29/05/2026
En mi reciente cumpleaños, los últimos días de diciembre, mi mayor deseo se resumió en una sola palabra: CUERPAZO.
Contrario a lo que tu mente quizá pudo imaginar, yo no deseé el estándar de cuerpo perfecto. Tan sólo deseé un cuerpo que funcione convenientemente a mi edad y no me pase la factura por los años que no lo atendí.
Un cuerpo que tenga la movilidad suficiente para llevar mi ser de un lugar a otro sin depender de alguien.
Uno que me permita recordar sensaciones perdidas por el ajetreo de los interminables quehaceres y actividades familiares.
Deseé un cuerpo que sea capaz de emocionarse con el frío del viento, la humedad de la lluvia, el calor del sol y consiga ponerse chinito al roce de las caricias.
Un cuerpo donde sus millones de células conozcan lo maligno en la justa medida con el propósito de devolverle sus funciones correctas, haciendo de benigno la última palabra.
Uno que sea hábil para expresarse con gestos y movimientos, que me permita huir velozmente de donde no debe estar, que contribuya a sostener las alegrías de la vida y me ayude a resistir los embates del tiempo.
Deseé un cuerpo que logre llenarse de calma en los momentos de crisis y así se vuelva más creativo para encontrar soluciones.
Un cuerpo que pueda usar de contención mientras comprendo y acomodo la vorágine de pensamientos que suelen revolotear en mi cabeza.
Uno que se muestre tan fuerte y tenaz como el corazón lo permita para caminar hacia otros sueños.
Deseé con todas mis fuerzas un cuerpo que no se resista a los abrazos, sino que se sienta tan merecedor de ellos como dispuesto a otorgarlos.
Un cuerpo que se maraville de danzar con su ritmo interno, apto de encontrar la armonía al son que le toque la vida.
Uno que responda oportunamente a los cuidados y las atenciones que pienso procurarle.
Aunque me importan un poco el peso, la talla, la figura y la apariencia, sé que si este año me enfoco en convertir mi cuerpo en la prioridad más absoluta y consigo reconectarme con él, lograré avances hacia el cuerpo soñado, ese que indudablemente será el cuerpazo perfecto, ostentoso y presumible, acompañándome hasta el último latido.
(MonicaMMartz)
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