15/04/2024
Queridos Human@s del Facebook, les comparto esta columna que estuve escribiendo durante la semana para que todos continuemos expandiéndonos.
La fuerza expansiva de la consciencia
Por Julio D. Gómez Trens
¿Qué cosa es una boda? Me pregunté mirando a Santiago y a Mónica en el altar cuando inició la ceremonia. —Claro pues, dos personas se unen para formar un nuevo núcleo familiar,— pero sucede que hay mucho más implicado en aquel cuadro; una persona no es simplemente una persona, cada uno de nosotros lleva a cuestas el complejo entramado de relaciones y herencias que conforman nuestra historia y la del linaje que representamos. Eres tú, tu pasado y tu presente, todo de lo que eres consiente y todo lo que te queda por descubrir de ti mismo; toda la potencialidad de tus talentos, de tus sueños y de tus relaciones junto con toda la información que llevas de las generaciones y generaciones de humanos que precedieron tu existencia. Todo este gran tesoro de información que corre a través de tu ADN incluye lo más brillantes y lo más oscuro de tu complejidad humana.
Cuando se unen dos personas, me di cuenta, el universo se está expandiendo a sí mismo en un nueva ecuación para perfeccionar un linaje, una especie, un planeta, un tiempo, una realidad… y quizá por eso sea que nos conmueve tanto la escena del altar y los votos; porque no importa desde que fila estemos mirando la ceremonia; una parte de ti, de tu historia y de la de todos nosotros está siendo representada en esa unión donde la especie a la que pertenecemos apuesta todo para dar un paso hacía adelante; Se unen las familias, se unen las amistades, se unen las historias y eso expande la realidad de toda la especie a través de un estallido exponencial de posibilidades.
—Esa es la fuerza expansiva del amor.— me dije, la que mueve todo para celebrar un paso hacía la evolución, para seguir construyendo el universo con la convicción de aquello que proviene de un lugar más allá de lo humano y que se dispone a continuar recorriendo esta escalinata de posibilidades infinitas a la que llamamos vida.
Aquello, lo que algunos llaman dios, la conciencia o el universo, no se encuentra estático en algún lugar lejano — aunque proviene de algo más allá de la experiencia— se encuentra inherentemente implicado en cada uno de los seres; consientes e inconscientes, animados e inanimados ya que, dentro de la experiencia, es sólo por el observador que existe lo observado. Ese observador consiente es el que se da cuenta de ser una parte de algo más grande.
Recordando la palabras de mi amigo Spooky: “Dios, es el Dios que hacemos”. Al experimentar la individualidad, cada ángulo de la conciencia se vuelve responsable de su participación dentro del todo, es decir que cada acción individual representa un porcentaje de la acción de Dios. Decimos que Dios nos da la vida, porque Dios es tu madre y es tu padre, así como tus amigos, conocidos y por supuesto… tú mismo.
En las lenguas originales a las que me he acercado noté hace poco; la fé, no es la fé que uno le tiene a dios sino, la fe que Dios le tiene a uno. Dios, el universo, la conciencia, etc. Pone a disposición de cada uno de nosotros todos los recursos necesarios para que sobrevivamos y nos desarrollemos — El universo te apuesta fichas— me dijo Atzimba — y mientras más respondas más fichas apuesta por ti.—
Cuando decides observar lo observado (la vida) desde la perspectiva del Dios en ti, Dios despierta y al darse cuenta de la realidad, suscita el amor —La conciencia se percata de ser parte de algo más grande que su perspectiva individual (su ego) y de que todo está unificado,— con esta conciencia aparece un irrevocable sentido de responsabilidad; donde la individualidad es confrontada al darse cuenta de que su existencia no es sólo para si, al amar hay un momento donde se deja atrás el querer al otro para uno y se da paso al quererse uno para el otro .— Ese amor, que es el amor de Dios, al observarse se hace más grande porque lleva consigo el amor de quien lo observa.
El juego, identifico hoy, es mantenerse consciente de ello la mayor cantidad de tiempo posible; cada vez que actúas, eres Dios actuando.