19/01/2026
CARTOGRAFÍA DE PATRICIA IRIARTE (5)
VII. La naturaleza como maestra
A partir de LOS CUARTOS DE LA CASA , la poesía vira hacia una profunda contemplación de la naturaleza como fuente de sabiduría y de revelación espiritual.
YO, ÁRBOL
Tú y yo estamos hechos
de los mismos materiales:
luz y agua
tierra en las uñas de los pies
y aire para la música
que escapa entre mis hojas.
Somos parte de los mismos
pájaros que vienen
a alimentarse de los frutos.
hijos de la misma madre
hermanos de sangre vegetal.
Te duelo y me dueles cuando te apuñalan
como si fuera yo mismo quien recibe
el hacha en su costado.
Esta visión panteísta establece una relación de hermandad entre los seres humanos y el mundo vegetal.
Los poemas de esta etapa revelan una búsqueda espiritual evidente, que mezcla prácticas de meditación, imágenes de ascenso interior y la noción del silencio como conquista. La poesía aparece como puente hacia esa interioridad esquiva.
MEDITACIÓN
Cómo acallar, me pregunto
estas voces que cubren
por igual mis horas de sueño y de vigilia.
Cómo calmar el agobio
por tantos pensamientos.
Cómo olvidar el dolor
cómo ignorar la alegría
cómo burlar los deberes
la vanidad, el miedo
la soledad, el deseo
las emociones que somos
desde el primer soplo de existencia.
He perseguido ese instante
una y otra y otra vez
ese tesoro de silencio
que aún se escapa.
Pero a veces, entre un intento
y otro, ocurre la poesía.
VIII. La casa, microcosmos social y emocional
La sección Los cuartos de la casa amplía la mirada hacia lo doméstico y revela la casa como territorio simbólico. Pero no como un espacio idílico: es permeado por el entorno social. En un pasaje notable, la poeta señala cómo los vigilantes de los edificios frente a su casa observan permanentemente su vida. El hogar es refugio, pero también escenario de vigilancia y de lecturas sociales sobre el cuerpo femenino.
En este sentido, Iriarte aporta una reflexión antropológica sobre la vida cotidiana en ciudades latinoamericanas donde lo privado y lo público están en perpetuo roce. La casa, más que un techo, es un organismo vivo, un espejo emocional.
POEMA DE LA CASA
Llueven mangos. Todo el día caen en mi patio hermosos mangos olorosos, sensibles, amables, tiernos... como el corazón de Gómez Jattin.
Ese patio en el que caen es de la casa en la que habito, que no es mía pero parece hecha por mí en mis pensamientos. Ahora espero hacerla por dentro con mis manos, con más plantas que cosas, una hamaca azul y tres asientos. Esta casa que ahora, con todo mi menaje, tiene grupos de tareas por todos lados: cuadros por poner, cosas qué ordenar, qué regalar, qué desechar, qué reciclar… Esta casa que está llena de verbos por conjugar, de colores por combinar, de zonas de sonido y de silencio. De pequeños altares. De novedades, de recuerdos.
Espacio rodeado de mundos, de ritmos, de otros, de calles, de pregones, de pájaros y ardillas coloradas que hacen su circo entre cables y ramas de robles, mangos y otras especies. Rodeada de miradas, de vecinos, de saludos que se convierten en redes y relaciones necesarias.
La casa no está en una cuadra, es propiedad de la cuadra. Largo tiempo deshabitada y repentinamente recuperada, todos estaban pendientes de cómo quedaría y de quién llegaría a vivir allí.
Mujer sola. Un detalle propicio para jugosos argumentos relacionados con quién llega y quien sale, cuanto se demora y otros detalles como los pedidos que se hacen a la tienda o el tipo de carro en que llegan mis visitas. Todo esto lo ven las veinticuatro horas del día los cuatro ojos de los dos vigilantes de los edificios que quedan justo enfrente. No puedo escapar a su presencia permanente –la de sus ojos- sobre la acera de mi casa.
Mi casa, la que se cuida a sí misma, la que disfruta estando a solas cuando no estoy y ella puede espiar todas mis cosas. Mi casa, la de ligeras cortinas, la ajena, la de todos, la que me recibe. La que bien sabe atesorar mi soledad.
IX. Hacia una estética de la luz: madurez espiritual
Cuarto creciente y Sala de visitas revelan la etapa más contemplativa y madura de Iriarte. Evidencian una exploración del inconsciente, del miedo y de la memoria más profunda. La poeta funda una ética de la vida, donde el amor se convierte en fuerza de preservación y donde la Tierra aparece como madre espiritual:
SON ASOMBROSOS LOS DÍAS QUE TRANSCURREN
El orgullo y la vanidad claudican.
La entrega y el sacrificio recuperan estatus.
Lo entienden por igual depredadores naturales y especies pacíficas.
Son asombrosos los días que transcurren.
Aumentan los devotos de la vida y el amor toma el lado de las causas que lo preservan.
Resuenan más fuertes que nunca las voces de la Tierra. Mi planeta de origen, mi nave estelar en este largo viaje del espíritu sobre los horizontes.
Asombrosa la estación en este caserón en donde habitan los dioses. Hombres de turbante que me miran por doquier. Ajaib a mi izquierda, y Sadhu a mi derecha, atentos a servirme.
Y aprendo, en estos días asombrosos, que soy yo la sirviente y me levanto en la madrugada a esperar su darshan. Es un amante nocturno este dios encarnado que usa turbante y largas barbas de patriarca.
Son asombrosos los días que transcurren.
PRESENTACIÓN DEL LIBRO "MAPA DE LUZ Y SOMBRA" (Obra reunida 1992-2017) de Patricia Iriarte. FR Editor 2026
21 de enero de 2026 / 18:00 hrs
Biblioteca Andrés Henestrosa
Presentan: Jessica Santiago e Ibán de León
Ilustración: Liliant Alanís