22/03/2025
Tengo 35 años, soy mamá de Mateo (5 años) y de Emma (3). Los amo con todo mi corazón, pero desde que tuve a mi primer hijo empecé a vivir todo el tiempo agotada… físicamente, mentalmente y emocionalmente.
Sentía que no tenía tiempo para nada, solo corría todo el día. Atendía la casa, los niños, la comida, los pendientes… y cuando por fin llegaba la noche, sentía que ya no podía más. Me dolía el cuerpo, me dolía el alma… y aún así, me exigía seguir.
Una noche, mientras recogía los juguetes del piso, me senté en la alfombra y me puse a llorar. Me sentía vacía. Y en ese momento me cayó el veinte: si yo no estoy bien, no puedo cuidar bien a mis hijos. No con paciencia, no con amor… no como quiero.
Desde ese día decidí hacer pequeños cambios. Nada grande ni perfecto, pero sí reales.
Empecé por levantarme 15 minutos antes. Solo para mí. A veces me estiro, a veces solo respiro y tomo mi café sin que nadie me lo quite.
Empecé a comer mejor. No una dieta loca, pero sí dejar de sobrevivir con pan y lo que sobraba del plato de los niños.
Me obligué (sí, al principio me costaba un montón) a moverme 10 minutos aunque sea. Poner una canción y bailar, seguir un video de ejercicio, lo que fuera.
Empecé a unirme a páginas de mamás. Encontré muchas que se sienten igual, que me entienden. A veces solo leerlas me da paz.
Y aunque cuesta, intento tener horarios. No perfectos, pero ya no me dejo al último de la lista.
No fue de un día para otro, pero hoy me siento más tranquila, con más energía y menos culpa por pensar en mí. Aprendí que cuidarme no es egoísta… es necesario. Porque mis hijos no necesitan a una mamá perfecta, solo a una que esté bien.
Si tú también estás agotada, te entiendo. Solo quiero decirte que sí se puede, poquito a poquito. Empieza por ti 💛