07/05/2026
Rᴏᴏᴍɪᴇs, Cᴏᴍᴘᴀᴅʀᴇs ʏ Jᴜᴅᴀs: Eʟ Aʀᴛᴇ ᴅᴇ Esᴄᴜᴘɪʀ ᴇɴ ᴇʟ Pʟᴀᴛᴏ ᴏ̨ᴜᴇ Cᴏᴍᴘᴀʀᴛɪsᴛᴇ
Se supone que la política, en su concepción más pura, es una coreografía de altura. Un ejercicio de diplomacia, liderazgo y esa mística llamada "oficio" que busca, teóricamente, el bien común.
Sin embargo, en la accidentada geografía ética de México, esa "ciencia del Estado" ha mutado en una disciplina mucho más rudimentaria y salvaje: el arte de sobrevivir hundiendo al de al lado, incluso si el de al lado es quien te pasaba la sal en la cena.
Lo que en otras latitudes se consideraría una desviación democrática, aquí se ha normalizado hasta rozar lo aberrante. Pero lo sucedido recientemente con el diputado Mario López, mejor conocido como “La Borrega”, eleva el concepto de la traición a una categoría digna de estudio clínico.
Durante su intervención en el programa de Carlos Loret de Mola, el legislador decidió que era un buen momento para "limpiar la casa" —o más bien, incendiarla—. López señaló con dedo flamígero a diversos actores políticos de Tamaulipas, vinculándolos con el ya trillado negocio del huachicol. Hasta ahí, nada nuevo bajo el sol de la sospecha pública. Lo verdaderamente repugnante, sin embargo, no fue la denuncia en sí, sino el destinatario del dardo: Carlos Canturosas.
𝑳𝒂 𝒑𝒐𝒍𝒊́𝒕𝒊𝒄𝒂 𝒉𝒂𝒄𝒆 𝒆𝒙𝒕𝒓𝒂𝒏̃𝒐𝒔 𝒄𝒐𝒎𝒑𝒂𝒏̃𝒆𝒓𝒐𝒔 𝒅𝒆 𝒄𝒂𝒎𝒂, dice el refrán, pero en este caso los hacía compañeros de departamento. López y Canturosas no solo compartían siglas o proyectos; compartían la intimidad del hogar en la Ciudad de México. Eran "muy buenos amigos", de esos que saben qué marca de café toma el otro por la mañana. Pero parece que, en el manual de "La Borrega", la lealtad tiene una fecha de caducidad que expira en cuanto se enciende una cámara de televisión.
Por si el "fuego amigo" contra su ex-roomie no fuera suficiente, el diputado decidió que el paquete de lodo debía ser familiar. También alcanzó a embarrar a la 𝑎𝑙𝑐𝑎𝑙𝑑𝑒𝑠𝑎 𝑑𝑒 𝑁𝑢𝑒𝑣𝑜 𝐿𝑎𝑟𝑒𝑑𝑜, 𝐶𝑎𝑟𝑚𝑒𝑛 𝐿𝑖𝑙𝑖𝑎 𝐶𝑎𝑛𝑡𝑢𝑟𝑜𝑠𝑎𝑠, hermana de su amigo, bajo la misma etiqueta de huachicolera. Uff. Un combo completo de deslealtad ejecutado con una sonrisa de quien se cree un estratega, cuando en realidad solo está demostrando que, para algunos, la amistad es un recurso gestionable y desechable.
Es reconfortante saber que, en estos tiempos de incertidumbre, aún quedan políticos con tanta "capacidad y oficio". Seguramente ahora, tras haber demostrado su compromiso con la verdad y su nulo apego a los lazos personales, Mario López dormirá tranquilo. Eso sí, si decide buscar un nuevo departamento en la capital, se le recomienda encarecidamente que no pida referencias a sus antiguos amigos; no vaya a ser que la mudanza le salga más cara de lo previsto.