01/01/2026
2025
La última y nos vamos.
Librería Asteroide B612 surgió de la nada, sin el apoyo de nadie más que de las personas que les gustan los libros y con el esfuerzo de tres pelados que un día abrieron sus puertas. Quienes nos conocen desde el principio saben lo difícil del camino y aunque hoy no estamos en San Luis, sentimos a San Luis tan dentro de nosotros como si fuéramos potosinos. Ya hasta decimos bofo o aprendimos a sordearnos.
Asteroide se convirtió en el refugio underground de artistas potosinos que no tienen palancas, que no están apadrinados, que el Estado o las instituciones decidieron ignorar, pero que entre los libros viejos encontraron un refugio común. Así caminamos las calles potosinas en madrugadas invernales, músicos, poetas, escritores, pintores y locos. El Rosas y Jerry con Neodada club, Lina y sus collages, Mayani y sus poemas, Víctor siempre atento de lo que había que hacer, Mauricio y sus fotos y claro y por supuesto que mi amigo Hugo Salvador .
Escribí hace unos años hice una reseña para su primer libro de relatos que se llamaba "Algo más que metano" . La foto tiene su libro, unos ci****os, una cafetera italiana, una manzana verde y un fondo en una mesa del mismo color del que tome la foto hoy. Solaris aún no llegaba, pero quizá, entre el arte ignorado por las élites, ya la imaginábamos todos y que a fin de cuentas se convirtió en otra artista sincera de este proyecto que si o sí, es potosino.
Le debía unas palabras a Salvador y no quiero que acabe el año antes de escribirlas.
Taller de autoaceptación, autoestima y autosanación al alcance de tu muñón es el nombre de su último libro. Ese que no salió de compadrazgos, becas o contactos, ese que salió de su pluma ( o la computadora) y que me ha dejado anonadado.
Debo decir que los relatos contenidos en este volumen están pulcramente escritos y que tras conocerlo, superan con creces, su primer trabajo. Salvador en este libro, con toda la influencia de los consagrados posmodernos (ya decía yo que se parecía a Foster Wallace con su paliacate) se notan en la iconoclasia de lo contado, vale decir que la escritura discurre de una forma, más que amena, profesional y muy bien estructurada, es de esas cosas que nos hacen ver por la cerradura, cuál chismosos, el entramado de una historia de la que somos participes y de la que no sabemos, cómo inició e incluso cómo terminó. Salvador no recurre al morbo, recurre al lenguaje, a las imágenes hechas palabras para dejar un algo. Nos toca a los lectores saber qué es ese algo. Los relatos son crudos sin caer en la sobre explotación de recursos pueriles y corrientes como le pasa a los escritores de moda y sí publicados por grandes editoriales (esto es oro para editoriales que quieren conectar con la cotidianidad y el realismo posmoderno) Salvador hace aquí historias donde el narrador encuentra una voz en esa voz escondida en lo que lo woke nos ha obligado a callar, pero no es controversial, muestra las cosas con una crudeza infinita, como aquella broma infinita que sé que tanto le gusta, sin llegar a ser morboso o abusivo en recursos victimistas ya gastados. Aquí, esos recursos del victimismo se vuelven cotidianos, tan cotidianos que se vuelven justos, la derrota, la discapacidad, la incapacidad, la soledad, la depresión aquí no tienen ese culmine que reclama auxilio asistencial de las buenas costumbres sino que se toman tal cual son y que construyen un relato muy bien construido de lo que debe ser la condición del ser humano.
Es complicadísimo ser políticamente correcto en tiempos de censura y aún así Salvador lo logra, es evidente el humor negro, la sátira, la crítica social y la expresión natural en estás letras, sin embargo me temo que en la actualidad estos relatos pueden ser tomados fuera de contexto y usarse en detrimento para justificar rabietas quejumbrosas sin entender lo que la ironía, el surrealismo o el posmodernismo intentan plasmar.
Lo conozco, lo considero mi amigo y ojalá que no tenga que hacer lo que hizo la madre de Kennet Toole para que lo publicarán y lo entendieran, veo esos trazos en Salvador, pero con una voz propia y que además tiene una fuerza partícular. Sin embargo no se queda solo en eso, también hay, en la ridiculización de la vida cotidiana, un intento por hacer una crítica de la sociedad a manera de caricatura sabiendo que la sociedad misma en su devenir parece ser una caricatura.
La estructura de los cuentos además tiene una perfección lingüística que me gustaría alcanzar (envidio está escritura sic, sic,)
Enhorabuena mi amigo, quizá tu texto sea incomprendido en tiempos de oscurantismo woke o discursos ultra progresistas porque no es lo que vende, pero es lo que está bien hecho.
Pd. Este libro no le falta al respeto a nadie, no es vulgar, no es simplón, no es conservador, no es tendencioso. Nada de eso.
Es lo que es y está bien chingon.
Felicidades carnal.
Un día, Salvador me lo trajo al aeropuerto de CDMX. Tarde en leerlo pero tengo las fotos.