17/06/2022
La política puede esperar...hoy se fue mi padre.
José René Rosas
Hoy se fue mi padre, en el solo gesto de un último adiós y arrojar un puño de tierra al sepulcro final, un cúmulo desordenado de pasajes y recuerdos golpean al unísono la memoria, el tiempo parece detenerse, mientras las paladas, llenas, cubren la pesada lápida que encierra inexorable la fase sin regreso de la existencia humana, pero basta un destello para abrir nuestra conciencia y revalorar, aunque ya muy tarde, qué nos faltó y en qué fallamos como hijos, sin autoengaños, son tapujos, con la ventaja de que en apariencia nadie más nos escucha, nos observa.
En el ocaso de la vida, las personas sin excepción suelen mirar en retrospectiva y ponen en el centro del ejercicio autocrítico la manera en que transcurrió el tiempo, los sucesos que guardan en los sinuosos laberintos mentales, algunos claros y otros confusos, nebulosos, gran parte del anecdotario personal queda ahí, sin un eslabón que permita incluirlo en ese inesperado análisis, discreto, íntimo, unipersonal. Nadie más tiene acceso al monólogo fugaz, que sin embargo parece, a juicio de quien estructura el guión a una sola voz, la película completa de lo vivido hasta el momento; la infancia, los días de la etapa escolar, su generación y los compañeros de escuela, los amigos de secundaria, la inolvidable adolescencia, divertida y trágica a la vez, ello para quienes tuvieron la oportunidad de cursar un nivel educativo, en los diálogos espontáneos, informales, irreverentes, los menos afortunados discurren sobre el trabajo arduo a temprana edad, sin conocer las aulas sólo del exterior, la fachada de los planteles, aportar para el sostén económico de la familia; de súbito pasan, en el curso de divagación mental, a los lazos familiares propios, la esposa, esposos, queridas, amantes, la aventura de las uniones libres y el complemento de los hijos, si los hubo o fueron sustituidos por metas de pareja, apoyo mutuo para alcanzar los sueños.
Quizá al final, en el recuento nadie quede conforme, siempre hay algo o mucho más que se pudo realizar y se pospuso, los anhelos más íntimos que no siquiera la compañera de toda una vida pudo conocer, proyectos en borrador, maquetas iniciadas y dejadas a medias. En un breve asomo de lucidez tan fugaz, queda la certeza que ya nada o poco se puede lograr, recuperar, cuando volver a empezar suena a ciencia ficción, "cuando tengas el deseo de hacer algo en tu vida, házlo cuando aún puedas o tengas fuerza para ello, porque no hay poder ni razón ni proyectos en el Seol, (sepultura) el lugar a donde vas", reza la Sagrada Escritura. En efecto, antes de iniciar alguna empresa, cada quien medita y realiza los cálculos para asegurar que tiene lo suficientemente, decisión y fortaleza, cuando esto queda atrás toda iniciativa se complica hasta, vaya ironía, que ya no hay más complicaciones, porque nada hay cuando una persona muere.
Este destino fatídico que a todos acontece tarde que temprano, plantea lo efímero de la vida porque ésta no alcanza para gran variedad, de la inmensidad de objetivos trazados, tal vez sólo haya espacio para experimentar uno o dos a lo sumo; en un promedio de setenta años y un trecho más si la longevidad de un vivir sano lo permite, a duras p***s muchos logran lo buscado, un negocio consolidado, relevancia social, una familia unida, en fin cada cabeza en su mundo y zas, cobramos conciencia que ya no hay margen para una historia adicional, el deterioro natural cobrando factura, los achaques que ubican en lo real, hoy en día considerarse sanos no es garantía, igual que una persona enferma se acaba la existencia por igual, no hay diferencia si es rico o pobre, el suceso resultante coincide en el final, la inevitable pérdida de la vida, qué cierta es aquella frase de José Alfredo, valga la referencia, que la vida no vale nada; salvo cuestiones fortuitas, las tragedias están a la orden del día en el frenético devenir del apresurado presente.
Hoy se fue mi padre, un hombre común con una existencia similar, sin un lugar específico en esta sociedad plagada de estereotipos ficticios, cada quien ensimismado y ocupado en sus propios asuntos, deberes, proyectos de vida basados en lo materialista, el rigor de poseer de lo mínimo a lo máximo, según la apuesta y lo que se está dispuesto a pagar, porque todo tiene un costo, por el que das ese esfuerzo agotador, titánico, en pos del logro de vida, para ti, para los tuyos y, permítaseme la redundancia, al costo que sea, no solamente económico, hay otros que tienen un valor cuya sensación de pérdida, aunque lograda la meta, nunca deja de ser el acicate de la conciencia. De ahí en fuera, los niveles de importancia se hacen laxos en nuestra vida, importa claro el origen, la dinastía, el abolengo, no obstante, jamás escalas a la inexorable ley, corrijo, abundan los escapistas pero son los menos, te casas o te casan, formas un nuevo hogar por qué luchar, es exigente el sustento diario, la escuela y las necesidades adyacentes, pero llega el compromiso, el amor si aún persiste, la lealtad, la unión que dan los años. De pronto te observas en el espejo de enfrente, la irresponsabilidad y el fracaso, el olvido, separación, divorcio, diferencias, litigios, ofensas, el derrumbe; comenzar otra vez y la incertidumbre ronda constante, nada está escrito, cada cual redactar su propia historia, la otrografía, el contexto y la sintaxis, marcan las distinciones de los rayones en la libreta, hacia adelante brilla la esperanza, atrás la certeza de lo que fue, dulce o amargo, sin la mínima posibilidad de recomponer lo hecho añicos y lo que viene nadie lo garantiza, quien lo puede predecir sin riesgo de equívocos, tal vez esta sea la razón del auge de brujas y brujos, adivinos y sortilegios; en el mundo real las reediciones de los errores llenan la intimidad de las líneas en los diarios personales. Empero, a pesar de los tropiezos, es factible ser feliz, (vaya cambio de ánimo) o cuando menos el concepto que cada hombre o mujer tiene de esta palabra.
