14/08/2026
Encontramos el.siguiente texto del LIC. JUAN MANUEL MENES LLAGUNO sobre las panaderías más conocidas de Pachuca.
Lo reproducimoss completo para deleite de todos, pues sólo el Cronista de Hidalgo puede hacernos revivir aquellos tiempos con tanto interes y de manera tan entretenida:
"Pachuca, Hidalgo.- Uno de los rasgos distintivos de las ciudades mexicanas hasta antes del surgimiento de las tiendas de autoservicio fue, sin duda, la existencia y estratégica ubicación de las panaderías, expendios de ese nutritivo y exquisito manjar que lo mismo acompaña los alimentos en su calidad de pan blanco, que se convierte en centro de las mesas donde se sirve como elemento sustancia del desayuno o la merienda en su condición de pan de dulce o bizcocho.
Diseminadas por toda la geografía urbana, las panaderías se esparcían por barrios y colonias, invadiendo con su aroma, "el santo olor de la panadería", las mañanas de cualquier ciudad de antaño. Tres modalidades existían, entre las primeras se ubicaban las productoras de pan, cuyo amasijo se hallaba en la parte posterior del sitio de venta, a las segundas pertenecían los expendios, dedicados de manera exclusiva a la venta de pan, adquirido de las productoras y, finalmente, las llamadas misceláneas, ubicadas en lugares apartados, cuyo giro abarcaba desde abarrotes hasta panadería, aunque no deben olvidarse los clásicos vendedores que, transportando sobre su cabeza un enorme cesto repleto de pan, recorrían en bicicleta las distintas colonias citadinas o bien alejadas comunidades.
Famosas fueron en el Pachuca de mediados del siglo 20: "El Camello", "El Elefante", "La Colorada" y "El Mejor Pan", "La Flor de Pachuca", ubicadas en la calle de Guerrero; "El Águila de Oro", en Fernando Soto; "La Villita", en la Avenida Juárez, donde por cierto existe aún; "La Primavera", en Julián Villagrán; "La Victoria", en la esquina de Arizpe y Corregidora; "La Panificadora Moderna", en Morelos, "El Molino", en la calle de Abasolo; "La Palanca", en la plaza Independencia; "Los Pajaritos", en el barrio del Arbolito, sólo por mencionar a las más importantes.
Cuántos adultos de hoy e integrantes del gran grupo 70 y más, no recordarán las muchas ocasiones en que fueron enviados, con gran regocijo por cierto, a la compra del pan para la merienda; qué delicia era repasar la lista recomendada: tantos bolillos, tantas teleras, tantas chilindrinas, equis número de conchas, trenzas o banderillas y no sé que más, las que pedidas en el mostrador, era meticulosamente acomodadas en una abultada bolsa de papel, que se abrazaba con el mayor fervor infantil imaginable, mientras se saboreaba la pieza que el despachador regalaba al comprador.
Y no se diga de los pleitos a la hora de la merienda, cuando debían repartirse las piezas de aquellos suculentos manjares realizados con la mezcla de la harina de trigo, la sal, el azúcar, la manteca, etcétera, que debidamente horneados paraban en el centro de la mesa familiar. Placentero será recordar a personajes como don Luis Roldán Jiménez, "Luisito", un hiperactivo despachador de "La Colorada", que con una sonrisa dibujada siempre en su rostro, envolvía con rapidez inusitada en un pliego de papel de estraza las piezas de pan blanco y metía con rápidos movimientos las de pan de dulce en la bolsa y luego ofrecía al comprador una o dos piezas de ganancia o pilón.
Curiosos eran, sin lugar a dudas, los nombres de los panes, sobre todo de los bizcochos, algunos eran comunes y se expendían en todas las panaderías, tales como polvorones, cocoles, barquillos, molletes, bísquets, buñuelos, cemitas, conchas, calamares, roscas, orejas, panqués, empanadas (de arroz con leche, mermeladas de fresa, piña etc.), tartaletas, banderillas, moños, merengues, marías, limas, hojaldras, chilindrinas, cuernos de agua y de mantequilla, colchones y galletas en varias presentaciones y tamaños, sólo por mencionar los que la memoria recuerda.
Otros nombres procedían de la creación de cada bizcochero, tales como gendarmes, ladrillos, ojos de pancha, tréboles, aguacatas, almejas, almohadas, besos, bicicletas, bonetes, bolas, piedras, yoyos, veracruzanas, tornillos, pulpos, pelonas, mariposas, volcanes, josefinas, gallinas, chamucos, chicharrones, cuernos retorcidos, cañones, caracoles, trompos, troncos, tabasqueñas, jalapeñas, pachucos, rayadas, ratones, piñas, ochos, plátanos, novias, mantecadas, margaritas, nenas, bigotes, lenguas, herraduras, huaraches, grandes, gorditas y mil nombres mas derivados de formas colores, adornos, harinas, horneado y otras condiciones y características, que cada panadero creaba.
Aún recuerdo una visita que hice siendo estudiante del jardín de niños Club de Leones, al amasijo de "El Mejor Pan"; expendio que se ubicaba muy cerca del mercado Barreteros; era una enorme crujía en la que están dispuestas cuatro mesas de madera, con cubierta de aluminio opaco, laboraban allí una media docena de personas, todas vestidas de blanco, portando una camiseta sin mangas y una cuartelera blanca, mientras unas amasaban con gran esfuerzo harinas revueltas con sal, otras se esmeraban en dar forma a pequeñas porciones de bizcochos y otro grupo se encargaba de introducir al horno enormes charolas, mediante una larga pala de madera, pero tal vez lo más atractivo de aquella visita, fue el aroma de aquel ambiente, ese que bautizara en la Suave Patria el poeta López Velarde, como el "Santo Olor de la panadería."
JUAN MANUEL MENES LLAGUNO
CRONISTA DE HIDALGO