03/04/2026
Lola es una chava que desde su infancia se impuso como propósito de vida ser una showgirl, vestirse de lentejuelas, bailar, contonearse, ofrecer fantasía. Se le opone la incomprensión, el género asignado, el machismo paterno, la soledad. Lola, que ha nacido polilla —como ella narra en forma de cuento ilustrado— solo quiere convertirse en mariposona.
Asistimos a un monólogo que expone la crueldad de nunca alcanzar el sueño anhelado. La herida se expone ante nuestros ojos no por masoquismo compartido, sino porque ahí se encuentra el acompañamiento que les negamos a las personas que atraviesan crisis, las que insistimos en no ver o ignorar. Empatizamos aunque duele, o mejor dicho, empatizamos porque duele.
¿Dónde quedaron las vedettes? es algo más que una obra triste o densa. Lo impresionante de esta obra es que, a pesar de lo duro de su planteamiento, arranca risas. Lola puede darnos un golpe en el alma y luego soltar un chiste que relaja. Canta, baila, anima, se entrega a su público, celebra, se empeda, brilla, se hace resplandor, Lola amanece en un escenario oscuro. ¿Por qué está hecha en clave de tragicomedia? Porque esa es la vida, fiesta y duelo que no cesa y van siempre unidas.
La reseña completa de Yobaín Vázquez Bailón aquí:
https://memoriasdenomada.substack.com/p/la-ferocidad-de-las-vedettes