14/09/2025
Incesante obligación moral; para un diario compromiso integral
Escrito por Víctor CORCOBA HERRERO / Escritor
Artículo | Algo Más Que Palabras
“Cohabitar con una fraternidad efectiva y afectiva entre nosotros, es cultivar el corazón a corazón, para sentirnos cercanos en un mundo global, sabiendo que todos nos necesitamos entre sí”.
Hoy más que nunca, es indispensable custodiar el espíritu anímico de la concordia y perseverar en el diálogo, reforzar el soplo cooperante, haciendo de la diplomacia la predilecta ruta para prevenir y resolver los conflictos. Sin duda, nuestro primer deber moral es la sanación de nuestra propia existencia, en un momento en el que apenas tenemos tiempo para repensar actuaciones, a causa de una bulimia de conexiones en las redes sociales, que realmente nos dominan y nos dejan en la cuneta de los despropósitos, bombardeados por imágenes de todo tipo, a veces incluso falsas o distorsionadas, que suscitan en nosotros una tormenta de emociones contradictorias. Por ello, es menester despertar, no encerrarnos en el silencio y activar nuestra presencia, tanto física como virtual.
El reencuentro es otra de las atmósferas necesarias para una subsistencia global y hogareña. Sin duda, la victoria más complicada la tenemos con nosotros mismos. Para empezar, hemos de conocernos y de reconocernos como caminantes libres, honestos y justos. El buen hacer y mejor vivir pasa por comprenderse, no sólo para ser más humanitarios, sino también para evitar herir a los demás con nuestros vocablos. Ojalá aprendamos a reprendernos, a relacionarnos con honestidad y prudencia, máxime en una época de reducción del espacio cívico, con su creciente desinformación al respecto. En consecuencia, nos urge batallar en la toma de decisiones compartidas y conjuntas, con brío auténtico, para fomentar la confianza y la interlocución entre culturas y cultos diversos.
Cohabitar con una fraternidad efectiva y afectiva entre nosotros, es cultivar el corazón a corazón, para sentirnos cercanos, sabiendo que todos nos necesitamos entre sí. Otra de nuestras tareas, por consiguiente, ha de ser la de vencer el individualismo y el afán de superar a los que nos rodean, pues nadie debe ser competidor de nadie, sino compañero de fatigas, que nos las vertemos unos a otros, aunque luego pidamos la paz. Quizás tengamos, por ello, que tomar en serio nuestros gritos, lo que también nos demanda responsabilidad y razón; comenzando por la comunidad internacional que tiene la obligación moral de detener la tragedia de la guerra, pero también nosotros, desde nuestro acontecer, estamos forzados a ejemplarizar acciones, abandonando egoísmos.
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