Aunque suene a broma o a cierta dosis de psicología inversa, después de escupir un millón de amarguras en este amplio preámbulo, es posible vivir en armonía, en paz y con cierto grado de felicidad, en un entorno familiar y a veces comunitario, viviendo una vida, valga otra vez la redundancia, lo más humilde posible en el término justo de la palabra, humilde de corazón, bondadoso con el prójimo, misericordioso con el necesitado, dando y recibiendo amor en el sentido de compartir sin esperar lo mismo a cambio; tiene sustento qu la convivencia apacible y tranquila ofrece satisfacciones enormes, que a la postre revitalizan el espíritu esparciendo su buen fruto.
Polvo eres y a polvo volverás, es la sentencia bíblica del pecado, que en su concepción original significa desobediencia, en referencia a los mandatos divinos, la consecuencia de no ceñirse a un modelo de vida basado en estos principios lleva a efectos contrarios, el egoísmo, la necedad, el acumular odios y rencores, maldades y desamor. En el reverso de la moneda, el núcleo reproductor de las actitudes destructivas de hoy es precisamente la falta de amor, el sentimiento puro entre iguales, el resultado inverso es el desafuero, el no respetar las leyes terrenales y sobretodo, divinas. Es decir, no es una utopía que aún en las condiciones a contracorriente del sistema, la proliferación de la iniquidad versada en la criminalidad, el abuso de poder, la corrupción entre los presuntos garantes de la ley y la delincuencia, vaya, vivir en un nido de víboras, si se me permite el extremo, se puede tener un remanso de paz, de las puertas de la casa al interior, no precisamente una burbuja, sino la instrucción en este pequeño espacio, el temor de Dios, haciendo la parte; lo que escapa a nuestras manos obviamente no depende de nosotros, pero es muy cierto que la calamidad está sobre el justo y también le acontece al malvado, nadie está exento de los imprevistos. Si esperamos lo que corresponde al gobernante es correr tras el viento, resulta inútil, los gobiernos desde su origen están coludidos, el poder con el poder, la iglesia con el dictador, la autoridad con el infractor. No existe pues a quién acudir por justicia, esto nos ha tocado vivir y nos queda solamente crear nuestra propia ley de la forma que no falla, el tiempo que dure es ganancia en relación a la ruptura del tejido social vigente, hasta que llegue el plazo de rendir tributo a esta tierra en la que también nacimos, confiados en que vendrá un mundo mejor, alejado del presente esquema de manipulación e imposición que conduce invariablemente a la anarquía, a la opresión de los más fuertes no por convicciones, sino por amasiatos inmorales que unen los aviesos intereses dominantes, porque simplemente logran mayoría sobre un resto apacible, que lamentablemente paga los platos rotos; insisto, sí hay justicia más no en este orden, el juicio ineludible alcanzará a buenos y malos, no hay, en consecuencia escapatoria, el justo recibirá una exhoneración mientras los que practican iniquidad, acumulan agravantes que de manera irreversible los condenarán, puesto que la ley de arriba es incorruptible. El que muere ha sido absuelto de su pecado, también señala la palabra, para recibir una nueva oportunidad en condiciones distintas, favorables. De otra manera, la esperanza fuera una herejía, sin embargo, la confianza en algo mejor sostiene, estimula y hace crecer la fé.
Hoy se fue mi padre, no pudo ser un modelo en su tipo, según me dijo un día, pero ganó terreno porque hizo obras de calidad, ayudó sin interés y ahorró donde los ladrones no hurtan, su capital está seguro; yo no fui un buen hijo, ya nada puedo remediar y me duele enormidades, no puedo regresar el tiempo y decirle simplemente que lo amo, ya no podré, pero me aferro a que habrá una ocasión propicia para ello. Mientras, voy soltando lentamente la tierra aprisionada con fuerza en mi mano, el susurro inaudible de un "hasta luego" resuena en mi cabeza, así sea Dios mediante. Feliz Día del Padre anticipado a quienes todavía tienen la dicha de contar con su presencia al lado, no hay qué esperar al último puño de tierra para reconocer, como yo, ese amor sincero, filial y puro.