04/09/2026
COINCIDENCIAS
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La transformación de dos lápices
Por Omar Reyes
Hay acciones que explican mejor la visión de un político que cualquier discurso, y la entrega de útiles escolares realizada por el diputado local de Morena, Claudio de Leija Hinojosa, en una primaria de Ciudad Madero, dejó una de ellas.
El legislador apareció frente a estudiantes en el arranque del nuevo ciclo escolar, para entregarles un apoyo que consistía en dos lápices, una aportación que probablemente habría pasado inadvertida si no fuera porque el propio equipo del diputado decidió grabarla, publicarla y presentarla como una muestra del trabajo que realiza en favor de las familias de su distrito.
Hasta ahí podría parecer solamente otro acto de asistencia social, el problema es la proporción.
Claudio de Leija recibe más de 70 mil pesos mensuales entre dieta y compensaciones como integrante del Congreso de Tamaulipas, cuenta con asesores, oficina, recursos públicos y una posición desde la que puede presentar iniciativas, gestionar presupuesto y exigir soluciones para las escuelas de Ciudad Madero.
Y entre todas esas posibilidades eligió presumir dos míseros lápices.
Cualquier padre de familia sabe que al comenzar el ciclo escolar hasta el gasto más pequeño termina acumulándose, pero una cosa es entregar útiles con discreción y otra muy distinta convertir dos lápizes en propaganda para intentar convencer a los ciudadanos de que eso representa el trabajo de un diputado.
Porque De Leija pudo gestionar computadoras, equipos de aire acondicionado, impermeabilización, baños dignos, pintura o paquetes completos de material escolar, y si no contaba con recursos para hacerlo, también pudo utilizar la tribuna para explicar cuáles son las necesidades del plantel y qué instituciones tienen la obligación de resolverlas.
En cambio, llevó dos lápices y una cámara para presumir su tacaño buen corazón.
Y ahí aparece uno de los problemas más viejos de la política tamaulipeca, ése que Morena prometió eliminar cuando aseguró que no sería igual al PRI ni al PAN: utilizar la necesidad de la gente para tomar una fotografía, entregar apoyos pequeños como si fueran favores personales y presentar como generosidad aquello que apenas alcanza para montar una publicación en redes sociales.
El diputado no es un improvisado.
Claudio de Leija llegó por primera vez al Congreso de Tamaulipas hace más de dos décadas bajo las siglas del PRD, ha sido regidor, funcionario, operador electoral, aspirante a diferentes cargos y ahora ocupa nuevamente una curul, pero como integrante de Morena.
También ha buscado la alcaldía de Ciudad Madero y continúa apareciendo en las conversaciones políticas rumbo a 2027, así que la entrega de lápices no puede separarse completamente de su interés por mantenerse visible en el municipio.
Los políticos rara vez descubren su generosidad lejos de los procesos electorales.
A esa trayectoria se agrega un episodio que De Leija no ha conseguido borrar. En mayo de 2021, medios locales informaron que fue detenido por la posesión presuntamente ilegal de un arma de fuego y relacionaron el caso con la carpeta FED/TAM/TAM/0000884/2021, atribuida a la Fiscalía General de la República.
El asunto también fue mencionado durante una intervención partidista ante el Instituto Electoral de Tamaulipas, aunque no se localizó una sentencia pública que permita afirmar que el actual legislador fue declarado culpable.
Y esa precisión importa porque una publicación periodística o una carpeta de investigación no equivalen a una condena, pero políticamente el episodio existe, forma parte de su historial y reaparece cada vez que el diputado intenta construir una imagen pública basada en la cercanía, la gestión y el servicio.
De Leija también provocó cuestionamientos cuando propuso aplicar multas contra quienes desperdiciaran agua y pidió a los consejos de administración de las Comapas analizar un posible incremento en las tarifas.
Su postura fue que primero debía existir una campaña de concientización y después aplicar sanciones, algo que puede discutirse desde la necesidad de cuidar el agua, pero que también exhibe una diferencia interesante en la manera de repartir responsabilidades.
Para los ciudadanos que desperdician agua, multas; para los usuarios de las Comapas, la posibilidad de aumentar tarifas; para los alumnos de una primaria, dos lápices.
La política tiene esas coincidencias.
Cuando se trata de cobrar, sancionar o aumentar, los representantes encuentran argumentos, leyes y necesidades presupuestales; cuando se trata de entregar resultados, aparecen las fotografías, las buenas intenciones y los apoyos que difícilmente guardan proporción con el cargo que ocupan.
El verdadero cuestionamiento no debería concentrarse únicamente en el precio de los lápices, sino en lo que el diputado entiende como gestión pública.
Un legislador no fue electo para sustituir a una papelería ni para repartir objetos frente a una cámara. Su responsabilidad es aprobar presupuestos, vigilar el gasto, revisar cuentas públicas y construir leyes que permitan a las escuelas contar con materiales suficientes sin depender de la voluntad, el humor o las aspiraciones electorales de un político.
Pero legislar, fiscalizar y gestionar soluciones de fondo requiere trabajo, seguimiento y resultados que no siempre caben en un video corto.
Entregar dos lápices es más sencillo.
La escena tampoco es exclusiva de Claudio de Leija. Diputados de diferentes partidos han convertido durante años las despensas, los tinacos, los garrafones, las mochilas y los útiles escolares en una extensión de sus campañas personales, como si la pobreza fuera una oportunidad permanente para colocar su nombre y no un problema que deberían resolver desde las instituciones.
Morena criticó durante años esa práctica, pero algunos de sus representantes terminaron perfeccionándola.
Ahora llaman transformación a lo mismo que antes denunciaban como clientelismo, cambian los colores de las bolsas, colocan nuevas frases en las publicaciones y confían en que la ciudadanía no recuerde que los recursos, cargos y programas pertenecen al Estado, no a los partidos ni a quienes temporalmente ocupan una curul.
Claudio de Leija quiso mostrar cercanía con los estudiantes y terminó exhibiendo la pobreza de su propia gestión.
No porque dos lápices sean inútiles, sino porque después de más de 20 años de experiencia política, dos pasos por el Congreso y una nueva aspiración por gobernar Ciudad Madero, eso fue lo que decidió presentar como resultado.
Quizás uno de los alumnos pueda utilizar el primer lápiz para escribir el nombre del diputado.
El segundo podría servirle para borrarlo en 2027.