El oráculo imperial de Skadi

El oráculo imperial de Skadi Un ricon dedicado a fanfics de my hero academia y otros

Registro del Oráculo: Un omega para el heroeCapítulo 50La mañana de la boda amaneció limpia, con un cielo de un azul cla...
19/09/2026

Registro del Oráculo: Un omega para el heroe

Capítulo 50

La mañana de la boda amaneció limpia, con un cielo de un azul claro y brillante que parecía haber sido pintado para la ocasión.

En la casa, el vestido de corte imperio permanecía resguardado dentro de su estuche de tela blanca, colgado en el armario de la habitación de invitados. Izuku había sido claro: nadie, y mucho menos Katsuki, podía ver el diseño antes de la ceremonia. El alfa, aunque refunfuñó los días previos afirmando que esa tradición era una soberana tontería, había cumplido la orden al pie de la letra; en el fondo, una curiosidad ferviente lo carcomía por descubrir cómo se vería su omega luciendo el vientre de cinco meses frente al altar.

Sin embargo, la paciencia de Katsuki fue puesta a prueba a las ocho en punto de la mañana.

Un golpe en la puerta anunció la llegada del séquito de héroes. Eijiro Kirishima, Shoto Todoroki, Denki Kaminari y Hanta Sero prácticamente tomaron la casa por asalto.

—¡Es hora, Blasty! —exclamó Denki, entrando sin pedir permiso mientras llevaba una funda con el traje de etiqueta de Katsuki.

—¡¿Qué carajos hacen aquí tan temprano?! —gruñó Katsuki, apareciendo en el pasillo solo con pantalones deportivos y el cabello desordenado, emanando una ligera chispa de calor defensivo.

—La tradición dicta que el novio alfa no puede ver a su omega el día de la boda hasta la ceremonia —explicó Kirishima con una radiante sonrisa y los pulgares arriba—. Así que te vienes con nosotros al hotel cerca del salón para arreglarte allá. Shoto y yo somos tu escolta personal.

—Ni de chiste me voy de mi propia casa —espetó Katsuki, dando un paso atrás—. Izuku aún no ha desayunado bien y no voy a dejarlo solo con ustedes, par de idiotas.

—No estará solo —intervino Shoto con su habitual tono plano, —. Denki, Hanta y mi hermano Touya se quedan a cuidarlo y a asistirlo con su vestuario. Y en cuanto al lazo mental... ustedes tienen esa conexión que la mitad de los alfas del país envidian. Puedes hablarle por la mente todo el tiempo que quieras para cerciorarte de que no haya colapsado.

—No voy a...

—Kacchan —la suave voz de Izuku se escuchó desde la cocina. El omega salió vistiendo un bata holgada, con una taza de té entre las manos y una sonrisa en los labios—. Ve con ellos. Denki y Hanta prometieron ayudarme con los detalles finales y Touya llegará en media hora. Estaré bien. Además, si te quedas aquí, vas a intentar abrir la funda del vestido antes de tiempo.

Katsuki apretó la mandíbula. Miró a Izuku, luego al par de héroes que lo flanqueaban, y finalmente soltó un bufido de pura resignación.

—Si escucho a través del lazo que alguno de esos dos comete una estupidez, voy a volar el salón completo antes de dar el "sí" —advirtió Katsuki, mirando fijamente a Denki y Hanta.

—¡Entendido, jefe! —saludaron los dos al unísono, haciendo una reverencia exagerada.

Katsuki caminó hacia Izuku, lo tomó de la nuca con suavidad y le plantó un beso en los labios, seguido de una caricia sobre su vientre. “Más te vale no estresarte, Zuzu. Te estoy vigilando por aquí” resonó la voz del alfa directamente en la mente de Izuku.

“Estaré perfecto, Kacchan. Te veo a mediodía”, respondió el omega por el lazo, enviándole una ráfaga de calma y afecto.

Finalmente, Kirishima y Shoto se llevaron a rastras al Héroe Número Uno junto con sus cosas, dejando la casa en una paz relativa.

Las horas matutinas transcurrieron entre risas, aromas de café y los retoques finales. Dos horas antes del evento, la puerta volvió a abrirse para dar la bienvenida a Inko Midoriya, quien llegaba acompañada por Natsu, su omega, y Fuyumi.

En cuanto Inko cruzó el umbral y vio a Izuku sentado frente al espejo con el peinado listo y un toque de color natural en los pómulos, las lágrimas no tardaron en aparecer.

—¡Mi niño precioso! —sollozó la omega mayor, llevándose las manos a la boca mientras Fuyumi le pasaba un pañuelo de inmediato—. Te ves tan hermoso...

—Mamá, por favor, no llores que me vas a hacer llorar a mí también —pidió Izuku con los ojos húmedos, levantándose con cuidado para abrazarla.

