30/12/2025
Poza Risa #03: Compras decembrinas
En estas fechas Poza Rica está llena del espíritu de festejo, celebración y unión. La navidad y su alegría se pasean por toda la ciudad y contagian a todos los que tienen el anhelo de compartir con sus seres queridos esa magia propia de las fechas. Todo es amor y diversión hasta que llega el momento de preparar las decoraciones o la cena y se dan cuenta que algo falta. En el mejor de los casos es sólo una cosa, en el peor, no han comprado nada. Pero no existe preocupación alguna pues una rápida visita al centro para conseguir lo necesario y todo se resuelve, ¿verdad?
Me atrevo a decir que Poza Rica tiene el centro más feo, sucio, desorganizado y menos instagrameable de toda la zona norte del estado. Claro, el gobierno tiene la culpa, pero también nosotros la responsabilidad de su apariencia. Es decir, en nosotros está la preservación y cuidado del mismo, pero siempre es más cómodo repartir culpas. Sí, tal vez la basura se acumula, eso no lo podemos controlar como tal, pero tampoco ayuda el tener las calles y banquetas sucias, los botes de basura desparramados, las aguas regadas y apestosas, la obstrucción que significan los ambulantes, la cantidad de cafres que hay por metro cuadrado en la zona y que la gente no sepa andar en el centro.
Y es en este último punto en el que me quiero concentrar ya que, por alguna extraña razón, la gente que realiza sus compras en el centro no tiene ni una pizca de sentido común, decencia o empatía: caminan lento, no se orillan ni se apuran cuando compran con los ambulantes, se amontonan al tomar el taxi, se meten en las filas, no devuelven el dinero si les dan cambio de más, toman bolsas de mandado que no son suyas y se realizan sus compras en tribu, como si no fuera suficiente el estorbo y el caos que provoca la cantidad “normal” de gente que hay diario en el centro. Realmente no hay necesidad de ir de a tres, cuatro, seis o siete personas a comprar las cosas. Todo se entorpece demasiado. De por sí ya comparan la calle Colegio Militar con las calles de la India como para que todavía la gente esté sobrepoblando las calles del centro y pasillos de los mercados.
Y para colmo, la situación empeora cuando son fechas importantes como Navidad, Año Nuevo, Día de Reyes, San Valentín, Día del niño, de las madres, etcétera. Las compras de último minuto son un vil in****no, pero es el castigo que se merece cada persona que lo padece; es la consecuencia de la desorganización, de la irresponsabilidad, de dejar todo para el final. Es la cruz que tiene que cargar el imprudente que quiso ir a comprar todo lo necesario el mero día a la mera hora. Y más idiotas los inconscientes que hacen sus compras en los supermercados o las plazas, porque pasan por lo mismo y a sobreprecio.
De verdad que no entendemos. Somos unos tercos que nos creemos tan especiales pensando que al primer lugar al que vayamos a la hora menos oportuna estará aquello que necesitamos comprar a un precio baratísimo y que no habrá fila para pagar y que no haremos corajes en nuestra compra porque todo nos saldrá perfecto porque estamos tocados por Dios y manifestamos que el universo conspire a nuestro favor y todas esas mierdas que la gente estúpida se repite para sentirse bien consigo misma.
El asqueroso nivel de consumo que nos impone el capitalismo lo tenemos tan interiorizado que nos impide planear con antelación, responsabilidad y claridad cada compra que debemos hacer. Aun así, esto no cambiará jamás, cada año en cada festejo a la hora justa en que todo está enrevesado, siempre se podrá encontrar a alguien realizando sus compras en estas mismas condiciones repitiendo el ciclo que le fue enseñado porque siempre es más fácil repetir los errores, pero no queda más que desear que en su lista del mandado alguien le haya encargado comprar, aunque sea, cinco pesitos de tantita madre.