27/08/2026
En el ámbito de la conservación y restauración del patrimonio cultural, existen dos áreas de especialidad encargadas de la intervención directa y supervisión. En lo que refiere a la atención del inmueble ya sea en lo relacionado con los sistemas constructivos y temas de carácter estructural, los arquitectos restauradores son aquellos encargados de determinar las necesidades y metodologías de intervención necesarias para su conservación.
Sin embargo, existe una tipología patrimonial que se relaciona de manera inherente al inmueble, cuya competencia es responsabilidad de los restauradores de bienes culturales muebles y asociados. Para comprender la naturaleza de estos últimos, es necesario remitirnos a la definición establecida por el INAH:
De los asociados a inmuebles: Por naturaleza son bienes muebles debido a la posibilidad de ser trasladados a otro lugar, sin embargo, por su estrecha relación con el inmueble a nivel material y conceptual su traslado sólo se tendría que realizar por causas de fuerza mayor.
Dentro de esta tipología destacan los siguientes elementos: Altares de mampostería, aplanados con y sin presencia de acabados decorativos o pintura mural, elementos decorativos labrados en soporte pétreo, relieves o esculturas de argamasa, yeserías, órganos tubulares, esculturas en piedra, campanas (incluyendo sus sistemas de sujeción), puertas, ventanas y marcos de madera, herrerías, retablos, artesonados, azulejos y mosaicos.
Es importante que para la intervención de este tipo de elementos se recurra a un restaurador profesional de bienes culturales, pues de esta manera se garantiza que la intervención sea efectuada con un previo diagnóstico que permita identificar materiales, técnicas de fábrica, alteraciones y deterioros, para con ello determinar la metodología adecuada para su conservación y restauración.