Inko lo sostuvo con una ternura infinita, acariciando la curvatura de su vientre sobre la bata antes de mirar alrededor. Observó a la familia reunida: los hermanos Todoroki, los amigos de Izuku y el ambiente de calidez que llenaba el lugar. De pronto, la mujer pareció tomar una decisión y caminó hacia donde Touya estaba apoyado contra el marco de la ventana, vistiendo ya un traje oscuro ajustado.

—Touya —llamó Inko con suavidad.

El mayor de los Todoroki levantó la mirada, sorprendido por la solemnidad del tono.

—¿Qué pasa, Señora Inko?

—Quiero pedirte un favor muy especial —respondió Inko, tomando las manos del alfa—. Quiero que seas tú quien entregue a Izuku en el altar.

La sala entera se quedó en un absoluto silencio.

Touya parpadeó, completamente descolocado. Su rostro habitual de sarcasmo se desmoronó por completo, dejando al descubierto una rara expresión de desconcierto.

—¿Yo? —preguntó Touya, apuntándose el pecho con el pulgar—. Señora... soy el villano de una historia mal contada, no soy perfecto y suelo ser explosivo, demasiado protector con Izuku y con quienes considero familia, pero no sé si deba recibir tal honor. ¿Por qué no lo hace usted?

—Porque has sido su hermano mayor toda la vida —respondió Inko dulzura, mirándolo a los ojos con verdadero afecto maternal—. Has estado ahí para protegerlo, lo cuidaste cuando estuvo mal y fuiste quien corrió a su lado hace unos días sin dudarlo. Eres la persona correcta, Touya. Mi hijo te adora.

Touya miró a Izuku, quien le sonreía desde el centro de la habitación con los ojos brillantes y un asentimiento de cabeza que no dejaba lugar a dudas. El alfa trago saliva, bajó la cabeza para ocultar la pequeña sonrisa de orgullo que amenazaba con vérsele y soltó un suspiro resignado.

—Está bien —murmuró Touya—. Pero si tropiezo en la alfombra, le echaré la culpa a los zapatos. Ah... y tengo que mandarle un mensaje a Keigo rápido para decirle que lo veo directamente en la recepción, porque si llega antes se va a burlar de mí.

La frase salió de su boca de forma tan natural que le tomó tres segundos enteros darse cuenta de lo que acababa de revelar.

Denki Kaminari dio un salto en el sofá, abriendo los ojos como platos.

—¡¿KEIGO?! —gritó Denki, apuntándolo con el dedo—. ¡¿EL HÉROE HAWKS ES TU OMEGA?! ¡LO SABÍA! ¡SABÍA QUE ESA FORMA EN LA QUE SE MIRABAN EN LAS REUNIONES NO ERA POR TRABAJO!

—Cierra la boca, rubio eléctrico —gruñó Touya, sintiendo las orejas arder ligeramente mientras trataba de recuperar la compostura—. No es asunto tuyo.

—¡Pero si siempre lo negaban! —insistió Denki, acercándose con una sonrisa burlona—. Toda la comunidad de héroes decía 'no, solo somos buenos amigos de patrulla', ¡y resulta que el héroe número cinco es tu omega! ¡Eres un mentiroso, Touya!

—Denki, si das un paso más hacia mí, voy a chamuscarte ese peinado perfecto antes de que nos subamos a los autos —amenazó Touya, dejando escapar un ligero hilo de humo entre los dientes.

Hanta y Natsu se soltaron a reír sonoramente por la interacción, mientras Fuyumi negaba con la cabeza con una sonrisa divertida. La tensión y los nervios del evento se disiparon por completo en esa linda y caótica escena familiar.

Una hora antes del mediodía, Izuku finalmente se colocó el vestido de corte imperio. La tela marfil caía con una elegancia sublime, abrazando suavemente su pecho y dejando que la falda se abriera con fluidez justo por encima de su vientre, celebrando la nueva vida que llevaba dentro en lugar de ocultarla. El broche de plata que le había regalado su madre brillaba con discreción cerca de su corazón.

Todos los presentes se quedaron sin aliento al verlo salir. Estaba listo.

Subieron a los automóviles asignados y emprendieron el trayecto hacia el salón donde se llevaría a cabo la boda íntima.

El jardín privado donde se celebraba la ceremonia estaba decorado con flores de cerezo, telas de tono crema y una vista espectacular a las montañas. Solo estaban presentes los amigos más cercanos, los colegas de confianza y la familia.

En el altar, Katsuki parecía una estatua esculpida en mármol. Vestía un traje de gala negro diseñado a la medida que resaltaba su figura imponente. Sus manos estaban ligeramente cruzadas al frente y su mirada fija en la entrada del pasillo principal. A través del lazo, la anticipación y el pulso acelerado de ambos creaban una melodía constante de ansiedad y emoción.

Entonces, la música suave comenzó a sonar.

Las puertas del jardín se abrieron e Izuku apareció en el pasillo, sostenido del brazo de Touya.

La reacción de Katsuki fue inmediata e incontrolable.

