10/08/2026
|Los aspirantes de Morena a coordinar las mesas de trabajo rumbo a la definición de la candidatura por la gubernatura de Baja California viajaron a la Ciudad de México, donde expusieron sus posiciones y recibieron un mensaje que parece haber quedado claro: la unidad será indispensable para llegar fortalecidos a la elección de 2027.
Pero una cosa es hablar de unidad frente a la dirigencia nacional y otra muy distinta es regresar a Baja California y comenzar a mover las piezas del tablero. Después de aquella reunión comenzaron a observarse movimientos políticos que permiten identificar con mayor claridad las estrategias de algunos de los perfiles que buscan mantenerse dentro de la conversación por la gubernatura.
Entre ellos destacan, particularmente, dos mujeres: Julieta Ramírez y Evangelina Moreno.
No porque sean las únicas aspirantes ni porque la disputa esté reducida a ellas. Hay también hombres que forman parte de la contienda interna y que mantienen abiertas sus posibilidades. Pero en este momento, los movimientos de estas dos mujeres merecen una lectura particular por los encuentros que han sostenido y por los mensajes políticos que están enviando.
Dos mujeres. Dos estrategias. Y una misma batalla: demostrar quién tiene mayor capacidad para construir unidad dentro de Morena en Baja California.
El primer movimiento que sorprendió fue el de Julieta Ramírez, quien acudió a las oficinas de Jaime Bonilla para reunirse con el exgobernador.
Y aquí conviene hacer una lectura diferente a la que algunos pretenden vender: no parece una gran jugada política; parece una decisión desesperada.
La fotografía puede intentar proyectar a una Julieta capaz de dialogar con todas las corrientes, de construir puentes y de buscar la unidad de Morena en Baja California. Pero existe una lectura mucho más dura: “ya no me queda ninguna carta y tengo que jugar la última”.
Porque acudir precisamente con Jaime Bonilla, una figura que durante años ha representado una corriente enfrentada políticamente con el grupo de Marina del Pilar, difícilmente puede pasar desapercibido.
Y aquí está el punto central.
Julieta Ramírez llega a esta disputa cargando el peso de su cercanía política con Marina del Pilar. Esa cercanía no es un asunto menor ni algo que pueda desaparecer con una fotografía. Forma parte de su trayectoria política y, por lo mismo, también forma parte del desgaste que enfrenta en este momento.
El problema para Julieta no es solamente su propia candidatura.
Es el contexto político que la rodea.
Mientras mayor es la crisis política alrededor de la gobernadora Marina del Pilar, mayor es también el costo político para quienes son identificados como parte de su círculo o de su proyecto. Y ahí es donde Julieta enfrenta uno de sus principales obstáculos: intentar construir una candidatura propia sin poder desprenderse completamente de la imagen política de quien ha sido uno de sus principales referentes.
Por eso, la reunión con Bonilla adquiere una dimensión distinta.
Puede generar la percepción de un distanciamiento. Puede mandar el mensaje de que Julieta está buscando construir su propio camino. Incluso puede intentar demostrar ante la dirigencia nacional que tiene capacidad para sentarse con actores de diferentes corrientes.
Pero una fotografía no significa una ruptura política.
Y mucho menos cuando existe una trayectoria política tan estrechamente vinculada.
La pregunta entonces resulta inevitable:
¿Julieta realmente está rompiendo con Marina del Pilar o necesita que el partido y la opinión pública crean que está tomando distancia?
Ahí está precisamente el desgaste.
Porque si Julieta continúa demasiado cerca de Marina, corre el riesgo de cargar con los costos políticos de la crisis que enfrenta la gobernadora. Pero si intenta alejarse demasiado, también tendrá que explicar por qué durante tantos años formó parte de ese mismo proyecto.
Es una posición complicada.
Y quizá por eso la reunión con Jaime Bonilla puede interpretarse como una carta de último recurso.
No necesariamente como una demostración de fortaleza, sino como el intento de recuperar margen político cuando otras puertas comienzan a cerrarse.
Mientras tanto, el caso de Evangelina Moreno tiene una diferencia fundamental que no debe perderse de vista.
Evangelina Moreno no pertenece ni ha pertenecido al grupo político de Marina del Pilar ni al de Jaime Bonilla.
Y precisamente esa característica puede convertirse en una de sus mayores fortalezas dentro de esta disputa.
Evangelina llega a este momento sin cargar con la etiqueta de haber formado parte de alguno de los dos grandes bloques políticos que durante años han protagonizado buena parte de las disputas internas de Morena en Baja California.
Eso le permite sentarse con unos y con otros sin que necesariamente tenga que responder por las decisiones políticas de ninguno.
Y eso, en una contienda donde la palabra unidad se ha convertido en una de las principales exigencias de la dirigencia nacional, puede tener un valor enorme.
Evangelina Moreno se reunió con Marina del Pilar en Tijuana para abordar la situación política de Baja California y la importancia de mantener la unidad.
El encuentro resulta especialmente interesante por los antecedentes.
Moreno fue la única diputada federal de Baja California que decidió no firmar el desplegado de respaldo relacionado con el retiro de la visa de la gobernadora. A partir de entonces se hizo evidente una distancia política que no podía pasar desapercibida.
