11/03/2026
La pérdida de la inocencia en una jaula de oro
"Un mundo para Julius" (Rossana Díaz Costa, 2021)
Adaptar una obra cumbre de la literatura latinoamericana es siempre un ejercicio de funambulismo, pero la directora Rossana Díaz Costa logró en 2021, con una sensibilidad exquisita, trasladar a la pantalla la atmósfera agridulce de la novela de Alfredo Bryce Echenique.
La película no es solo el retrato de un niño; es el espejo roto de la aristocracia limeña de los años 50. A través de la mirada de Julius —interpretado con una fragilidad conmovedora—, somos testigos de una dualidad dolorosa: el lujo estéril del palacio familiar frente a la calidez humana y los dramas silenciosos de "los de abajo", el personal de servicio que realmente cría y sostiene emocionalmente al protagonista.
Destaco la puesta en escena, al recrear una Lima nostálgica y fastuosa, pero la cámara se encarga de recordarnos que esos muros son también una prisión de prejuicios y frialdad.
También desnuda la indiferencia de una clase alta que vive de espaldas a la realidad social, refugiada en clubes de golf y té a las cinco, pero sin caer en mayores victimismos. Me recuerda a algunos de los cuentos en que Mario Benedetti se mostraba inquisitivo con la sociedad montevideana de su época. También, pero con la mordacidad elevada al cubo, el caso del Loco Tobar, otro ecuatoriano especialista en poner a caldo, en sus relatos, a los pelucones quiteños.
Conviene que regreséis a la película, y después a la novela de Bryce Echenique. Buscad ambas. Merecen la pena.