08/06/2026
📰 **LA VOZ DE NAYARIT | COLUMNA EDITORIAL**
El espejismo del salario: La erosión silenciosa del poder adquisitivo
Por Juan Marcos Trujillo Nava
En los discursos oficiales, las cifras macroeconómicas suelen pintarse con brocha de optimismo. Escuchamos constantemente sobre los incrementos históricos al salario mínimo y la fortaleza de nuestra moneda frente al dólar. Sin embargo, hay un termómetro económico mucho más exacto que las gráficas de las dependencias gubernamentales: el mostrador de las tiendas de abarrotes. Al hacer un análisis comparativo y cruzar la frontera de los discursos para aterrizar en la realidad de la calle, nos topamos con un panorama preocupante: el trabajador mexicano tiene hoy más billetes en la cartera, pero es irónicamente más pobre.
Si hacemos el ejercicio de mirar en retrospectiva, digamos una década atrás, la matemática no miente. El incremento porcentual del salario en México ha sido pulverizado sistemáticamente por una inflación subyacente que ataca donde más duele: la canasta básica. El verdadero poder adquisitivo no se mide en cuántos pesos se ganan al día, sino en cuántos kilos de tortilla, casilleros de huevo o litros de leche se pueden llevar a la mesa con esa misma jornada laboral. Y en esa carrera, el trabajador está perdiendo por goleada.
El impacto en la actualidad es visible y doloroso. Basta con observar la dinámica en cualquier miscelánea de nuestras colonias. El sistema del "sobre diario" —esa herramienta clásica de administración que utilizan tanto las familias para sus gastos como los pequeños comercios para calcular sus costos operativos y de luz— se estira cada vez más hasta romperse. El consumidor ha tenido que abandonar la compra de despensas semanales para transitar a una economía de supervivencia fraccionada: se compra el cuarto de aceite, el medio kilo de frijol, las piezas de huevo contadas para el desayuno de hoy.
Esta pérdida de poder adquisitivo genera una reacción en cadena. Cuando el salario apenas alcanza para malcomer, se recorta el gasto en rubros fundamentales como la salud preventiva, la educación, el esparcimiento y, por supuesto, el mantenimiento de los hogares. El trabajador se endeuda con tarjetas de crédito o préstamos informales no para comprar lujos, sino para cubrir necesidades básicas, hipotecando su futuro inmediato.
Ante esta erosión silenciosa, ¿qué alternativas reales existen? La solución no pasa únicamente por decretar aumentos salariales por decreto, pues sin respaldo productivo, esto solo genera más inflación.
Fomento a la economía circular local:
A nivel micro, necesitamos fortalecer las cadenas de suministro locales. Comprar en la tienda del barrio, apoyar al agricultor nayarita y consumir lo producido en la región evita que la riqueza se fugue en intermediarios y costos de transporte logístico.
Apostar por la capacitación y tecnificación: A mediano plazo, el trabajador debe encontrar vías para elevar su nivel de especialización. Los oficios técnicos bien remunerados, como la reparación de nuevas tecnologías de movilidad o sistemas electrónicos, ofrecen un margen de ganancia mucho más resistente a la inflación que los empleos no calificados.
Incentivos reales a las MiPyMEs: El gobierno debe dejar de ver al pequeño comerciante y emprendedor como una simple caja recaudadora. Se requieren estímulos fiscales reales, subsidios en tarifas de energía eléctrica comercial y facilidades para la formalización que permitan a los negocios locales generar empleos mejor pagados.
La narrativa de la prosperidad debe dejar de medirse en las pizarras de la bolsa de valores para empezar a medirse en la mesa de las familias. Hasta que el salario no recupere su capacidad de generar ahorro y dignidad, el aumento en los recibos de nómina seguirá siendo, lamentablemente, un simple espejismo.