27/08/2026
: la feria que alguna vez estuvo en el barrio
Hay recuerdos que no necesitan fotografías para volver.
Basta escuchar el nombre de San Román para que, al menos a mí, me llegue de golpe una imagen de mi infancia: mi abuelita Naty llevándome a la feria con el pretexto de que tenía que ayudar en un puesto de antojitos frente a la iglesia de San Román.
Pero, siendo sincero, ayudar no era precisamente mi prioridad.
Yo encontraba cualquier oportunidad para escaparme.
Salía del puesto y comenzaba mi recorrido por aquella feria que parecía enorme cuando uno era niño. Iba desde la iglesia hacia la Co**ha Acústica, donde estaban los llamados “juegos chicos”, las canicas, la Casa de la Mujer Cocodrilo y tantas de aquellas atracciones que hoy sobreviven principalmente en la memoria de quienes las conocimos.
Recuerdo también aquella rueda de la fortuna.
Y cuando mis papás me llevaban, podíamos caminar un poco más hacia donde estaban los juegos grandes. Lo que hoy vemos como un terreno o un espacio de estacionamiento, en mi recuerdo era otra cosa completamente distinta: ahí estaban el Chaos, el Twister, los troncos de agua y aquellos juegos que, para un niño, parecían verdaderas aventuras.
Qué bonitos recuerdos.
Qué bonita tradición.
Y quizá por eso para mí hablar de la Feria de San Román nunca será solamente hablar de juegos mecánicos, puestos de comida o de dónde se instalará este año.
Para mí es hablar de mi abuelita Naty.
De una época de mi vida que ya no vuelve, pero que permanece intacta cada vez que llega septiembre y las calles comienzan a llenarse de ese ambiente tan particular que siempre ha acompañado a esta tradicional feria.
San Román estaba a diez minutos caminando de mi casa. No necesitábamos automóvil ni grandes planes. La feria estaba ahí, en el barrio, entre sus calles, su iglesia, su gente y sus tradiciones.
Con los años, la feria fue cambiando.
Los juegos grandes comenzaron a concentrarse en el Foro Ah Kim Pech y aquella celebración que durante tanto tiempo estuvo ligada al barrio se fue dividiendo entre distintos espacios.
Y ahora vuelve a cambiar.
En 2026, el Foro Ah Kim Pech dejará de ser la sede de la feria y se ha planteado llevar las actividades hacia otros espacios de la ciudad, generando opiniones encontradas entre ciudadanos, comerciantes y quienes año con año esperan esta celebración.
Entiendo perfectamente que una ciudad cambia.
Entiendo que existen proyectos, necesidades de infraestructura, seguridad, movilidad y espacios que deben modernizarse.
No soy enemigo de los cambios.
Pero también creo que hay tradiciones que no deberían alejarse demasiado del lugar que les dio nombre y sentido.
Y aquí es donde me atrevo a decir algo que quizá no todos compartan:
Yo quisiera volver a ver la Feria de San Román en San Román.
No necesariamente como era exactamente hace 20, 30 o 40 años. No se trata de detener el tiempo ni de pretender que Campeche siga siendo la ciudad de nuestra infancia.
Se trata de recuperar el corazón de la fiesta.
Que el barrio vuelva a sentir que la feria es suya.
Que alrededor de la iglesia de San Román vuelva a respirarse ese ambiente que alguna vez hacía que el barrio se llenara de vida, de familias, de vendedores, de niños corriendo, de música, de luces y de recuerdos.
Porque una feria no solamente pertenece al lugar donde caben más juegos.
También pertenece al lugar donde nació la tradición.
Y quizá sea momento de preguntarnos si, después de tantos años moviendo la feria de un sitio a otro, no deberíamos intentar regresar un poco al origen.
A ese San Román de nuestros abuelos.
Al de las calles llenas.
Al de los puestos de antojitos.
Al de los juegos chicos y los juegos grandes.
Al de los niños que se escapaban cinco minutos del puesto familiar para ir a ver las luces de la feria.
Al San Román que para muchos de nosotros no era simplemente una celebración.
Era nuestra infancia.
Y para mí, sobre todo, siempre será el lugar donde mi abuelita Naty me llevaba a “ayudar” en un puesto de antojitos.
Aunque los dos sabíamos que yo estaba ahí, en realidad, para irme de escapada a la feria.
Qué bonito sería que algún día nuestros hijos y nuestros nietos pudieran guardar recuerdos así.
Porque las ciudades cambian.
Los edificios cambian.
Los juegos cambian.
Las sedes cambian.
Pero hay tradiciones que, si sabemos cuidarlas, pueden seguir regresando a casa.
Y San Román, para mí, siempre ha tenido una casa.
Su barrio.
Edgar Andres Sanchez Espinosa