27/07/2026
Del rotulista profesional al plumón y la cartulina. ¿Quién creen que les cree?
Hace apenas unos días publicamos en este espacio las fotografías de bardas perfectamente rotuladas con el mensaje "Es Daniel" y "
La pregunta fue sencilla: ¿quién está pagando esa evidente campaña de posicionamiento político?
La respuesta no llegó. Lo que sí apareció fue una nueva modalidad de propaganda. Ahora ya no son bardas, ahora son cartulinas.
Cartulinas escritas aparentemente a mano, otras impresas con diseños sencillos pero todas con el mismo propósito: hacer creer que en Cuautitlán Izcalli existe un movimiento espontáneo de ciudadanos que decidió salir a declarar públicamente su amor político por el alcalde Daniel Serrano.
La estrategia cambió. El mensaje sigue siendo exactamente el mismo.
Resulta curioso que, después de señalar el elevado costo que implicaría llenar el municipio de bardas rotuladas profesionalmente, la propaganda haya evolucionado de pronto hacia expresiones supuestamente caseras.
Qué conveniente, porque ahora ya no habría que explicar quién pagó al rotulista.
Ahora bastaría con decir que "fue la gente".
El problema es que la espontaneidad no suele organizarse como campaña, no aparece de manera simultánea con el mismo objetivo político, no bbresponde a una misma narrativa.
Y, sobre todo, no surge precisamente cuando comienzan a discutirse las futuras candidaturas.
La impresión que dejan estas imágenes es la de un intento por cambiar de formato sin modificar el fondo: mantener una campaña permanente de posicionamiento mientras se intenta conservar la apariencia de que todo ocurre por iniciativa ciudadana.
Si realmente se trata de manifestaciones espontáneas, no debería existir ningún inconveniente en transparentarlo.
Si, por el contrario, forman parte de una estrategia organizada para promover la imagen del alcalde, la ciudadanía tiene derecho a saber quién la coordina y con qué recursos se realiza.
Porque la ley no distingue entre una barda perfectamente rotulada y una cartulina pegada con cinta adhesiva si ambas persiguen el mismo propósito político.
Hay un dato que no puede pasar inadvertido. Después de nuestra publicación anterior, el formato cambió.
Eso significa una de dos cosas: o alguien en el cuarto piso de Palacio Municipal sí está leyendo lo que se publica en redes sociales o alguien está demasiado preocupado por la percepción pública de estas campañas.
En ambos casos, la conclusión es la misma. Las redes sí importan y sí las leen.
También parece que las revisan con atención en la oficina de Comunicación Social, cuya creatividad para intentar explicar lo inexplicable bien merece una columna aparte. Ya habrá tiempo de hablar de ello.
Por ahora basta con una reflexión; Las campañas disfrazadas podrán cambiar de tamaño, de diseño o de material.
Lo que no cambia es la obligación de respetar la ley, actuar con transparencia y no intentar hacer pasar por entusiasmo ciudadano lo que, al menos en apariencia, responde a una estrategia política cuidadosamente diseñada, porque una cartulina puede ser más barata que una barda.
Pero el engaño, si existe, cuesta exactamente lo mismo.