10/05/2026
Generar enemistades solo porque nuestros hijos juegan en clubes diferentes no tiene sentido y va en contra de los verdaderos valores del deporte.
El fútbol debería ser un espacio para compartir, aprender y disfrutar, no una razón para dividir amistades o crear rivalidades entre familias.
Muchas veces, los adultos convierten la competencia en algo personal, comparando procesos, criticando decisiones o viendo a otros niños y padres como “rivales”. Sin darse cuenta, transmiten a los hijos actitudes negativas que afectan el ambiente y la convivencia dentro y fuera de la cancha.
Cada niño tiene su propio camino y cada familia toma decisiones buscando lo mejor para sus hijos. Estar en clubes distintos no debería cambiar el respeto, la amistad ni la capacidad de apoyar el crecimiento de todos los niños.
El fútbol formativo necesita más unión y menos conflictos entre adultos.
Porque al final, los niños aprenden más de nuestro comportamiento que de cualquier discurso y el mejor ejemplo que podemos darles es competir con respeto, madurez y buena convivencia. ⚽🤝
Prof. Jaime Reyes