El Héroe Número Uno, el alfa implacable y temido por los villanos, sintió que el mundo entero se detenía. Sus ojos carmesí se dilataron por completo al ver a Izuku. La forma en que la luz del sol golpeaba la tela del vestido, la gracia con la que caminaba y, sobre todo, la hermosa y orgullosa curvatura de su vientre que ahora lucía sin reservas, hicieron que a Katsuki se le fuera el aire de los pulmones.

Sus labios se entreabrieron ligeramente y, sin poder evitarlo, los ojos del alfa se llenaron de un brillo acuoso. Un jadeo reprimido se escuchó entre los invitados de las primeras filas al notar la expresión de absoluta devoción en el rostro de Dynamight.

“Te ves... jodidamente hermoso, Izuku”, susurró la voz de Katsuki en la mente de Izuku, cargada de un amor tan denso que hizo que al omega le temblaran las piernas.

Touya guio a Izuku hasta el altar con paso firme. Al llegar frente a Katsuki, el alfa mayor soltó la mano de su hermano adaptativo y miró a Katsuki a los ojos con una mortal seriedad.

—Si lo haces llorar de dolor una sola vez, la explosión que tuviste en la ciudad va a parecer un juego de niños comparada con lo que te voy a hacer —murmuró Touya en tono bajo.

—Ni en tus sueños, llamitas —respondió Katsuki con voz áspera, tomando la mano de Izuku con una delicadeza extrema, como si sostuviera el tesoro más valioso del universo.

El oficiante comenzó la ceremonia, pero para la pareja, el resto del mundo se había vuelto un murmullo distante. Solo existían ellos dos y el pequeño latido que resonaba entre sus aromas combinados.

Llegó el momento de los votos.

Izuku tomó aire, mirando directamente a los ojos rojos que lo observaban con tanta intensidad.

—Katsuki... —empezó Izuku, con la voz ligeramente temblorosa, era tanta la felicidad de su momento —. Durante mucho tiempo pensé que el amor era algo complicado, algo por lo que tenía que luchar hasta quedar exhausto. Pero contigo aprendí que el amor verdadero es un refugio. Eres mi fuerza cuando siento que caigo, eres la tormenta que me protege y el alfa más dedicado que pude haber deseado para nuestro hijo. Te prometo amarte en cada victoria, en cada cicatriz y en cada día de nuestra vida. Mi corazón y mi alma son tuyas, Kacchan.

Katsuki tragó el n**o que tenía en la garganta. Apretó las manos de Izuku y dio un paso más cerca, sin importarle que la audiencia entera los estuviera mirando.

—Izuku —la voz de Katsuki resonó grave y profunda en el jardín—. Nunca he sido bueno con las palabras suaves y tú lo sabes mejor que nadie. Soy ruidoso, soy impulsivo y a veces soy un dolor de cabeza. Pero desde que entraste a mi vida, entendí que no hay ningún título, ninguna victoria ni ninguna medalla que valga nada si no estás tú a mi lado para compartirla. No te prometo una vida tranquila, porque sabemos que eso es imposible con nosotros... pero te prometo que nunca más vas a tener que sentirte solo. Voy a ser el escudo de esta familia. Voy a protegerte a ti y a nuestro cachorro con cada gota de mi sangre. Eres mi omega, mi único hogar, y te voy a amar hasta el último aliento de mi vida.

Varias personas en la audiencia soltaron sollozos ahogados, incluida Inko, quien se apoyaba en el hombro de Natsu mientras se secaba las lágrimas.

—Los declaro Alfa y omega —anunció el oficiante con una sonrisa—. Puede besar a su omega.

Katsuki no esperó ni un segundo. Rodeó la cintura de Izuku con ambos brazos, lo pegó a su cuerpo y lo besó con una pasión y una ternura que sacudieron el lazo mental por completo. Izuku le correspondió el beso, pasando los brazos alrededor de su cuello mientras los aplausos y vitoreos de los presentes estallaban en el lugar.

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¡Se nos casaron!

¡Esto es tan hermoso!

La imagen fue tomada de pinteres si conoces al creador déjamelo en los comentarios

Skadi

Registro del Oráculo: El legado caidoCapítulo 33La graduación de Katsuki llegó antes de lo que cualquiera esperaba.Izuku...
18/09/2026

Registro del Oráculo: El legado caido

Capítulo 33

La graduación de Katsuki llegó antes de lo que cualquiera esperaba.

Izuku estaba mas que emocionado, Katsuki por fin cumplía la mayoría de edad y tambien le había ofrecido compartir departamento, Izuku ya con dos años siendo héroe podía costarse su propio departamento, aunque vivía cerca del departamento de Yagi.

Era un departamento de tres habitaciones, una de ellas era su estudio, en una pared tenia un pizarrón con varios recortes pegados, sobre los movimientos de la liga y principalmente de Kurogiri, no se iba a rendir, sabia que algún día lo traería de vuelta.

—No perderé la esperanza… Oboro — murmuró Izuku.

En ese momento su teléfono sonó, vio que era un mensaje de Yagi.

