03/06/2026
CUANDO GEORGE LUCAS PREFIRIÓ PAGAR UNA MULTA ANTES QUE ARRUINAR EL INICIO DE EL IMPERIO CONTRAATACA, PELEARSE CON HOLLYWOOD LE TRAJO MUCHAS ENEMISTADES ENTRE GREMIOS Y PRODUCTORAS QUE LO ENVIDIABAN, HASTA HOY EN DIA
Hoy parece normal que una superproducción empiece directamente con la historia y deje la mayoría de créditos para el final. Pero en 1980 eso no era tan habitual. Y Star Wars terminó chocando de frente con las normas de Hollywood por una decisión que hoy forma parte de su identidad: empezar con el logo, el texto de apertura y la aventura, sin detenerse en una larga lista de créditos iniciales.
Cuando se estrenó The Empire Strikes Back, George Lucas quiso mantener la misma sensación de inmersión que ya había usado en Star Wars de 1977. Nada de títulos tradicionales, nada de créditos interrumpiendo el arranque. Primero el silencio del espacio, luego el texto amarillo, la música de John Williams y la historia entrando como un golpe de mitología galáctica.
El problema es que los gremios de Hollywood no lo vieron igual.
En aquella época, la Directors Guild of America y otros gremios esperaban que créditos importantes, incluido el del director, aparecieran al comienzo de la película. En A New Hope se había tolerado porque George Lucas era el director y la película empezaba con el nombre de Lucasfilm. Pero en The Empire Strikes Back el director oficial era Irvin Kershner, y su crédito quedaba para el final. Para la DGA, eso violaba sus normas.
La disputa fue seria. Según recogen obras históricas sobre la producción de la película y resúmenes posteriores, los gremios multaron a Lucas con alrededor de 250.000 dólares y también sancionaron a Kershner, aunque Lucas terminó pagando la multa de su director. Incluso se intentó presionar para que la película fuera retirada o modificada, pero Lucas no cedió.
Y ahí está lo importante: George Lucas eligió pagar antes que tocar el inicio de la película.
No quiso añadir créditos tradicionales. No quiso romper el ritmo. No quiso que El Imperio contraataca empezara como cualquier otra película de estudio. Para él, el inicio de Star Wars era casi sagrado: la música, el crawl, la entrada directa en la historia. Esa era la puerta de entrada a la galaxia.
Pero lo más importante vino después: George Lucas renunció a esos gremios y dejó de formar parte de estructuras como la Directors Guild, la Writers Guild y la Motion Picture Association. Aquello no fue una simple rabieta; fue una ruptura simbólica con el Hollywood corporativo. Lucas ya venía de una mentalidad independiente, pero este conflicto terminó de alejarlo de un sistema que intentaba imponerle normas sobre cómo debía presentar su propia obra.
Y aquí entra una parte incómoda de la historia: esa independencia también le ganó enemigos.
Lucas no era el director obediente de estudio. No era el creador que entregaba el control de su franquicia a las grandes productoras. No era alguien fácil de domesticar por sindicatos, ejecutivos, críticos o prensa industrial. Tenía su propio estudio, sus propios efectos especiales, su propio modelo de financiación, su propio merchandising y su propia forma de entender el cine popular.
Por eso muchos fans interpretan que una parte del rechazo posterior hacia Lucas no fue solo artístico, sino también industrial. Había sectores de Hollywood que nunca le perdonaron haber creado un imperio fuera de las reglas tradicionales. Y cuando llegaron las precuelas, ese viejo desprecio se mezcló con críticas durísimas, burlas, ataques personales y una prensa especialmente ácida que durante años trató a Lucas como si hubiera traicionado su propia creación.
Toda esa prensa “pagada” por grandes productoras, por eso lo empezó a atacar con más virulencia. Y sí se puede decir algo evidente: Lucas fue durante décadas una figura incómoda para parte del Hollywood tradicional, y la hostilidad hacia él no empezó con Jar Jar Binks ni con los midiclorianos. Venía de mucho antes: de su independencia, de su control creativo, de su rechazo a obedecer ciertas reglas y de su capacidad para construir Lucasfilm al margen del viejo sistema.
Lo irónico es que el tiempo terminó dándole la razón en lo artístico. Hoy los créditos finales son completamente normales en las grandes películas. Muchas superproducciones empiezan directamente con la acción, una escena impactante o una introducción visual, dejando la lista completa de créditos para el final. Lo que en 1980 era una infracción casi escandalosa, décadas después se convirtió en lenguaje habitual del cine comercial.
Y eso resume muy bien a George Lucas: no siempre ganó todas las batallas, pero muchas veces peleó por cosas que después la industria terminó copiando.
El Imperio contraataca no empieza como una película cualquiera. Empieza como un mito que ya está en marcha. Y Lucas estuvo dispuesto a pagar una fortuna para que siguiera siendo así.
Fuentes y referencias: The Making of The Empire Strikes Back de J. W. Rinzler; resúmenes históricos recogidos en Wikipedia sobre la disputa de créditos de The Empire Strikes Back; artículos de SlashFilm, Collider y ScreenRant sobre la salida de Lucas de la DGA; fichas históricas de Lucasfilm y documentación sobre la producción de la película.
Tomado de