25/05/2026
¿𝐎𝐭𝐫𝐨 𝐑𝐞𝐧𝐚𝐮𝐭? 𝐄𝐥 𝐫𝐞𝐠𝐢𝐬𝐭𝐫𝐨 𝐜𝐞𝐥𝐮𝐥𝐚𝐫 𝐲 𝐥𝐚 𝐝𝐞𝐬𝐜𝐨𝐧𝐟𝐢𝐚𝐧𝐳𝐚 𝐜𝐢𝐮𝐝𝐚𝐝𝐚𝐧𝐚
𝐏𝐨𝐫: 𝐉𝐚𝐧 𝐂𝐡𝐚𝐫𝐥𝐢𝐞
Por años, el gobierno federal ha insistido en que el registro obligatorio de líneas telefónicas es una herramienta necesaria para combatir delitos como la extorsión, el secuestro virtual y los fraudes telefónicos; Sin embargo, la realidad parece demostrar que la ciudadanía no comparte ese entusiasmo, y no es para menos, México ya vivió un experimento similar con el fallido RENAUT durante el sexenio de Felipe Calderón, un padrón que terminó convertido en símbolo de fracaso, filtraciones y desconfianza.
Hoy, la historia parece repetirse, y a pesar de campañas, llamados oficiales y advertencias sobre posibles restricciones a líneas no registradas, millones de mexicanos simplemente no han querido entregar sus datos; Los números hablan por sí solos, de más de 140 millones de líneas móviles activas en el país, apenas alrededor de 48 millones han sido vinculadas oficialmente, dejando todavía más de 90 millones sin registrar.
Más que apatía, el mensaje parece ser un claro “NO” ciudadano, y es que el problema no es únicamente el registro en sí, sino quién administrará esa información; Porque mientras el gobierno pide confianza para concentrar datos personales, biométricos y digitales de millones de personas, el propio Estado ha sido víctima de hackeos, filtraciones y vulneraciones en distintas dependencias.
Entonces surge una pregunta inevitable… si no han podido proteger sus propios sistemas, ¿cómo garantizarán la seguridad de una base de datos nacional de celulares?
La preocupación tampoco es exagerada, pues hoy existe más tecnología, más rastreo digital, más cámaras y más control sobre la vida electrónica de las personas que hace quince años; Por eso, para muchos ciudadanos, este nuevo padrón representa más riesgos que beneficios.
Además, existe otra contradicción difícil de ignorar, en la que durante años, el actual grupo político en el poder criticó duramente las políticas de seguridad implementadas por gobiernos anteriores, especialmente las de Felipe Calderón, acusándolas de militarización, control y estrategias fallidas… Sin embargo, varias de las medidas actuales terminan pareciéndose demasiado a aquellas que antes condenaban.
El discurso cambió, pero la receta parece la misma, y mientras tanto, el ciudadano común sigue preguntándose algo muy simple, ¿realmente esto reducirá el crimen o solamente aumentará el control sobre quienes sí cumplen la ley?
Porque al final del día, quienes cometen delitos rara vez usan líneas registradas a su nombre; En cambio, quienes sí deberán entregar toda su información serán millones de personas trabajadoras que hoy observan con recelo cómo se intenta revivir un modelo que, en el pasado, ya fracasó.