“Llegaras tarde y el joven Bakugo no te perdonara si llegas tarde”

Izuku leyó el mensaje dos veces antes de que el pánico terminara de asentarse.

—Mierda —masculló, guardando de golpe los recortes que tenía esparcidos sobre el escritorio, como si Yagi pudiera verlo a través del teléfono y juzgarlo por el desorden—Mierda, mi**da, mi**da.

Se cambió en tiempo récord, algo de los años como Requiem y después como héroe con licencia le habían enseñado a hacer sin pensar. Cuando salió del departamento, la primavera ya empezaba a sentirse en el aire de Musutafu, con los cerezos del parque cercano soltando los primeros pétalos sobre las banquetas.

Llegó al auditorio de la UA con el tiempo justo, colándose entre las últimas filas de asientos reservados para "invitados especiales" que tanto odiaba, y que Yagi insistía en conseguirle cada vez que podía.

—Pensé que no llegabas —susurró Yagi a su lado, sin apartar la vista del escenario.

—Casi no llego —admitió Izuku, todavía recuperando el aliento—. ¿Ya pasó su nombre?

—Faltan dos antes que él.

Izuku se acomodó en el asiento, con el corazón latiéndole con una fuerza que no tenía nada que ver con la carrera que acababa de hacer. Miró hacia el escenario, hacia la fila de estudiantes de último año esperando su turno, con los uniformes impecables y esa mezcla de nervios y orgullo que solo se ve una vez en la vida.

La ceremonia era distinta a las de años anteriores. Más sobria, sí, pero también más honesta. La nueva Comisión había insistido en reducir el espectáculo mediático que solía rodear las graduaciones de la UA demasiados recuerdos incómodos de una época que la mayoría prefería dejar atrás, y en su lugar, lo que quedaba era algo más parecido a lo que Izuku imaginaba que debía haber sido siempre: estudiantes, familias, profesores, sin cámaras compitiendo por el mejor ángulo.

—Bakugo Katsuki.

El nombre resonó por los altavoces, y algo en el pecho de Izuku se apretó de una manera que no supo nombrar del todo.

Katsuki subió al escenario con esa caminata segura que nunca había cambiado, ni siquiera en los peores días, ni siquiera cuando todo a su alrededor se caía a pedazos. Recibió el certificado de manos del director, un intercambio breve, y por un segundo, giró la cabeza hacia el público.

Izuku sabía, sin ninguna duda, que estaba buscándolo a él.

Cuando sus miradas se cruzaron, Katsuki no sonrió. Nunca lo hacía frente a tanta gente, pero algo en su expresión se suavizó lo suficiente para que Izuku lo notara, y para que el aplauso que soltó sonara más fuerte que el de cualquier otra persona en esa fila.

Después, entre la multitud de familias tomando fotografías y estudiantes despidiéndose de profesores, Katsuki lo encontró primero, abriéndose paso entre la gente sin ninguna delicadeza.

—¿Y bien? —preguntó, con los brazos cruzados y esa expresión que fingía indiferencia y no engañaba a nadie—. ¿Lloraste?

—Un poco —admitió Izuku, sin vergüenza—. Felicidades, Kacchan.

Katsuki resopló, pero no se apartó cuando Izuku lo abrazó ahí mismo, frente a compañeros, profesores, y un par de padres que voltearon a verlos con curiosidad. A esas alturas, nadie en la UA fingía ya no saber lo que había entre ellos.

—Ya no soy un estudiante —dijo Katsuki, contra su hombro, en voz baja, solo para él—. Así que ya no tienes excusa para seguir tratándome como un crío.

—Nunca te traté como un crío.

—Mentiroso.

Se separaron cuando sus compañeros Mina y Kirishima llegaron corriendo, gritando felicitaciones que Katsuki recibió con su falta de tacto habitual, y por unos minutos, Izuku se quedó un paso atrás, observando. Observando a Katsuki reír con sus amigos, a Aizawa acercarse a estrechar su mano con esa seriedad que era, en él, la forma más alta de orgullo, a Yagi limpiándose disimuladamente los ojos por segunda vez en el día.

Todo aquello, pensó Izuku, era exactamente lo que había querido proteger cuando decidió arriesgarlo todo. No solo la verdad. No solo la justicia tardía para su madre. Esto. Momentos como este, ordinarios, ruidosos, llenos de gente que se quería.

Más tarde, cuando el bullicio de la ceremonia se disolvió en la tarde y ya caminaban juntos hacia la salida del campus, Katsuki caminó en silencio un rato, con las manos en los bolsillos se había quitado la corbata a medio camino.

—Hoy cumplo dieciocho —dijo, como si Izuku pudiera haberlo olvidado.

—Lo sé —respondió Izuku, con una sonrisa pequeña—. Lo tengo marcado en el calendario desde hace meses.

—Ya no hay ninguna excusa, entonces.

—¿Excusa para qué?

