasos húmedos, acercándose lentamente por el pasillo.
La cerradura comenzó a girar desde afuera. La puerta se abrió… pero no había nadie. Solo un olor nauseabundo y un frío que quemaba. Las sombras entraron como humo negro, rodeándolos. Laura sintió dedos helados cerrarse en su garganta. Marcos gritó, pero su voz fue absorbida por el mismo muro que empezó a abrirse como si fuera de carne, revelando un hueco palpitante.
Los dos fueron arrastrados dentro. Lo último que escucharon fue un coro de voces diciendo al unísono:
—Ahora son parte del hotel.
A la mañana siguiente, el recepcionista limpió unas gotas oscuras que manchaban el pasillo. Sonrió levemente y anotó en el registro:
"Pareja – Habitación 6. No regresaron."
Esa noche, dos sombras nuevas se sumaron a las que rondaban el pasillo… y una voz femenina comenzó a gritar desde las paredes, pidiendo que alguien le devuelva la piel.