11/05/2026
“El papel de una mujer llena del Espíritu”
VI Lunes de Pascua, ciclo A
(Hech 16,11-15; Sal Is 149; Jn 15,26-16,4)
1. Hemos hablado de muchas hazañas en los hechos de los apóstoles. Pero no podemos dejar a un lado lo que hicieron también las mujeres, quienes fueron las primeras en recibir el mensaje de la resurrección. En el texto de hoy se dice que trababan conversación con las mujeres que habían acudido para escuchar a los apóstoles. Entre ellas había una llamada Lidia, de la ciudad de Tiatira, comerciante en púrpura y temiente de Dios. Al tocarle el Señor en su corazón por medio de la palabra de los apóstoles, hizo tres cosas de suma importancia: recibió el bautismo toda su familia, acogió a los apóstoles en su casa, y fue quien permitió que la palabra de Dios entrara en Filipos, es decir, en toda Europa.
- Este hecho no deja de sorprender porque a eso están llamadas también las mujeres, convencidas de la resurrección de Cristo: que la fe entre de lleno en sus hogares, pues son ellas quienes transmiten desde el inicio el amor o el desamor a la Persona de Cristo y a su Iglesia. De las mujeres depende que los pequeños se enamoren de la Eucaristía, del rezo del rosario, de los santos, etc. Cuando la mujer toma su papel de colaboradora en el plan redentor, la evangelización irrumpe en todas partes. La segunda misión es la de dar acogida al prójimo, es decir, enseñar a su familia a vivir las obras de misericordia, que son la manifestación de una comunidad cristiana viva. Y, finalmente, se han de convertir en portadoras de la fe más allá de su propia casa y de su familia. Una de las características femeninas es su talento de comunicar con entusiasmo las noticias (por algo el Señor Jesús las mandó avisar a los apóstoles de su Resurrección Cfr. Jn 20,17), pues en este mismo sentido, las mujeres han de convertirse en las mejores comunicadoras del mensaje del Señor, junto con aquella otra característica de la sensibilidad en el amor. Si las mujeres cumplieran estos acometidos, si estuvieran más enamoradas del Señor, qué diferente sería la fe en la cristiandad… pero, a veces son tan vulnerables en la manipulación de sus más profundos sentimientos y en la figura que representan para la humanidad.
2. Nuestro Señor Jesucristo en el evangelio nos habla de la venida del Paráclito, que será enviado para que nos enseñe la verdad, que procede de Dios, que da testimonio de Jesús y el que nos enseñará a dar testimonio del Maestro. Será Él quien nos dé la fuerza para resistir las pruebas que sufre el cristiano en el ámbito de la fe, de la vida espiritual y en la evangelización. Es el Espíritu Santo el que santifica, el que llena de ardor apostólico, el que madura nuestra oración y el conocimiento y amor por Cristo. Sin Él no se puede avanzar en la vida cristiana y espiritual, de ahí la importancia de hacerse verdaderos amigos del Espíritu Santo.
- Las experiencias de la amistad con el Espíritu Santo son inefables; los resultados espléndidos. Eso sí, es una amistad que no se puede lograr sólo con desearla o quererla teóricamente. Es una amistad que exige una constante atención, un saber escuchar y un actuar fielmente, cueste lo que cueste, según le agrade al dulce “Huésped del alma”. En los coloquios que de día y de noche se sostienen con Él, es donde se va aprendiendo el verdadero sentido del tiempo y la eternidad, a amar y a santificarse.