03/11/2025
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Columna Politica
A Fuego Lento.
Por: Alberto Ramos García.
Tema: El ex alcalde de Uruapan Carlos Manzo Rodríguez (Q. E. P. D)
Buscando una palabra para definir el sentimiento de millones de mexicanos tras el cobarde as*****to de Carlos Manzo, se me vienen muchas y todas se quedan muy lejos de expresar ese sentir.
¿Impotencia? ¿Indignación? ¿Coraje? ¿Desesperación? ¿Desánimo? ¿Asco? ¿Decepción? ¿Rabia? ¿Miedo?
Exacto, todas juntas y me quedo muy corto.
Indudablemente, es una sucesión de decisiones, gestos y golpes de timón ha colocado al gobierno de la 4T en una encrucijada de gobernabilidad, imagen e institucionalidad. Esta semana, en apariencia, todo lo que pudo salir mal salió mal. Y aunque no todos los temas dependen directamente del gabinete federal, la administración de Claudia Sheinbaum se ve inevitablemente afectada.
La actual coyuntura política de México se perfila como una de esas semanas que pareciera sacada de un manual de crisis para gobiernos: decisiones impopulares trascienden fronteras, los focos de polémica se multiplican y la narrativa de éxito se torna en boomerang.
La plataforma de gobierno de Claudia Sheinbaum enfrenta un gran estrés de magnitud múltiple: fiscal, social, institucional, de percepción. Cuando varios frentes críticos convergen en su primer año de gobierno y principalmente en una semana, más que una crisis aislada es un momento de inflexión.
Entre el duelo social y la evaluación política, la muerte del presidente municipal de Uruapan, Carlos Manzo Rodríguez, ha desatado una ola de reacciones que oscilan entre un duelo legítimo y la idealización política que Morena pretende vendernos.
Más allá de la tragedia, surge una evaluación crítica del desempeño institucional del partido en el poder, Morena, de la presidenta Claudia Sheinbaum y del gobernador Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla.
La tarde del 1 de noviembre, en la plaza principal de Uruapan (Michoacán), mientras se desarrollaba el tradicional Festival de las Velas, con familias, niños, velas encendidas y papel picado, se disparó una cámara de horror: el as*****to del alcalde independiente Carlos Manzo Rodríguez. Un hombre que prometió “ni pacto ni miedo” frente al crimen, fue abatido en medio de la multitud.
Uruapan lleva tiempo siendo uno de los focos más virulentos de la violencia en México. En un entorno marcado por el auge del negocio del aguacate —el llamado “oro verde”—, se intercalan cultivos legítimos, cobro de piso, extorsión, tráfico de armas, grupos criminales y una economía sumida en la sombra. El municipio registra de los índices más altos de homicidios en Michoacán y, según diversas mediciones, más del 88 % de su población se siente insegura.
En este escenario, denotar que un alcalde que llegó con discurso de ruptura y que denunciaba campos de adiestramiento del crimen, corrupción de exfuncionarios y falta de apoyo federal, pague con su vida durante un rito público, no es solo tragedia individual: es símbolo.
Símbolo de un Estado que retrocede frente al espectáculo del terror.
Manzo había denunciado públicamente que “hay militares de Colombia y Venezuela” en campos de adiestramiento, que los grupos criminales operaban abiertamente en la Sierra Purépecha y que el Ayuntamiento no pactaría.
Disponía de “protección federal”desde diciembre de 2024 y un refuerzo de 14 elementos de la Guardia Nacional desde mayo de 2025, según datos oficiales. Sin embargo, fue abatido en un acto masivo público.
La combinación entre visibilidad política, desafío al crimen y vulnerabilidad institucional lo convirtió en blanco. Y cuando la protección no alcanza, la omisión se revela como estrategia de Estado. Porque no es solo que no esté presente: es que lo visible del acto remite a un mensaje: “podemos hacerlo”.
Carlos Manzo no murió solo.
Murió frente al pueblo de Uruapan, en un acto que pretendía afirmar la vida, la cultura, la comunidad. Y la muerte le impuso su propia lógica: la del miedo, la del poder que no se ve, pero se siente.
Este crimen político-social es una herida abierta para la democracia local, la gobernabilidad y la confianza ciudadana. Y es un reto para el Estado: ¿será capaz de responder, no solo con promesas, sino con acciones que reviertan este balance de poder? ¿O permitirá que el próximo acto público sea otro memorial de la derrota del Estado ante el crimen?
