21/07/2026
Hay temporadas en las que pienso en dejar de hacer piñatas.
No porque ya no me guste. Al contrario. Pero hay días en los que el proceso pesa. La construcción nunca ha sido mi parte favorita. Me desespera, me agobia y a veces me hace preguntarme si de verdad quiero seguir haciendo esto.
Y luego llega la decoración.
Es raro explicar lo que pasa ahí. Me siento, empiezo a recortar, a pegar papel, a dibujar detalles... y de pronto mi cabeza se queda en silencio. Como si las manos hicieran el trabajo de acomodar todo lo que traigo por dentro.
También me comparo. Veo el trabajo de otras marcas y pienso “qué bonito”. Pero después regreso a mi mesa y me doy cuenta de algo que antes no veía: Marpache ya tiene una forma de hacer las cosas. Un sello. Hay algo en mis piñatas que ya habla de mí, aunque yo no diga una sola palabra.
Y eso me emociona.
Porque al final no hago piñatas solo para una fiesta. Tengo la fortuna de formar parte de momentos que la gente decide celebrar. Un cumpleaños, la emoción de un niño, una reunión llena de personas que quieren a alguien y se juntan para recordárselo.
Pensándolo bien, creo que eso también es una forma de amor.
Y qué bonito que un pedacito de ese amor termine pasando por mis manos antes de llegar a las de alguien más. 🦝✨
Celebrar es una forma de decir ‘te quiero’. Y pensar que mis manos ayudan a construir un pedacito de ese momento... hace que todo valga la pena. 💕🫶