29/12/2025
Hay heridas que no cicatrizan con el tiempo, sino con propósito. Recuerdo aquel momento en que fui contratado, no por convicción sino por necesidad, como quien llama a alguien para apagar un incendio sin creer que tenga agua. Se me dio acceso, pero no se me otorgó confianza. Y aunque deseaba aportar desde la serenidad de una gerencia, me recibieron con miradas que hablaban más de prejuicio que dé posibilidad.
Me pregunté muchas veces: ¿por qué este rechazo? ¿Por qué esta resistencia ante la mejora, la calidad, la coherencia? La respuesta, aunque incompleta, fue reveladora. Me topé con egos blindados, estructuras estancadas y una cultura donde el poder se medía en títulos más que en resultados. Y fue entonces cuando entendí: no se trataba de cambiar procesos, sino de confrontar paradigmas.
Quise gritar. Quise responder con rabia. Incluso imaginé discursos llenos de sarcasmo y revancha. Pero algo dentro de mí —esa voz que no grita, pero guía— me recordó que la calidad no se rebaja. No se ajusta al nivel de quienes dudan. La calidad, cuando se vive con autenticidad, no responde con agresión; responde con transformación.
Tuve que picar piedra, sí. Pero cada golpe fue una elección: no solo resistir, sino rediseñar. Construí principios, no sólo herramientas. Formé comunidad, no sólo estructura. Elegí coherencia, aunque doliera, y hoy ese dolor se ha convertido en motor.
A quienes no creyeron en mí: gracias. Me dieron la oportunidad de demostrar que el valor no se otorga, se revela. Me obligaron a mirar más allá del cargo, a formar un movimiento. Y aunque ustedes fueron parte del obstáculo, hoy también son parte del impulso.
La calidad me ha enseñado algo irrefutable: no es un estándar técnico, es un estilo de vida. Es la decisión de elevarse, incluso cuando todo alrededor empuja hacia lo común. Es elegir la excelencia cuando lo fácil sería rendirse. Es ser quien se es, incluso cuando el mundo insiste en que seas menos.
Hoy no grito victoria. Hoy comparto camino. Porque el verdadero triunfo no es haber llegado, sino haberlo hecho sin traicionarse. Y en esa coherencia, sé que no me rebajé.