10/08/2026
EN LA DE LUIS ALEJANDRO SANTAMARÍA AMAYO; DIRECTOR GENERAL DE SEVCAT Y O&S, CONSULTORES
SI TE PREOCUPA, TE OCUPAS
Lo ocurrido hoy en Colombia, sumado a los eventos sísmicos que recientemente hemos observado en México y Venezuela, inevitablemente nos hace preguntarnos: ¿deberíamos estar preocupados?
Creo que la respuesta es sí, pero no en el sentido de vivir con miedo. Debemos preocuparnos lo suficiente para ocuparnos.
En México tenemos un dicho muy sencillo, pero profundamente cierto: “SI TE PREOCUPAS, TE OCUPAS”, y cuando hablamos de sismos, ocuparnos significa prepararnos antes de que la tierra vuelva a recordarnos que está en constante movimiento.
Lo primero que debemos entender y decirlo con absoluta claridad, es que los sismos NO SE PUEDEN PREDECIR. Actualmente no existe persona, institución, tecnología o método científico capaz de determinar con certeza el día, la hora, el lugar y la magnitud de un próximo terremoto, así lo establece el CENAPRED en México y lo señala también el Servicio Geológico de Estados Unidos.
Por eso debemos tener mucho cuidado con los mensajes que aparecen después de un terremoto: “ahora sigue México”, “se está activando todo el continente”, “viene uno más fuerte” o “estos movimientos están anunciando un gran sismo”, la coincidencia temporal de varios terremotos en diferentes países no constituye, por sí misma, evidencia científica de que uno esté anunciando al siguiente, mucho menos permite decir cuándo o dónde ocurrirá otro, incluso debemos entender la diferencia entre predicción y alerta sísmica. Una alerta no predice un terremoto: funciona cuando el sismo ya comenzó, es detectado por sensores y dependiendo de la distancia, puede proporcionar algunos segundos antes de que las ondas de mayor intensidad lleguen a determinadas poblaciones.
Entonces, si no podemos saber cuándo va a temblar, ¿qué podemos hacer?
Muchísimo, como sociedad tenemos que dejar de pensar que Protección Civil comienza cuando llegan las ambulancias, los bomberos o los rescatistas, Protección Civil empieza mucho antes: cuando una familia conoce las zonas seguras de su vivienda, cuando sabemos cómo cerrar el gas y cortar la energía eléctrica, cuando sujetamos un mueble que podría caer, cuando tenemos documentos importantes identificados, una lámpara, medicamentos indispensables y un pequeño equipo para emergencias; cuando conocemos nuestras rutas de evacuación y, sobre todo, cuando participamos seriamente en un simulacro. Un simulacro no es perder diez minutos de trabajo, es invertir diez minutos en aprender algo que algún día podría salvarnos la vida.
Y aquí también existe una enorme responsabilidad de las autoridades, no podemos controlar un sismo, pero sí podemos reducir muchas de sus consecuencias, las autoridades deben mantener actualizados sus Atlas de Riesgos, identificar zonas vulnerables, revisar hospitales, escuelas, mercados, edificios públicos y estructuras estratégicas; verificar el cumplimiento real de los reglamentos de construcción; fortalecer los sistemas de comunicación y alertamiento; capacitar permanentemente a los cuerpos de emergencia y realizar simulacros bajo escenarios verdaderamente exigentes.
CENAPRED señala precisamente que los reglamentos de construcción, la evaluación de los inmuebles, su reforzamiento y los ejercicios de preparación son herramientas fundamentales para disminuir el riesgo sísmico.
Pero también hay algo que considero fundamental: prepararnos para las personas más vulnerables, nuestros protocolos tienen que contemplar a niños, adultos mayores, personas con discapacidad, pacientes hospitalizados y personas que dependen de medicamentos, oxígeno, electricidad o asistencia para evacuar.
Después de tantos años trabajando alrededor de las emergencias y la Protección Civil, así como de haber sido parte de la estrategia operativa del sismo del 15 de junio de 1999 "EL SISMO DE TEHUACAN", algo tengo muy claro: el verdadero éxito no consiste solamente en responder bien después de un desastre; consiste en haber trabajado antes para que el desastre cause el menor daño posible.
Lo ocurrido hoy en Colombia debe movernos a la solidaridad con quienes están viviendo momentos difíciles, pero también debe servirnos para mirarnos a nosotros mismos.
No sabemos cuándo volverá a ocurrir un sismo importante en México, nadie lo sabe pero sí sabemos que vivimos en un país sísmicamente activo y que tendremos más sismos en el futuro.
Por eso, más que preguntarnos:
“¿Cuándo va a temblar?”
quizá deberíamos hacernos una pregunta mucho más útil:
“Si temblara hoy, ¿mi familia, mi empresa, mi escuela, mi hospital, mi comunidad y mi ciudad estamos realmente preparados?”
Porque el miedo no evita los desastres, los rumores tampoco, la información, la prevención, la organización y la preparación sí pueden reducir sus consecuencias.
Y vuelvo al principio:
Si te preocupa, te ocupas.
Los sismos no se predicen, los riesgos se conocen, se previenen y se gestionan.
Fuentes:
Es cuanto !
Oys Consultores
Sevcat