23/09/2026
LA GRAN ESTAFA MORENISTA: LAS ENCUESTAS DE MORENA CEDEN A CAPRICHOS Y ACUEDDOS DE LAS CÚPULAS.
Por: Redacción
La bandera de la transparencia y la supuesta «voluntad del pueblo» dentro de la dirigencia nacional de Morena ha terminado por desplomarse por completo. Lo que el partido oficialista promocionó durante años como un método democrático e inquebrantable —las famosas encuestas internas— ha quedado expuesto como una mera escenografía mediática diseñada para legitimar decisiones tomadas de antemano en la penumbra de las cúpulas de poder.
Detrás del hermetismo con el que la dirigencia se ha negado reiteradamente a hacer públicos los desgloses metodológicos y las bases completas de dichos ejercicios, hoy salen a la luz las verdaderas razones de ese celo burocrático: en múltiples estados del país, los aspirantes que realmente encabezaban las preferencias populares y las evaluaciones de la base fueron hechos a un lado para dar paso a pactos políticos, reparto de cuotas e intereses de cúpula.
Quintana Roo: La radiografía de un acuerdo cupular.
El caso de Quintana Roo se ha convertido en el emblema más evidente de esta dinámica de negociación. Fuentes internas y documentos de evaluación de la propia coalición dejan al descubierto cómo se distorsionó el resultado real para beneficiar a grupos de interés vinculados a negociaciones del más alto nivel.
De acuerdo con registros internos de la evaluación, el proyecto que encabezaba Rafael Marin Mollinedo registró un contundente respaldo que superaba el 39% de los puntos a favor, colocándolo a la cabeza de la preferencia real. En contrastante desventaja, Eugenio Segura Vázquez se ubicaba en un distante tercer lugar con tan solo el 17% de la aceptación en la medición interna.
Sin embargo, a la hora de hacer el anuncio oficial, la dirigencia nacional ignoró la cifra real e impuso a Eugenio Segura, dejando claro que el verdadero criterio no radica en las urnas ni en los sondeos, sino en las mesas de negociación geopolítica del partido.
La geopolítica del reparto: Chiapas por Quintana Roo.
Detrás de la imposición en el caribe mexicano subyace la vieja práctica del trueque político. Reportes del proceso revelan que la candidatura en Quintana Roo formó parte de un intercambio territorial de alto nivel entre la dirigencia encabezada por Andrés Manuel López Obrador y la estructura del Partido Verde, liderada por Jorge Emilio González, el «Niño Verde».
El acuerdo en lo oscuro fue simple: ceder el control y las candidaturas clave en Quintana Roo al grupo del Verde a cambio de garantizar la hegemonía y el control político absoluto en el estado de Chiapas. En esta lógica de reparto feudal, la opinión de los militantes y la trayectoria de fundadores como Marín Mollinedo simplemente no tenían espacio dentro del balance de daños y beneficios de la cúpula.
Simulación y dedazo disfrazado de ciencia.
El caso de Quintana Roo no es aislado; refleja un patrón sistemático a nivel nacional donde las "encuestas" sirven como una cortina de humo para sofocar la disidencia interna y enmascarar el regreso del pragmatismo más rancio. Al ocultar las metodologías y validar a perfiles rezagados en el ánimo popular, la dirigencia nacional ha demostrado que la corrupción política y los pactos entre elites pesan infinitamente más que el mandato ciudadano.
La llamada "transformación" enfrenta así su mayor contradicción moral: haber construido un aparato electoral que presume darle voz al pueblo, mientras en las oficinas centrales, a puerta cerrada, los votos y las simpatías se intercambian como fichas de cambio.
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