Katsuki se detuvo bajo uno de los cerezos del camino, con los pétalos cayendo despacio a su alrededor, y por primera vez en todo el día, algo parecido a la incertidumbre le cruzó el rostro.

—Para dejar de fingir que lo nuestro es solo... esto —dijo, señalando el espacio entre ambos con un gesto vago, frustrado consigo mismo por no encontrar mejores palabras—. Para que cuando te pregunten qué eres para mí, puedas responder algo que no suene ilegal.

Izuku sintió que el aire se le quedaba atorado en el pecho.

—Kacchan...

—No es una declaración cursi, así que no pongas esa cara —se apresuró a aclarar Katsuki, con las orejas ligeramente rojas—. Solo digo que... ya no tienes que esperar. Yo tampoco. Podemos dejar de actuar como si esto fuera algo que hay que ocultar o medir con cuidado.

Izuku no dijo nada de inmediato. Solo alcanzó su mano, entrelazando los dedos con los de Katsuki, ahí mismo, a plena luz del día, sin que le importara quién pudiera verlos.

—Ya no voy a esperar nada más —dijo finalmente—. Feliz cumpleaños, Kacchan.

Katsuki no respondió con palabras. Simplemente apretó la mano un poco más fuerte, y siguieron caminando juntos, bajo los cerezos, hacia el departamento que muy pronto compartirían de verdad.

—¿Tus padres están de acuerdo con esto?

—¿Bromeas? Mi madre esta investigando a una persona cuyo don puede darnos hijos.

—¿Qué? —Izuku se detuvo en seco, con la cara ardiéndole de golpe—. Kacchan, espera, ¿qué?

—Cálmate, no es lo que crees. —Katsuki puso los ojos en blanco, tirando de su mano para que siguiera caminando—. Es mi madre. Desde que se enteró de que íbamos a vivir juntos empezó con que quiere nietos antes de morirse, como si tuviera setenta años y no cuarenta y tantos.

—Pero... dijiste que está investigando a alguien con un don que...

—Si se metió a un foro de dones hace dos semanas y ahora se cree experta —lo cortó Katsuki, con una mueca de resignación absoluta—. Le dije que no, por si te lo preguntas. Como cuatro veces. No sirvió de nada.

Izuku soltó una risa nerviosa, más por el alivio que por gracia.

—O sea que no es algo que tú...

—No dije que no algún día —respondió Katsuki, sin mirarlo, con las orejas otra vez rojas—. Dije que no ahora. Apenas acabo de graduarme, apenas vamos a vivir juntos, y tú todavía tienes media Liga suelta y una promesa pendiente con un tipo hecho de niebla. Tenemos suficiente en la lista antes de pensar en... eso.

—Eso —repitió Izuku, con una sonrisa que no pudo contener—. Qué forma tan romántica de decirlo.

—Cállate, nerd, o le digo a mi madre que tú estás igual de interesado y te va a acosar a ti también.

—¡No, no, está bien, ya entendí, cero prisa! —Izuku levantó las manos, genuinamente alarmado, y Katsuki se rió por primera vez en todo el día, un sonido corto y sincero que hizo que a Izuku se le olvidara por completo el pánico anterior.

━━━━━━ ◦ ❖ ◦ ━━━━━━

La entrega de la agencia fue mucho más silenciosa que cualquier ceremonia oficial.

Yagi lo citó una tarde, después de la hora de cierre, cuando ya no quedaba nadie en el edificio salvo ellos dos y la luz anaranjada que entraba por las ventanas altas.

—Ya no puedo dirigir esto y ayudar a la Comisión al mismo tiempo —dijo, con la sinceridad cansada de un hombre que llevaba demasiados años cargando más de lo que un cuerpo debería soportar—. Y aunque pudiera, no querría. Este lugar necesita a alguien que entienda lo que significa cargar un legado sin dejar que lo aplaste.

Le entregó una carpeta con documentos, y encima de ella, algo más pequeño: una fotografía vieja, de un joven rubio sonriendo junto a un edificio recién inaugurado, décadas atrás.

—Quiero que la agencia siga en pie —continuó Yagi—, pero con tu nombre.

Izuku miró la fotografía largo rato.

—¿Y si no soy suficiente?

—Nadie lo es, al principio —respondió Yagi, con una sonrisa que arrastraba muchos años de la misma duda—. Yo tampoco lo fui. Pero aprendes. Y tienes algo que yo no tuve al empezar.

—¿Qué cosa?

—Alguien que no te va a dejar rendirte. —Yagi miró hacia la puerta, donde Katsuki esperaba, fingiendo no estar escuchando—. Aunque sea insoportablemente terco al respecto.

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Por fin todo esta en su lugar, o casi todo

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Skadi

📜✨ Mis amados Guardianes del Oráculo ✨📜Los tengo súper abandonados…Han sido días complicados y apenas estoy recuperando ...
18/09/2026

📜✨ Mis amados Guardianes del Oráculo ✨📜

Los tengo súper abandonados…
Han sido días complicados y apenas estoy recuperando mi ritmo, pero ya vuelvo poco a poco a ustedes.Quiero compensarlo, así que díganme:

¿Qué les gustaría leer?

