18/02/2026
No hubo rugido ni persecución.
Solo una presencia suspendida en el abismo, antigua como las primeras mareas.
El buzo descendió creyendo explorar ruinas, pero encontró algo peor: un almejón colosal, imposible, cuyas hebras no se movían por hambre sino por paciencia.
Aquella criatura no cazaba… recordaba.
Cuando los tentáculos rozaron su traje, comprendió la verdad que el océano guarda en silencio: hay formas de vida que no reconocen al hombre como intruso, sino como eco. Desde entonces, el mar sigue igual de quieto.
Pero algo, en lo profundo, sabe que fue visto.
¿Y si no fue el buzo quien observó primero?
Ilustración para relato de horror / weird fiction.
Proceso de digitalización.
Abierto a colaboraciones.