21/06/2026
Papa llega en silencio
Papá llega a casa cuando ya ha caído la tarde. Cierra la puerta despacio, como si quisiera no hacer ruido, y cuelga su abrigo en el mismo gancho de siempre. Por un momento se queda parado en la entrada, escuchando: la casa está tranquila, sin risas, sin preguntas, sin nadie que le diga “¿cómo te fue hoy?”.
Se sienta en su silla favorita, esa que ya tiene la forma exacta de su espalda. Enciende la lámpara pequeña y mira hacia la mesa: ya no hay platos que recoger, ni cuadernos abiertos, ni juguetes tirados. Toma su taza de café frío y se queda mirando por la ventana, donde pasan las luces de los coches en la calle.
Cuando se siente solo, Papá no lo dice en voz alta. Solo repasa en su cabeza los recuerdos: las mañanas corriendo para llegar a tiempo, las tardes ayudando con las tareas, las cenas donde todos hablaban al mismo tiempo. A veces toca con los dedos la foto familiar que está en la repisa y piensa: “Todo lo hice para que estuvieran bien, y ahora que están lejos… me queda el silencio”.
No está triste todo el tiempo, solo vacío. Sabe que esa soledad es el precio de haberlos visto crecer y volar. Se levanta, pone música bajita, se sirve otro café y dice en voz baja: “Ya volverán, o yo los llamo. Mientras tanto, aquí sigo”.
Y aunque la casa parezca grande y vacía, en su corazón sigue teniendo espacio para todos.