La memoria pública, los medios, la sociedad civil tienen tarea: no olvidar. Porque si este caso se convierte en anécdota, el mensaje será claro: aquí se mata, se atemoriza, se pacta… y se olvida.
Y eso, para la idea misma de la República, es un fracaso intolerable.
Su as*****to, más que un caso aislado, es síntoma de un país donde la seguridad pública está rebasada y la narrativa oficial se desmorona ante la violencia.
Entre líneas…
Una semana devastadora y desgastante para el gobierno de Claudia Sheinbaum, a un año y un mes de tomar posesión como la primera mujer presidenta de México…
El golpe diplomático — y comercial — llega de Washington: el United States Department of Transportation canceló 13 rutas aéreas mexicanas hacia Estados Unidos en represalia por lo que considera violaciones al Acuerdo de Transporte Aéreo bilateral, entre ellos la reducción de slots en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) de 61 a 44 por hora y la reubicación de carga al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA).
La narrativa del gobierno “México no es piñata de nadie” adquiere un sabor a demagogia cuando para Sheinbaum y su equipo, es un recordatorio de que los asuntos de AMLO pueden rebotar directamente en su mandato; por lo pronto ya anunció que devolverá slots, lo que implica una concesión diplomática y operativa.
Mientras tanto, se otorga una fiscalidad especial para grandes actores: la exención del FIFA: El Congreso aprobó exentar a la FIFA y a quienes participen en la organización del Mundial 2026 de impuestos (IVA, ISR, demás) para actividades vinculadas al torneo.
El problema de fondo es político y social: cuando millones de ciudadanos están padeciendo el alza de tarifas, la inflación, recortes en salud y educación, ver que una organización multimillonaria queda “afuera” de cargas tributarias resulta contradictorio, y mina legítimamente la narrativa de justicia fiscal y equidad.
El argumento oficial de derrama económica puede sostenerse, pero el cálculo político es riesgoso: el mensaje que se envía es que para algunos privilegiados hay condiciones especiales, mientras que para la mayoría las cargas siguen pesando.
El ciudadano promedio ve que mientras su salario pierde poder adquisitivo, ciertos actores “se salvan” de tributos. Aunque el argumento gubernamental apunte a derrama económica, visibilidad internacional y empleos, el momento elegido es poco astuto: la semana en que la 4T enfrenta mala prensa, esta medida suena a privilegio. La percepción importa tanto como el fondo.
El campo también está cansado.
Bloqueos en carreteras del centro del país por parte de agricultores, debido a falta de apoyos, precios bajos y abandono del campo. Si bien la movilización social es antigua, el impacto sobre la logística, mercancías y opinión pública se intensifica. Cuando el gobierno no responde con rapidez, se amplifica la sensación de descuido.
Para cerrar con broche de oro, legisladores se aumentan el sueldo para “compensar” la inflación y los impuestos que ellos mismos aprobaron, cierra el círculo de la percepción negativa; en el mejor de los casos, aparenta una falta de empatía brutal, en el peor, una desconexión con la realidad social.
Por otro lado, la investigación de la Fiscalía General de la República (FGR) sobre la casa de bolsa Vector (propiedad de Alfonso Romo, ex jefe de oficina de AMLO) por presunto lavado ligado al narcotráfico pone al círculo cercano al poder bajo sospecha.
Finalmente…
La bancada de MORENA aprobó reformas que reducen sanciones para corrupción de funcionarios públicos. Este paquete legal envía un mensaje claro: el “blindaje” se convierte en política de hecho.
Es decir: mientras la población demanda rendición de cuentas, se reduce la sanción a quienes detentan poder.
El mensaje es claro: la percepción de “para el pueblo, las cargas; para nosotros, los cambios legales” cala hondo.
El desgaste de la narrativa de cambio, uno de los pilares de la 4T, esta semana parece que los olvidados son los que están arriba. Cuando se cargan al ciudadano común tarifas, impuestos, recortes de sanciones al poder, la promesa de “derecho, justicia y bienestar” cruje.
Nos leemos mañana, Dios mediante, y recuerden: Cómo olvidar ese reto lanzado por Carlos Manzo, cuando respondió a la Presidenta que si el gobierno federal lograba acabar con la violencia sin accionar una sola arma, él renunciaba.
Evidentemente, el reto ahí quedó, la paz nunca llegó y el crimen creció.
¿El saldo?
Lo mataron.