15/02/2026
Hay melodías que no se escriben en un pentagrama, sino en los kilómetros recorridos, en el frío de las esperas y en el calor de los escenarios compartidos. Hoy quiero detenerme y hacer sonar una nota de gratitud por esos verdaderos amigos que la vida, en su infinita sabiduría, decidió convertir en familia y hacerlos parte de mi cancion de vida.
A ustedes, que han sido mi metrónomo cuando el ritmo de la vida se volvía caótico: gracias.
Ser músico es un camino de claroscuros. Hemos compartido el brillo de los aplausos, viajes, senderos sinuosos y de gloria, asi como la euforia de una nota perfecta, pero también el silencio pesado de las dudas y el cansancio de las manos agotadas.
En mis momentos de mayor disonancia, cuando el mundo parecía desafinar, fueron ustedes quienes me ayudaron a encontrar de nuevo la tonalidad, cada uno en su momento y se que yo tambien yo algo en las suyas.
No son solo colegas de oficio; son hermanos de cuerdas y de alma; gracias por:
Estar presentes cuando las luces se apagaban y solo quedaba la realidad y el silencio en cada escenario.
Creer en mi sonido incluso cuando yo mismo dejaba de escucharlo algunas veces.
Transformar cada ensayo, cada viaje y cada fracaso en una lección de lealtad y eso pocos lo valoran o son capaces de verlo.
Mi guitarra ha sonado más fuerte y más dulce porque compartiamos un sueño, una fraternidad y un amor por la musica unico..
En este largo caminar, me llevo la certeza de que la música es hermosa, pero lo es aún más cuando se interpreta al lado de seres humanos con los que se comparte una hermandad y un cariño que trasciende el tiempo y espacio, asi como la de ustedes.
Gracias por ser mi refugio, mi banda sonora, mis hermanos de camino y vida musical.
Se les recuerda y se les aprecia siempre.
Marco MauricMéndez Banda