01/09/2026
La verdad fue la curiosidad la que me impulsó a intentar ser prensa de lucha libre yo lo hago hasta ahora de hobby pero es muy grato saber que a la gente le gusta mi fotografía
Una fracción de segundo para la eternidad
Hay momentos en la lucha libre que ocurren tan rápido que, cuando uno intenta procesarlos, ya terminaron.
Un segundo.
Tal vez menos.
El luchador corre, sube, calcula. Abajo, otros cuerpos esperan. El público se levanta de sus asientos. Alguien grita. Otro levanta el teléfono. Las miradas se concentran en un solo punto.
Y entonces…
¡vuela!
Esta vez, rumbo a nuestra Mesa de Fotografía en la Lucha Libre, toca detenernos a admirar el trabajo de Demon Royin, de Aquí Hay Lucha, a través de una postal que no sólo captura un movimiento: captura la emoción de estar ahí.
En la imagen, Chavo Dávila está suspendido en el aire.
Su cuerpo gira hacia atrás.
Un espectacular mortal.
Un moonsault.
Por una fracción de segundo parece que el tiempo se detuvo. Pero abajo, la lucha continúa. Ahí están las bases, preparadas para recibir el impacto: Telquín, Príncipe Quetza, Angelito Mágico Aguila Mágica (los hermanos mágicos) y Payaso Shango.
Compañeros y rivales.
Cuerpos esperando.
Brazos levantados.
Y un luchador cayendo desde lo alto.
Jugándose la vida.
Jugándose el todo por el todo.
Todo en esa fracción de segundo que dura el vuelo.
Porque eso es lo increíble de un lance en la lucha libre: apenas dura unos instantes, pero dentro de ese breve recorrido cabe la confianza, el riesgo y la adrenalina.
Chavo Dávila está en el aire, confiando en quienes están abajo. Confiando en las bases que habrán de recibirlo. Su cuerpo gira, cae, y el impacto se aproxima.
No hay pausa.
No hay repetición.
Sólo el aire, la caída y la confianza de que quienes están abajo estarán ahí.
Mientras tanto, el público vive su propia experiencia.
La gente está de pie.
Expectante.
Algunos gritan. Otros levantan sus teléfonos, intentando capturar también ese instante. Todos quieren llevarse un pedacito de lo que está ocurriendo frente a ellos.
Cada quien quiere guardar ese momento.
Pero mientras el público observa el espectáculo, hay otra historia desarrollándose a filo del ring.
Con una cámara en las manos.
Con el ojo puesto en la acción.
Demon Royin también está trabajando.
Porque mientras nosotros vemos el vuelo, él tiene que leerlo.
Mientras nosotros nos dejamos llevar por la emoción, él tiene que estar preparado.
No puede pedir que el luchador lo repita.
No puede detener la acción.
No hay segunda toma.
El momento ocurre una sola vez.
Y por eso resulta tan interesante escuchar al propio autor de esta fotografía hablar de lo que ocurre detrás de su cámara.
Hay una frase que, de alguna manera, resume muy bien su visión:
“La historia la contaron los luchadores. Yo sólo capturé el momento.”
Y tiene razón.
La historia comienza mucho antes de que la fotografía exista.
Los luchadores construyen la acción.
Ellos corren.
Calculan.
Confían.
Se lanzan.
En este caso, Chavo Dávila se eleva sabiendo que abajo hay cuerpos preparados para recibirlo. Hay una confianza que se construye dentro del ring.
Ahí están Telquín, Príncipe Quetza, Angelito Magico Águila Mágica ,y Payaso Shango.
Y mientras ellos hacen su parte de la historia, Demon Royin de Aquí Hay Lucha tiene que hacer la suya.
Pero ¿qué pasa por la mente de un fotógrafo en ese instante?
Según lo que él mismo comparte, no siempre es algo que pueda explicar fácilmente.
Muchas veces, su manera de fotografiar se vuelve algo natural. Casi automático.
Como manejar.
Como andar en bicicleta.
Su mente observa la lucha.
Su ojo sigue los movimientos.
Su cuerpo reacciona.
Y llega el momento de apretar el botón de la cámara.
Pero detrás de esa reacción hay algo fundamental:
leer la lucha.
Entender su ritmo.
Observar sus movimientos.
Anticipar las posibilidades.
Porque quien conoce la lucha libre puede comenzar a imaginar lo que está por ocurrir.
Un luchador corre hacia el esquinero.
Su rival está abajo.
Algo viene.
Uno puede anticipar que se prepara un vuelo.
Pero ¿cuál?
¿Una plancha?
¿Una frog splash?
¿Un mortal?
¿Un moonsault?
Las posibilidades existen y el fotógrafo debe estar preparado para ellas.
De alguna manera, también comienza a previsualizar.
A imaginar lo que puede ocurrir segundos antes de que ocurra.
A leer el cuerpo del luchador.
El movimiento.
La dirección.
La velocidad.
Y cuando llega el instante…
reacciona.
Eso es parte de lo fascinante de la fotografía de lucha libre.
No se trata únicamente de tener una cámara y apretar un botón.
También está la experiencia.
La reacción.
El conocimiento del deporte.
La capacidad de entender lo que está sucediendo dentro del encordado.
Y esta fotografía de Chavo Dávila es una muestra de ello.
Una lucha dinámica.
Aérea.
Rápida.
Intensa.
Una lucha con vuelos, velocidad, acciones recias y también trabajo a ras de lona.
De esas luchas que no permiten distraerse demasiado, porque en cualquier momento puede ocurrir algo que cambie por completo la acción.
Y entre toda esa velocidad, Demon Royin encontró su instante.
En días pasados, un lector nos escribió algo que vale la pena recordar. Porque aquí los leemos siempre:
“Para que vean que las máquinas del tiempo sí existen”.
Mientras el público levantaba los teléfonos.
Mientras Chavo Dávila se encontraba suspendido en el aire.
Mientras abajo esperaban quienes habrían de recibir el impacto.
Mientras la adrenalina se apoderaba del momento.
Demon Royin estuvo ahí, a filo del ring.
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