Voy programando todo para la próxima semana
y así el Reino vuelve a moverse como debe.

Los quiero mucho

Skadi

PD: La hermosa imagen pertenece a mofu_3ktdk de X.

Registro del Oráculo: El tesoro del reyCapitulo 24El muelle de madera vieja crujía suavemente bajo el peso de Katsuki, u...
18/09/2026

Registro del Oráculo: El tesoro del rey

Capitulo 24

El muelle de madera vieja crujía suavemente bajo el peso de Katsuki, una melodía rítmica que se amortiguaba contra el murmullo incesante de las olas. Estaba sentado en el borde, con las piernas colgando hacia el abismo azul, tan cerca del agua que las puntas de sus botas casi rozaban la superficie con cada elevación de la marea.

El sol de media tarde, pintaba el océano de un dorado que encendía la espuma de los arrecifes cercanos. Ahí, a apenas unos metros de la orilla, Izuku rompía la superficie una y otra vez. El cabello verde le caía pegado a la frente y en sus labios descansaba una sonrisa viva, brillante y desprovista de sombras; una expresión que Katsuki no recordaba haberle visto jamás antes de pisar el suelo protegido de aquella isla. Era la sonrisa de alguien que acababa de recordar lo que significaba respirar sin miedo.

—¡Kacchan, mira! —exclamó Izuku, alzando la voz por la distancia que los separaba.

Se sumergió de golpe, desapareciendo un instante bajo el agua cristalina, para volver a salir segundos después en un majestuoso giro. Su cola, larga, poderosa y cubierta de escamas iridiscentes, emergió del agua en un arco perfecto, destellando en tonos verdes y esmeraldas que competían con el color de sus propios ojos antes de golpear el agua nuevamente.

—Puedo saltar muy alto —agregó Izuku al emerger, limpiándose el agua del rostro con la mano—. El agua aquí es distinta... se siente viva, Kacchan. No pesa.

—Presumido —respondió Katsuki, dejando salir un bufido desde la garganta. Sin embargo, la palabra le salió totalmente desprovista de filo, suave y tibia, casi como una caricia envuelta en brisa salada.

Izuku nadó hacia el muelle, arrastrando tras de sí una estela de plata. Se sostuvo del borde de madera mojada con los brazos cruzados, apoyando la barbilla sobre los antebrazos para mirarlo desde abajo. Tenía esa expresión específica que Katsuki ya había aprendido a identificar como sumamente peligrosa: la ceja ligeramente alzada, las pecas resaltando sobre la piel húmeda y esa mirada cargada de una intención juguetona, la de cuando Izuku quería algo y sabía perfectamente qué hilos mover para conseguirlo.

—Entra conmigo —pidió, inclinando la cabeza.

—Estoy vestido, Zuzu —respondió Katsuki, señalando con la barbilla su propia ropa.

—Por eso te lo digo. Quítate la ropa.

Katsuki resopló con fuerza, poniendo los ojos en blanco, pero sus manos ya se estaban moviendo casi por instinto hacia los botones de la camisa. Se la sacó por la cabeza sin ninguna elegancia particular, arrugándola antes de dejarla caer sobre la madera seca del muelle junto a sus botas y su cinturón. La brisa marina le golpeó de lleno el pecho desn**o, erizándole la piel de inmediato.

Cuando volvió a bajar la vista hacia el agua, la travesura en el rostro de Izuku se había disipado por completo. Ahora lo miraba fijamente, en silencio, con una devoción tan desnuda y absoluta que a Katsuki se le cortó la respiración por un segundo. Le miraba como si la figura ruda y llena de cicatrices que tenía enfrente fuera lo único real y valioso que existía en todo el planeta.

—Ven aquí —pidió Katsuki en voz baja, agachándose en la orilla del muelle para tenderle una mano.

Izuku no necesitó la ayuda. Salió del agua de un solo impulso, impulsado por la fuerza colosal de su cola de tritón. La potencia de su anatomía marina todavía lograbas sorprender a Katsuki cada vez que la presenciaba en primera fila. Antes de que el rubio pudiera reaccionar o erguirse, sintió las manos frías, húmedas y delgadas de Izuku enmarcándole el rostro con desesperada ternura.

El beso llegó sin aviso previo: fue breve, húmedo, cargado del sabor a salitre y de una contundencia que le hizo dar un vuelco al corazón de Katsuki. Un segundo después, el centro de gravedad del mundo se inclinó drásticamente. Izuku tiró de él hacia adelante con una fuerza aplastante y ambos cayeron al agua entre una explosión de espuma blanca.

El choque con el océano fue un sacudón helado que dio paso de inmediato a una frescura reconfortante. Durante unos instantes, sumergido en la penumbra bajo la superficie, Katsuki solo pudo ver una danza confusa de burbujas ascendentes y el destello esmeralda de la cola de Izuku moviéndose a su alrededor con una gracia hipnótica. Sintió las manos del peliverde buscar sus hombros, sujetándolo y sosteniéndolo a flote con una facilidad imposible para un humano.

