03/11/2025
Mach-hommy —
La serpiente y el arcoiris
Escuchar a Mach-hommy es siempre bajo sus propios términos. Se le ha llegado a ver entrevistas, pero siempre cubriéndose la cara con la pañoleta y usando sombrero. Cuida recelosamente de su identidad como de su propiedad intelectual mandando a quitar de Internet toda las letras de sus canciones. No es ese tipo de artistas que se sientan a explicarte su obra o sus motivaciones, simplemente pasa de largo confiando en su propia elocuencia.
Su naturaleza es impredecible, y tratar de entenderlo es incomprensible. Nunca sabes a dónde va o de dónde viene. La opacidad es su sustancia y lucha. Nadie sabe su nombre real, ni su edad; todos sus datos personales se los reserva. A veces, tampoco podemos entenderlo cuando deliberadamente cambia del inglés al kreyole como si quisiera ocultarse a la vista de todos. Todo lo que podemos hacer con Mach-hommy es asumir; la verdad que nos desvela es sólo la que él nos quiere mostrar.
Dicta los precios de su arte y a sus devotos no les importa pagar. De la elusividad y el anonimato ha hecho su hustle llegando a cotizar caro. Templado en los crisoles del underground con los años, sin embargo, cada vez parece jugar con la idea de salir de las sombras.
A pesar de su figura sobria y misteriosa, de poco a poco se ha acercado más al público. Ahora hace lo que parecía impensable: dar explicaciones. Después de todo, su último álbum tiene como objetivo, dicho por él mismo, "la máxima compatibilidad".
El nombre es , un oxímoron que esconde mensajes profundos, es la última pieza de un monumento dedicado a su natal isla. La primera piedra la pusó August Fanon con un trozo de rock psicodélico con el crudo «HBO» del prolífico 2017, pero fueron en los surcos del Conductor Williams donde tomaría su forma.
Este es el primer disco en solitario que ha sacado en un rato. La producción está a cargo de un equipo cercano a Mach siendo Sadhugold el que se lleva la mayor parte de los créditos.
Uno podría esperar que el hecho de que sea un círculo de colaboradores recurrentes sea más de lo mismo. Sin embargo, es una obra mucho más refinada, minuciosa, y emocionante que exhibe en plenitud los talentos del Dump Gawd.
La tesitura es un don que pocos emecees dominan. Mach-hommy es un contorsionista profesional con la habilidad para rapear o entonar sobre ritmos granulados. El paisaje sonoro de es vasto, compuesto por samples que parecen sacados de vinilos de segunda mano. Es diverso, y evoca diferentes estilos y emociones. En 'Politickle', las cuerdas lloran armonías en medio de vocales que se levantan; los bucles de 'Copy Cold' son brisas refrescantes; su canto acompaña la melancolía del acordeón de 'The Serpent and the Rainbow', mientras que en 'Sonje' las escalas del piano de Georgia Anne Murdrow contrastan con los versos sombrios del Machovian.
Como siempre, los raps son un ejercicio de lectura atenta; son mucho más que frases pegadizas, incluso las que no parecen ir a ningún lado como cuando dice que "te va a dar la vuelta en la pista como Tyshawn Jones" tienen más trasfondo de lo que aparentan. Toma por ejemplo 'Antonomasia' con sus teclas zumbantes, tambores polvorosos, y comparaciones con Howard Thurman y Darth Vader, que desde el mero título ya juega con las ideas.
Cada verso es un tapiz intricado tejido de referencias y autoreferencias. Desde el “Sur le pont d’avignon… " de su niñez hasta cada insinuación literaria o de la cultura popular, son escenas que entrelazan lo tangible con fantasías tanto liricales como instrumentales.
se alza como el cénit de su travesía hasta el día de hoy. Mach se mide con titanes Roc Marciano, Tha God Fahim y Black Thought, maestros de ceremonia que incendian los loops en cada oportunidad. Pero su ambición se vuelve un vasto océano donde la extensión dispersa su genialidad. No toda ola instrumental rompe con fuerza, ni cada coro deja huella.
Con todo, el álbum guarda joyas de un brillo intenso, en especial al caer el telón. El epílogo se viste de gala con 'Holy', un final que se eleva hacia lo sagrado, envuelto en cuerdas y voces celestiales en la cumbre del disco.
Pese a su rotunda negación de explicarse a sí mismo, Mach-Hommy trata de balancear proyectos más grandes. Toma riesgos que no había intentado antes. cierra la pentologia de Haití con una gran conclusión. Es un eco de su historia, casi biográfica. Por instantes, su niebla se torna impenetrable a falta de un cimiento sólido con pistas que vagan de mixtapes al azar. Mas él, cuyo recordatorio en el rostro es la libertad, con ironía proclama en su título un botín que el mundo, antes, le negó.