24/09/2026
Me he dado cuenta que cuando tachamos a alguien de “ser la peor persona” y nos descosemos en criticarles, mientras nos defendemos bajo el manto de “me maltrató” sin pasar la situación por un filtro de *responsabilidad personal*, estamos proyectando (muy probablemente) algo de nuestra propia historia, de nuestras heridas o botones sensibles en la situación presente…
Nos encanta hacernos cuentos de quién es la víctima y quien es el victimario, pero la realidad es que en mi narrativa personal tú puedes ser “el monstruo” y en la tuya yo puedo ser “la bruja malvada”… Y (aunque nos incomode) ambas versiones son válidas… ¿Objetivas al 100%? Eso tal vez no.
Por eso, dándole el suficiente peso a nuestra historia y exprimiéndola fondo, seamos sincer@s: Ni eres tan buen@, ni esa persona es tan mala como le has pintado en tu cabeza.
-¿De qué si has sido responsable?
-¿Cuál fue tu mitad?
-¿Qué permitiste?
-¿Qué harías / harás diferente ahora?
- ¿Qué ganamos cuando nos seguimos contando el cuento de que “me hicieron” a secas, sin matizarlo con cuál fue nuestro papel en la situación?
Tal vez hay que vernos al espejo antes de apuntar dedos...
(OJO: evidentemente existen los abusos de poder, la violencia doméstica, la violencia hacia las infancias, las guerras, sucesos que atentan contra derechos humanos, etc. y a esas excepciones puntuales no nos estamos refiriendo en este post.)