14/08/2026
Algo que quiero decir como hija, derechohabiente del IMSS y ciudadana
En estos momentos estoy retomando con calma todo lo que vivimos anoche en la Clínica 9 del IMSS de Rioverde, hay cosas que me parecen aún más graves, que el viacrucis que tuvimos que pasar para que atendieran a mi mamá.
Llevé a mi mamá, una adulta mayor de 65 años, a urgencias porque estaba realmente muy mal: vómito intenso, dolor fuerte y agudo que apareció de forma súbita en su estómago, de esos que no avisan, debilidad y definitivamente no podía sostenerse en pie. Tardaron alrededor una hora en atenderla.
Durante ese tiempo pregunté, siempre con respeto, cómo estaba funcionando el triage. No hice ningún escándalo. Estaba preocupada y necesitaba saber si tenía que llevármela a un hospital particular.
Incluso la posibilidad de pagar una atención particular y posteriormente solicitar el reembolso fue una conversación privada que tuve con mi papá. Ellas no conocían el contexto, no participaron en esa conversación y, sin embargo, ahora aparece contada en redes como si hubieran estado ahí para saber exactamente qué estaba pasando.
Y aquí viene algo que me parece todavía más grave: ¿qué tanto estuvieron pendientes de lo que yo hablaba?
Porque en la publicación incluso mencionan el supuesto nombre de la enfermera que atendió a mi mamá. Una enfermera cuyo nombre ni siquiera yo sabía. De hecho, desconozco si realmente se llama así.
Entonces me pregunto: ¿estaban escuchando conversaciones ajenas?, ¿estaban observando lo que ocurría con mi mamá?, ¿estaban tomando fotografías mientras yo estaba preocupada por ella?
Yo no quería que nadie supiera que mi mamá estaba enferma. Es un asunto privado de mi familia.
Y sí, ahora sé perfectamente quién estuvo detrás de esa publicación y de dónde salió la fotografía.
Lo que más me indigna no es una fotografía. Es la facilidad con la que se toma una situación, se le quita todo el contexto, se agregan cosas que no ocurrieron y se lanza a las redes para que cientos de personas opinen y ataquen a alguien.
También quiero aclarar algo: había niños en el área que podrían perfectamente haber sido pacientes prioritarios. Yo no soy médico y no puedo determinar la gravedad de ningún menor. Pero durante el tiempo que estuve ahí los vi correr, gritar, golpear sillas y paredes, mientras había personas intentando descansar porque tenían familiares internados.
Si necesitaban atención, tenían todo el derecho a recibirla. La discusión era quién necesitaba realmente atención prioritaria y quién simplemente estaba esperando una consulta. Y eso debe determinarlo el personal médico mediante el triage, no los pacientes.
La molestia de esas personas no fue que mi mamá hubiera sido atendida en cinco minutos, porque eso nunca ocurrió. Tardó más de una hora.
La molestia fue que personal de seguridad les pidió controlar a los niños.
Y después de pasar una madrugada de verdadera angustia, me encuentro esta fotografía en Facebook, con comentarios sobre mi cuerpo, burlas y acoso virtual.
Qué fácil es juzgar a una persona cuando no sabes lo que está viviendo. Qué fácil es escuchar media conversación, desconocer completamente el contexto y convertirla en una historia para las redes.
Yo estaba ahí como hija, preocupada por mi mamá.
No estaba ahí para que me fotografiaran, para que escucharan mis conversaciones privadas ni para que después decidieran qué parte de mi vida podía convertirse en entretenimiento público.
Mi mamá finalmente fue atendida y está estable. Eso es lo verdaderamente importante. Y de corazón espero que absolutamente nadie tenga que pasar por una emergencia de salud propia o de algún familiar, porque si escuchan parte de los audios, no tenemos un sistema de salud apto, por falta de recursos, por saturación, por cansancio, por mil y un motivos, lo sé.
Pero de todo esto me queda una reflexión: nos hace falta mucho criterio como sociedad. Para usar correctamente los servicios de urgencias, para exigir nuestros derechos con respeto, para entender que no todos los pacientes tienen la misma prioridad y, sobre todo, para aprender que la privacidad de los demás no deja de existir porque estamos en un lugar público.
Y mucho menos porque tenemos un teléfono en la mano. Y lo digo con conocimiento de causa porque soy parte del gremio de comunicación local, y quien me conoce sabe que jamás expondría información falsa o exhibiría a una persona sin su consentimiento