06/08/2026
EL PASTOR DEL PODER
Es bien sabido que Norberto se instala a lado de las élites con confort y descaro. Era evidente su doble discurso, doble moral. Al mismo tiempo usaba las sucias reglas de la clase política para construirse una trayectoria de poder, alejándose de su misión pastoral. Optaba por los ricos y desdeñaba a los pobres. De ahí viene, del marginado mundo indígena, le reprocha en el libro de Bernardo Barranco: “Norberto Rivera: El Pastor del poder”, Guadalupe Loaeza; su mundo marginal de donde proviene ha pasado al olvido bajo los efectos de vinos caros, manjares suculentos y vínculos de complicidad con los círculos de poder.
El libro es una colección de ensayos escrItos por varios autores críticos sobre el desempeño del cardenal Norberto Rivera. Son textos documentados de denuncia de las tropelías del Cardenal llamado popularmente “López Rapiña” en alusión irónica a su cercanía inicial con su mentor, el arzobispo Antonio López Aviña y embarrado en señalamientos y polémicas sobre manejo de recursos y negocios turbios a lo largo de su toda carrera eclesiástica.
Norberto proviene de una devota familia campesina. De niño fue monaguillo y se acogió a la iglesia que le dio estudios, techo, sustento y trabajo de por vida. En el libro se señala como Rivera Carrera empezó a cultivar la amistad de las familias pudientes de Durango, cuyos negocios van desde aserraderos en la sierra hasta prósperas ganaderías. Todavía, cuando visitaba la entidad, solía reunirse con ellas en el exclusivo Club Campestre de la capital: son las familias Saracho, Ayón, Sarabia, Mijares…
Su primera gran encomienda lo llevaría a ser Obispo de Tehuacán en Puebla en donde los sectores más conservadores del Vaticano le encargarían una misión: acabar con la corriente eclesiástica de la Teología de la Liberación a sacerdotes de distintas diócesis del sureste, como la de San Cristóbal de las Casas, Oaxaca, Tehuantepec, y la misma diócesis de Tehuacán, refiere Rodrigo Vera.
Uno de los principales negocios de Norberto como Arzobispo Primado fue la venta de derechos de la imagen de la Virgen de Guadalupe. Rodrigo Vera ahonda cómo el 31 de marzo de 2002 se firmó con la trasnacional estadounidense Viotran, con sede en Orlando, Florida, un contrato para que la empresa explotara en “exclusividad” los “derechos de propiedad” de la imagen guadalupana por un periodo de cinco años; la empresa pagó a cambio 12.5 millones de dólares. Por su lado, añade el reporte, la Basílica se comprometió a que cada uno de estos artículos contaría -faltaba más- con una “bendición especial”, ya fuera de Monroy o de Norberto Rivera, y las “utilidades” de las multimillonarias ventas mundiales “se repartirán por partes iguales entre Viotran y la Basílica”.
¿Otro escándalo? El cardenal mexicano ha mantenido la ruta del cuestionado “materialismo trivial” como se evidenció con la adquisición de dos departamentos de 20 millones de pesos, cada uno, en la lujosa Torre Mítikah del sur de la Ciudad de México, una transacción en la que incluso reclamó mediante un amparo el pago desproporcionado de impuestos que quería le fueran devueltos por la suma de 1.3 millones de pesos.
¿Como pudo un personaje así ser la máxima y santa autoridad religiosa más importante de México?
Ya en el colmo, como parte de su gestión también lo persiguen las acusaciones de la protección que hizo de pederastas como Marcial Maciel. En 1997 salieron a la luz los casos de pederastia cometidos por el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel Degollado. En aquel entonces, Rivera Carrera sostuvo que las acusaciones por abuso sexual contra el líder de esa orden católica eran "totalmente falsas". Años después, en 2006, con el retiro ordenado de Maciel, sostendría: “Todo lo que dicen de que fue condenado, de que fue impedido, etcétera, es puro cuento porque el documento sólo dice que lo invita a retirarse a la vida privada”. Y ahondó: “el padre Maciel siempre será su fundador y siempre un motivo de alegría saber que el padre sigue adelante”
Aquel sólo fue un episodio. En 2006 y 2009 Norberto Rivera enfrentó dos demandas por encubrimiento, negligencia y corresponsabilidad en el ataque sexual de al menos 26 menores de edad, por haber permitido el traslado de un sacerdote acusado de pederasta, Nicolás Aguilar, a la Diócesis de Los Ángeles, California, sin advertir a los fieles y a las familias de los menores de edad sobre los antecedentes de abuso sexual que existían en su contra mientras Aguilar se encontraba a su cargo en Tehuacán, Puebla, en donde persiguió a curas y comenzó a acumlular denuncias de enriquecimiento.
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