16/08/2026
El debate que incomoda: ¿diálogo con el narco o rendición de clase?
Un grupo de expertos en seguridad y derechos humanos, convocados por la Universidad Iberoamericana, propuso explorar la "justicia transicional" como vía para negociar con el crimen organizado. La idea, inspirada en el proceso de paz en Colombia, sugiere que México debería formalizar los diálogos que ya ocurren de manera informal entre el Estado y el narco. Pero el contexto no es neutral: los especialistas son académicos y exfuncionarios que analizan la violencia desde la nomina, escritorios, no desde las trincheras de los territorios donde el narco impone la ley. Representan a la clase intelectual burguesa, no al pueblo que padece la violencia.
Para aplicar, en parte, el método marxista, debemos extraer los elementos concretos de esta propuesta. Los expertos dicen que el Estado ya negocia en la práctica con el crimen, y tienen razón: empresarios pagan cuotas, políticos pactan treguas y madres buscadoras piden permiso para entrar a zonas controladas. Pero esa negociación no ocurre entre iguales ni con los de abajo. Se da en la cúpula, entre el poder político y la élite criminal, dos fracciones de la misma clase dominante que se reparten el territorio sin resolver las causas estructurales de la violencia.
Reducir el problema a una mesa de diálogo es un espejismo. El narco no es un ente externo al Estado; es su socio incómodo, su brazo armado Ilegal. Las conexiones entre cárteles, políticos y empresarios son parte de un mismo sistema de acumulación de capital que se reproduce con sangre y silencio. Si el Estado tuviera la voluntad de desmantelar al narco, tendría que desmantelar también la red de complicidades que lo sostiene: jueces, banqueros, gobernadores y hasta expresidentes que han sido documentados en la nómina del crimen. Se encontrará asi mismo.Pero eso significaría tocar los intereses de su propia clase.
El diálogo con el narco no es un camino hacia la paz, sino un reconocimiento de que el Estado es incapaz de ejercer su soberanía. La paz que se pueda negociar desde arriba será siempre una paz para los de arriba, que seguirán protegiendo sus negocios mientras el pueblo sigue enterrado en fosas. La única paz posible para los de abajo no se negocia en universidades privadas ni se firma en mesas. Se construye desde la organización popular, desde la conciencia de clase y desde la lucha por transformar un sistema que necesita del narco para mantener el control.