Cuando ambos sacaron la cabeza a la superficie, rompiendo la lámina de agua para tomar aire, la risa de Izuku ya se había extinguido. Sus rostros quedaron a milímetros de distancia, meciéndose al ritmo suave de las olas.

—Kacchan —murmuró Izuku. Su voz no sonaba igual que en la tierra; en medio del mar adquiría un matiz distinto, más denso, vibrante y suave, como un canto—. Quiero que intentes algo conmigo.

—¿Qué cosa? —preguntó Katsuki, parpadeando para quitarse la sal de los ojos mientras pataleaba para mantenerse erguido.

—Respira. Aquí abajo.

Katsuki lo miró con el ceño fruncido, como si al peliverde le hubiera salido una segunda cabeza o como si le estuviera pidiendo que a él mismo le creciera una cola de escamas de la noche a la mañana.

—¿Estás loco? Me voy a ahogar.

—Confía en mí —insistió Izuku, acortando la distancia. Volvió a tomarle el rostro con ambas manos, esta vez sin la prisa del juego anterior, con un toque suave y pausado que transmitía una calma absoluta—. Nunca se lo he mostrado a nadie en toda mi vida. Es un secreto de nuestra especie... Un regalo que solo se le otorga a las personas que queremos lo suficiente como para entregarles nuestra alma.

No le dio tiempo a preguntar nada más, ni a procesar el peso de sus palabras. Izuku enlazó sus dedos detrás del cuello de Katsuki y lo hundió con él hacia las profundidades, despacio, sin soltarlo ni un solo milímetro.

Descendieron un par de metros en la claridad del arrecife. Justo en el momento en que el instinto primario de Katsuki comenzó a gritar en su mente que el oxígeno se agotaba y que sus pulmones necesitaban aire, sintió algo extraordinario. Una calidez profunda, casi mística, comenzó a extenderse desde el pecho. Era una pulsación invisible, un lazo acuático que parecía envolverlos en una burbuja de energía tibia. El mar, frío y sofocante por naturaleza para un humano, dejó de sentirse como un obstáculo agresivo.

Izuku le sostuvo la mirada bajo el agua, sus ojos verdes brillando con una luz casi divina en medio de la penumbra marina, y le hizo un gesto sutil con la cabeza.

Katsuki, vencido por la fe ciega que le tenía a ese tritón, abrió la boca esperando el inevitable colapso, el agua inundando sus pulmones y la agonía del ahogamiento.

Pero no pasó nada de eso.

El agua marina entró y salió de sus pulmones suavemente, sin dolor, sin ardor, transformándose en una sensación pura de vida. Podía respirar. El mar se sentía dulce, tibio y denso, llenando su pecho con una soltura que desafiaba toda lógica humana. Era como si el océano mismo hubiera aceptado a Katsuki por mediación de Izuku, reconociéndolo como parte del mundo al que el tritón pertenecía.

Durante minutos que parecieron congelarse en el tiempo, se quedaron allí abajo, suspendidos en el azul. Katsuki extendió una mano y tocó la mejilla de Izuku, maravillado por la textura de su piel bajo el agua y por la forma en que sus cabellos flotaban como algas finas. Izuku sonrió contra sus labios, un beso bajo el mar que no necesitaba aire para existir, sellando un pacto silencioso que la tierra jamás podría entender.

Cuando finalmente salieron a la superficie impulsados por la cola de Izuku, rompiendo el agua, Katsuki tenía la respiración agitada y el pecho agitado por razones que no tenían nada que ver con la falta de oxígeno. El corazón le golpeaba las costillas con una fuerza salvaje.

Izuku lo miraba fijamente, flotando a su lado, con una esa mezcla adorable de nerviosismo, expectación y un orgullo tan puro que lo hacía ver, si acaso, infinitamente más hermoso de lo que ya era.

—¿Qué... qué clase de mi**da fue esa? —logró formular Katsuki, tratando de asimilar el milagro que acababa de presenciar.

—Un secreto —respondió Izuku en un susurro, acercándose hasta apoyar su frente húmeda contra la Katsuki, dejando que sus alientos se mezclaran en el aire fresco de la tarde—. La bendición del mar. Solo se puede compartir con quien tiene tu corazón por completo... Uno que solo tú conoces, Kacchan.

Katsuki no respondió con palabras. Se limitó a rodear la cintura del tritón con un brazo posesivo, pegándolo a su cuerpo mientras el sol terminaba de hundirse en el horizonte, tiñendo el agua de un rojo purpúreo que presagiaba la llegada de la noche.

—Te amo.

Horas más tarde, la calma reinaba en la pequeña y rústica casa de madera construida en la parte alta de la isla. La cena había terminado hacía rato y el lugar olía a una reconfortante mezcla de salitre, pescado asado con hierbas y el aroma dulzón de las velas de cera de abeja que Izuku insistía en encender en cada rincón cada vez que caía la noche, alegando que la luz artificial arruinaba la magia del santuario.

