29/06/2026
Bob Geldof no estaba convencido de incluirlos en el programa.
Aceptó sumar a Queen al cartel de Live Aid después de la insistencia del promotor Harvey Goldsmith. Para el verano de 1985, no era el único que pensaba que el grupo ya no vivía su momento más fuerte. La crítica había empezado a cuestionarlos, y dentro de la propia banda también existían dudas sobre su futuro.
Entonces llegó el 13 de julio de 1985.
Lo que muchos de los que miraban aquel día no sabían era lo que había ocurrido antes. Queen había ensayado su actuación con una precisión obsesiva. No solo la forma general del espectáculo. Cada entrada, cada pausa, cada transición. Seis canciones, cada segundo calculado para que nada fallara.
A las 18:41, Freddie Mercury salió al escenario. Pantalones blancos. Camiseta blanca sin mangas. Brazalete con tachuelas. Setenta y dos mil personas estallaron.
Se sentó al piano y tocó el inicio de Bohemian Rhapsody, no la canción completa, solo lo suficiente para encender al público. Luego se levantó. Caminó hacia el micrófono.
Radio Ga Ga llenó el estadio. Setenta y dos mil personas levantaron las manos casi al mismo tiempo, creando una de las imágenes más icónicas de toda la década.
Entonces Freddie detuvo a la banda. Se giró hacia el público. Abrió la boca y cantó una sola nota sostenida.
«Aaaaaaay-o».
Y esperó.
Setenta y dos mil personas se la devolvieron. Él subió más alto. Ellos lo siguieron. Subió otra vez. El público siguió con él. Una y otra vez, la nota subía, la multitud respondía, y el momento se estiraba hasta parecer casi sagrado.
Con el tiempo, aquel intercambio se convirtió en una de las escenas más recordadas de la historia del rock.
Después llegaron Hammer to Fall, Crazy Little Thing Called Love, una versión abreviada de We Will Rock You y, finalmente, We Are the Champions. El estadio temblaba.
Veintiún minutos después de haber entrado, Queen salió del escenario.
Bob Geldof, el hombre que al principio no estaba convencido de incluirlos, dijo después que Queen había sido la mejor banda del día, que había sonado mejor que nadie y que había aprovechado su tiempo al máximo. Para Freddie, aquel escenario era perfecto: el mundo entero.
El concierto fue visto por una audiencia inmensa en decenas de países. En 2005, una encuesta de la industria musical británica eligió aquella actuación como el mejor concierto de rock de la historia. No uno de los mejores. El mejor.
Autores y músicos que vivieron aquella época han dicho que esos minutos ayudaron a revitalizar a la banda, que Queen atravesaba tensiones y dudas, y que aquella tarde recordó a sus cuatro integrantes lo que aún podían hacer juntos.
Freddie Mercury murió el 24 de noviembre de 1991. Tenía 45 años.
Pero el 13 de julio de 1985, durante 21 minutos, frente a 72.000 personas bajo el cielo de verano de Londres, pareció la persona más viva del planeta.
Fuente: BBC News ("Queen win greatest live gig poll", 9 de noviembre de 2005)
Tomado de La Casa del Saber