Pero esa distancia no significa que Evangelina haya cerrado la puerta al diálogo.
Al contrario.
Evangelina no necesita pertenecer al grupo de Marina del Pilar para sentarse con ella.
Y tampoco necesita pertenecer al grupo de Jaime Bonilla para sentarse con él.
Esa puede ser precisamente su ventaja.
Evangelina ha mantenido una posición de cautela frente a los señalamientos que involucran a funcionarios y actores políticos. Su postura ha sido que no corresponde a los actores políticos determinar culpabilidades y que será la justicia la que establezca qué es verdad y qué no.
Por eso, después de ese distanciamiento, que Marina del Pilar y Evangelina Moreno se sienten a hablar sobre el escenario político de Baja California y la necesidad de mantener la unidad tiene una lectura importante.
No necesariamente significa un regreso a un grupo político.
Porque Evangelina nunca estuvo ahí.
Puede significar algo mucho más estratégico:
Evangelina está construyendo su propio espacio.
Y después vino el siguiente movimiento.
Evangelina Moreno también se reunió con Jaime Bonilla.
Aquí está precisamente la diferencia.
Mientras Julieta necesita demostrar que puede acercarse a un adversario político del grupo con el que ha estado vinculada, Evangelina puede hacerlo desde una posición distinta: sin cargar con la pertenencia previa a ninguno de los dos grupos.
Eso cambia la lectura.
Evangelina puede hablar con Marina.
Puede hablar con Bonilla.
Y puede hacerlo sin que necesariamente tenga que explicar un cambio de bando.
Porque nunca fue de uno ni del otro.
Y si realmente se pretende construir una candidatura de unidad, esa independencia puede convertirse en un activo político.
La unidad no significa estar de acuerdo con todos.
Significa tener la capacidad de sentarse con quienes piensan diferente y construir acuerdos sin perder la identidad propia.
Y aquí aparece el contraste entre ambas mujeres.
Julieta necesita demostrar que puede desprenderse del desgaste de Marina del Pilar.
Evangelina necesita demostrar que puede aprovechar su independencia para construir puentes.
Una llega cargando una relación política que hoy puede representar un costo.
La otra llega sin la obligación de defender a ninguno de los grupos que durante años han protagonizado la disputa interna.
Eso no significa que Evangelina tenga asegurada ninguna candidatura.
Tampoco significa que su camino esté libre de obstáculos.
Pero sí significa que su posición política puede resultar atractiva para quienes dentro de Morena estén buscando una figura capaz de generar consensos sin representar directamente a una de las corrientes enfrentadas.
Y ahí está quizá la verdadera fortaleza de Evangelina Moreno.
No necesita romper con Marina del Pilar porque nunca perteneció a su grupo.
No necesita romper con Jaime Bonilla porque tampoco perteneció al suyo.
Puede hablar con ambos.
Y en una contienda donde todos hablan de unidad, esa independencia puede convertirse en una carta política mucho más importante de lo que algunos están calculando.
Mientras tanto, Julieta enfrenta una situación diferente.
Su problema no es solamente construir una candidatura.
Es desprenderse del desgaste político de Marina del Pilar sin que ese desprendimiento parezca una maniobra de conveniencia electoral.
Y ahí es donde la reunión con Bonilla puede convertirse en un arma de doble filo.
Si buscaba demostrar fortaleza, algunos pueden verla como desesperación.
Si buscaba demostrar independencia, otros pueden preguntarse por qué esa independencia aparece precisamente ahora.
Y si buscaba enviar un mensaje a la dirigencia nacional, habrá que esperar si ese mensaje realmente funciona.
Porque en política, una fotografía puede abrir una puerta.
Pero también puede revelar cuántas puertas permanecían cerradas.
La disputa por la gubernatura de Baja California todavía está abierta. No se reduce a Julieta Ramírez y Evangelina Moreno, y existen otros perfiles, hombres y mujeres, que forman parte del tablero.
Pero los movimientos de estas dos mujeres permiten observar dos caminos completamente distintos.
Julieta intenta escapar del desgaste que representa su cercanía con Marina del Pilar.
Evangelina intenta convertir su independencia de los grupos de Marina y Bonilla en una ventaja para construir unidad.
Una necesita explicar su pasado político.
La otra puede intentar utilizar precisamente la ausencia de ese pasado para construir su futuro.
Y quizá por eso la verdadera batalla no sea solamente por quién logra posicionarse como candidata.
La verdadera batalla será por convencer a la dirigencia nacional de quién puede llegar a 2027 con la capacidad de unir a Morena y no cargar con las divisiones del pasado.
Porque la candidatura puede ganarse dentro del partido.
Pero la gubernatura se gana después.
Y para eso se necesita algo que ninguna fotografía puede garantizar:
un partido unido.
Por ahora, dos mujeres están moviendo sus piezas.
Julieta Ramírez y Evangelina Moreno.
Dos perfiles distintos.
Dos estrategias diferentes.
Una cargando con el desgaste de una relación política que hoy puede convertirse en un lastre.
La otra intentando convertir su independencia de los grupos políticos en una fortaleza.
Y una misma disputa:
la gubernatura de Baja California y la batalla por la unidad de Morena.