Izuku estaba en la cocina, tarareando una suave melodía, mientras lavaba los platos. Katsuki lo observaba desde la mesa de la sala, descansando los brazos sobre la madera. El peliverde vestía una túnica holgada y blanca que le llegaba a los muslos, dejando al descubierto sus piernas humanas, que aún se veían un poco torpes al caminar tras pasar tantas horas con su verdadera forma en el mar. Sin embargo, en sus ojos no había rastro trauma del pasado; solo había paz.

Un par de golpes en la puerta de entrada rompieron abruptamente la atmósfera hogareña.

—¿Quién es Kacchan?

—Debe ser Koichi o Kudo — respondió Katsuki poniéndose de pie.

Se levantó y camino hacia la puerta, del otro lado se encontró justamente con los dos mencionados.

—Hola, ¿puedo hablar con Izuku? — saludó Yoichi — Kudo debe informarte algo.

—Pasen —respondió Katsuki, haciéndose a un lado para dejarlos entrar.

Yoichi cruzó el umbral con una sonrisa apacible, a su lado, Kudo entró dedicando una inclinación rápida de cabeza a modo de saludo.

Al escuchar los pasos, Izuku salió del pequeño espacio de la cocina secándose las manos con un paño.

—Yoichi, Kudo —los saludó Izuku—. Qué bueno verlos. ¿Quieren un poco de té? Acabo de calentar agua.

—Te lo agradecería mucho, Izuku —respondió Yoichi, acercándose a la mesa para tomar asiento—. La brisa de la costa viene helada esta noche.

—Si lo sé, pero me encanta estar aquí.

Kudo le dirigió una mirada disimulada a Katsuki y le hizo un gesto casi imperceptible con la cabeza hacia el exterior. Katsuki entendió al instante: había algo urgente que discutir, algo que era mejor mantener al margen de Izuku para no alterarlo.

—Acompaño a Kudo afuera un momento a revisar las amarras del muelle —dijo Katsuki con voz tranquila, fingiendo despreocupación mientras se colocaba la chaqueta—. Tú quédate aquí con Yoichi y tómense el té. No nos tardamos.

Izuku asintió sonriendo, sin sospechar absolutamente nada.

—Está bien, Kacchan, no te me congeles allá afuera.

Katsuki y Kudo salieron a la noche. Una vez que la puerta de madera se cerró tras ellos y avanzaron lo suficiente hacia el sendero de rocas donde el rugido de las olas tapaba sus voces, el tono de Kudo cambió drásticamente.

—Me envia Yagi con una noticia no muy buena.

—¿Qué sucede?

—Uno de los nuestros se encontraba en un restaurante de Tokio, Enji esta buscando personas que lo puedan ayudar a localizar a su “joya de la corona”

—Ese infeliz no sabe cuándo rendirse —gruñó Katsuki, apretando los puños.

—La red de Enji es vasta, Katsuki —continuó Kudo, con la mirada clavada en la penumbra del sendero—. Está moviendo influencias y sumas de dinero exorbitantes en el bajo mundo de Tokio. Al parecer, las pistas que dejó la huida de Izuku lo tienen desesperado.

Katsuki dirigió una mirada fugaz hacia la ventana iluminada de la casa. A través del cristal, se alcanzaba a ver la figura de Izuku, sirviéndole sonriente una taza de té a Yoichi. La simple imagen de su vulnerabilidad, de esa paz que tanto trabajo les había costado construir, le apretó el corazón a Katsuki.

—No va a tocarlo. Prefiero quemar a Enji y a toda su dinastía antes de que vuelva a ponerle un solo dedo encima a Izuku —sentenció el rubio, con la voz grave, helada y destructiva.

—Y por eso mismo necesito que vengas conmigo—dijo Kudo solemnemente—. Tenemos que coordinar nuestro actuar, la ventaja es que sabemos donde se encuentra Enji y sabemos que perdió mucho cuando sacamos a Izuku de su isla, debemos aprovechar ahora.

Katsuki dudó un segundo, sintiendo el impulso visceral de no despegarse de Izuku ni un solo metro. Pero sabía que la verdadera protección exigía cortar la amenaza antes de que se acercara.

—Yoichi mantendrá a Izuku distraído y tranquilo en la casa —añadió Kudo, leyendo sus pensamientos—. Él no debe sospechar absolutamente nada de esto. Si Izuku descubre que Enji está pisándonos los talones, el pánico quebrará su equilibrio y sus curaciones se vendrán abajo.

Katsuki apretó la mandíbula hasta que le dolió la cabeza y asintió.

—Bien, es tiempo de acabar con ese bastardo.

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La verdad el tema del drama pendiente siento que será muy cortó.

¿alguien aun recuerda esta historia o ya la olvidaron?

La imagen le pertenece a comacomaVlog

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